La industria uruguaya crece con fuerza pero el empleo no reacciona
La industria manufacturera en Uruguay continúa marcando un desempeño destacado durante 2025. En mayo, el sector mostró señales claras de consolidación, especialmente impulsado por algunas ramas estratégicas como la refinación de petróleo, la industria automotriz y la producción de celulosa. Sin embargo, la otra cara del fenómeno industrial es la persistente debilidad del mercado laboral, que sigue sin acompañar este dinamismo con mejoras proporcionales en el empleo.
Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE), todos los principales indicadores de producción industrial registraron aumentos interanuales en mayo de 2025. El índice de volumen físico de la industria manufacturera subió un 3,1%, mientras que, si se excluye el efecto de la refinería, el crecimiento se modera al 0,6%. Por su parte, el denominado núcleo industrial, que agrupa a sectores clave por su relevancia estructural y continuidad en el tiempo, avanzó un 1,4% en comparación con mayo de 2024.
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Estos datos confirman una tendencia positiva sostenida del sector desde el segundo semestre de 2024, reflejo de una combinación de factores: una mejor coyuntura regional, el impulso de las exportaciones y la capacidad del sector para adaptarse a un entorno de costos volátil.
Ramas líderes: del petróleo al papel
Detrás de los buenos números industriales se encuentran algunas ramas específicas que marcan la diferencia. La refinación de petróleo fue la locomotora del crecimiento, con un salto del 71% interanual, aportando por sí sola 2,46 puntos porcentuales al índice general. Este impulso se relaciona con una mayor actividad en la planta de ANCAP y una mejora en la disponibilidad de insumos importados.
Otro sector que traccionó con fuerza fue el de vehículos automotores, remolques y semirremolques, que experimentó una variación positiva del 50,5%. Este crecimiento responde tanto a la recuperación de la demanda interna como al fortalecimiento de mercados de exportación, en especial hacia Brasil.
También se destacó la industria de celulosa y papel, con una suba del 9,06%, beneficiada por el buen funcionamiento de las plantas de UPM y Montes del Plata, así como por un mercado internacional favorable en términos de precios.
Sectores en caída: alimentos y bebidas con retroceso
Sin embargo, no todos los rubros industriales vivieron un buen mayo. La industria alimentaria mostró retrocesos importantes, con caídas en rubros tradicionales como la producción de arroz y aceites derivados (-43,1%) y comidas preparadas (-7,6%).
Otro caso llamativo es el de las bebidas no alcohólicas, que bajaron 27,8% en términos interanuales. Este tipo de retroceso se asocia al menor consumo interno en un contexto de retracción del poder adquisitivo, así como a un descenso en las exportaciones hacia los países vecinos.
Estos descensos neutralizaron parcialmente el efecto positivo de las ramas líderes, mostrando que la recuperación industrial no ha sido homogénea y que existen sectores aún en crisis o estancamiento.
Balance acumulado: crecimiento sólido frente a la región
A pesar de las diferencias entre ramas, el panorama general del primer semestre es alentador. En los primeros cinco meses de 2025, la industria manufacturera uruguaya acumula un crecimiento del 7,4%, un resultado que la coloca muy por encima del promedio regional.
Para tener una referencia, Argentina acumula un alza del 3,7% en el mismo período, mientras que Brasil apenas alcanza el 1,6%, lo que ubica a Uruguay como líder en desempeño industrial interanual en el Cono Sur. Aún más significativo es que, al comparar con el acumulado a mayo de 2019 (prepandemia), la industria nacional creció un 13,8%, consolidando una recuperación que parece cada vez más estructural y menos coyuntural.
El crecimiento de la actividad no se ha traducido en una mejora proporcional del empleo. El Índice de Personal Ocupado (IPO) descendió un 4,4% en comparación con mayo de 2019, y las horas trabajadas cayeron un 5,1% en el mismo lapso. Es decir, se produce más con menos mano de obra, lo que sugiere mejoras en productividad o, en el peor de los casos, un reemplazo parcial del trabajo humano por automatización o ajustes en las plantillas.
El índice de difusión del empleo industrial, que mide cuántas ramas aumentan su personal respecto al total, fue del 52,8%: 28 de 53 ramas mostraron un incremento, lo que indica un leve predominio de sectores que aumentan el empleo, aunque sin la fuerza necesaria para revertir la tendencia negativa global.
Aún más preocupante es el indicador de horas trabajadas, que solo creció en 18 ramas, dejando en evidencia una utilización parcial de la capacidad laboral existente.
¿Por qué no crece el empleo a pesar del aumento de la producción?
Existen varias razones estructurales que explican la desconexión entre actividad y empleo. Entre ellas, destacan:
Cambios tecnológicos: la adopción de tecnologías más eficientes en los procesos industriales permite mantener o aumentar la producción con menos trabajadores.
Externalización de servicios: algunas tareas que antes se realizaban dentro de las plantas ahora se tercerizan, lo que reduce el número de trabajadores registrados dentro de la industria.
Racionalización de plantillas: muchas empresas, tras la pandemia, reorganizaron sus estructuras para operar con menos personal y mejorar su rentabilidad.
Falta de mano de obra calificada: en algunos sectores técnicos o especializados, la escasez de perfiles adecuados también frena las contrataciones.
Este contexto plantea un desafío clave para las políticas públicas: cómo fomentar un modelo de desarrollo que no solo impulse la productividad industrial, sino que también genere empleo de calidad y con derechos.
Uruguay, mejor posicionado que sus vecinos
En el escenario latinoamericano, Uruguay sigue destacándose por su consistencia macroeconómica y su estabilidad regulatoria, lo que favorece la inversión y el desarrollo industrial. Aunque Argentina mostró un crecimiento industrial interanual acumulado del 6,5%, sus vaivenes macroeconómicos y políticos dificultan la continuidad. Brasil, por su parte, se mantiene en niveles muy bajos de expansión, con apenas un 1,6% acumulado en el año.
En contraste, Estados Unidos creció un 0,6% en mayo, y su acumulado anual alcanza el 1,2%. Esto ubica a Uruguay no solo como un líder regional, sino como un país con resultados destacados a nivel global, si se tiene en cuenta su tamaño relativo y su contexto geopolítico.
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La industria uruguaya atraviesa una etapa de expansión sostenida, con ramas líderes que impulsan el índice general y posicionan al país como referente regional en producción manufacturera. No obstante, el desafío pendiente es lograr que este crecimiento se refleje también en el mercado laboral.
Mientras la automatización y la eficiencia aumentan la producción, el empleo sigue sin recuperarse plenamente, lo que plantea interrogantes sobre el tipo de desarrollo que se está consolidando. ¿Puede haber crecimiento sin inclusión laboral? ¿Qué políticas se necesitan para garantizar que el progreso tecnológico no deje a los trabajadores atrás?
Responder a estas preguntas será clave para transformar el impulso actual en un crecimiento más equitativo y sostenible.

