Moody´s ratifica la nota máxima de Uruguay, pero alerta desafío fiscales y deuda externa
Uruguay volvió a recibir un espaldarazo internacional en materia de confianza financiera. La agencia calificadora de riesgo Moody’s Investors Service mantuvo la calificación soberana del país en Baa1 con perspectiva estable, el nivel más alto que ha alcanzado en su historia dentro de esta evaluación. La decisión ratifica que el país se mantiene dos escalones por encima del mínimo exigido para conservar el grado inversor, condición que permite a Uruguay acceder a financiamiento en mejores condiciones y fortalecer su credibilidad en los mercados internacionales.
Según Moody’s, la posición de Uruguay se apoya en pilares sólidos: instituciones democráticas y transparentes, un marco de políticas económicas predecible, estabilidad social y política, crecimiento económico sostenido, flujo constante de inversión extranjera directa (IED), reservas fiscales significativas y un manejo prudente de sus activos y pasivos. Este conjunto de factores le ha permitido al país mantener su atractivo para los inversionistas incluso en momentos de incertidumbre global.
FORTALEZAS Y RIESGOS EN EL ESCENARIO URUGUAYO
Si bien la evaluación es positiva, Moody’s advierte que persisten ciertos desafíos que podrían frenar mejoras adicionales en la nota. Entre ellos, menciona rigideces estructurales en el gasto público, lo que significa que gran parte del presupuesto estatal está comprometido de forma permanente en áreas como salarios, pasividades y transferencias, reduciendo el margen de maniobra fiscal.
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Otro punto observado es la alta proporción de deuda pública en moneda extranjera, que, si bien ha venido disminuyendo, todavía expone al país a riesgos cambiarios. Asimismo, el nivel moderado de deuda pública, aunque manejable, requiere de disciplina fiscal para evitar que crezca por encima de lo sostenible.
QUÉ PODRÍA IMPULSAR UNA MEJORA EN LA CALIFICACIÓN
La calificadora deja claro que la puerta a una mejora del rating sigue abierta, pero condicionada a avances concretos. Por ejemplo, reformas estructurales y fiscales que permitan reducir de forma significativa la deuda y la carga de intereses.
Un segundo escenario favorable sería que la economía uruguaya logre acelerar su crecimiento más allá de lo previsto y sostenerlo en el tiempo. Esto podría darse si se materializa un mayor flujo de inversión privada que diversifique la matriz productiva y fortalezca la resiliencia frente a shocks externos, como variaciones en los precios internacionales de materias primas o cambios en la demanda global.
FACTORES QUE PODRÍAN PRESIONAR A LA BAJA LA NOTA
En el lado opuesto, Moody’s advierte que la calificación podría deteriorarse si se desmantelan o debilitan los marcos de política fiscal y monetaria, lo que generaría presiones sobre las cuentas públicas y aumentaría la carga de deuda.
También menciona como riesgo la posibilidad de que Uruguay retorne a tasas de crecimiento bajas de manera persistente. En ese contexto, la reducción de ingresos fiscales y la dificultad para recortar gastos podrían comprometer la estabilidad financiera.
Para 2025, la calificadora proyecta que el Producto Interno Bruto (PIB) de Uruguay crecerá un 2,8%, por debajo del 3,1% estimado para 2024. Esta moderación responde, en parte, a un entorno internacional más desafiante y a la necesidad de ajustar la economía a niveles de inflación más bajos.
En cuanto a la política monetaria, el Banco Central del Uruguay (BCU) redujo en julio su tasa de referencia al 9%, apoyado en una tendencia descendente de la inflación. En ese mes, el índice de precios al consumo se ubicó en 4,5%, dentro del rango meta y con expectativas moderadas al 5%.
El gobierno revisó recientemente su proyección de déficit fiscal para 2025, elevándola del 3% al 4,1% del PIB. Según el análisis, este cambio responde principalmente a pagos extraordinarios y a menores ingresos derivados de la desinflación, ya que la indexación de ciertos impuestos y tarifas se modera cuando los precios crecen más lentamente.
Para 2026, Moody’s anticipa que el déficit se reducirá al 3,3% del PIB gracias a una adaptación del gasto público al nuevo escenario inflacionario. Este ajuste provendría de una menor indexación de salarios y, por ende, de una reducción de la masa salarial del sector público.
Uno de los mensajes centrales del informe es que, si se cumplen las proyecciones fiscales, la carga de la deuda pública podría estabilizarse en torno al 65% del PIB en los próximos dos a tres años. Este nivel, aunque superior al de otros países con la misma nota, se considera manejable siempre que se mantenga el acceso fluido a los mercados y no se alteren las condiciones macroeconómicas.
En el plano regional, Uruguay sigue destacando como uno de los países con mejor calificación de riesgo soberano, superado solo por Chile. Esta posición le otorga una ventaja competitiva en la atracción de capitales y en la colocación de deuda en términos favorables.
EL RETO DE LA SOSTENIBILIDAD FISCAL
El principal desafío para Uruguay en los próximos años será lograr un equilibrio entre la inversión en áreas estratégicas —como infraestructura, educación y transición energética— y la disciplina fiscal necesaria para mantener la confianza de los mercados.
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Las reformas que aumenten la eficiencia del gasto, reduzcan la dependencia de la deuda en moneda extranjera y fortalezcan la base productiva serán clave para que el país pueda aspirar a una mejora adicional en su calificación y, sobre todo, para blindar su estabilidad frente a ciclos económicos adversos.
En definitiva, la ratificación de la nota Baa1 por parte de Moody’s es una señal positiva de que Uruguay está en el camino correcto, pero también un recordatorio de que la estabilidad no es un punto de llegada, sino un objetivo que requiere mantenimiento y ajustes constantes.


