El crecimiento de la economía uruguaya en 2025 será del 2,3 por ciento
El Banco Mundial ha revisado a la baja sus previsiones económicas para 2025, proyectando un crecimiento moderado del 2,3% para Uruguay. Este dato se enmarca en un contexto global de desaceleración y aumento del proteccionismo comercial, que amenaza con debilitar aún más las perspectivas de América Latina y otras regiones emergentes.
Según el último informe del organismo multilateral, la economía global crecerá también un 2,3% en 2025, cifra que representa una corrección de 0,4 puntos porcentuales respecto a lo previsto a comienzos de año. En el caso de América Latina y el Caribe, el ajuste es de 0,2 puntos, lo que deja en evidencia los desafíos regionales que inciden sobre las proyecciones económicas.
Uruguay frente a un escenario externo volátil
Para Uruguay, el Banco Mundial proyecta un crecimiento del 2,3% durante el próximo año. Aunque se trata de una cifra modesta, representa una cierta estabilidad en medio de un panorama internacional incierto. El país sudamericano, con una economía fuertemente vinculada al comercio exterior, depende en gran medida de la evolución de sus principales socios comerciales, como China y Brasil.
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Además, la debilidad de los precios de las materias primas y el endurecimiento de las condiciones financieras globales podrían limitar aún más el impulso económico de Uruguay. A esto se suma el impacto indirecto del aumento de barreras comerciales, especialmente provenientes de Estados Unidos, que afectan el flujo de bienes en toda la región.
En este contexto, la consolidación fiscal, el mantenimiento de una inflación contenida y la atracción de inversiones extranjeras directas seguirán siendo elementos claves para sostener el crecimiento en Uruguay.
El lento pulso de la economía mundial
El informe del Banco Mundial advierte que el dinamismo económico global se encuentra en niveles históricamente bajos. De hecho, si las previsiones se mantienen, la década de 2020 se convertiría en la de menor crecimiento promedio desde los años 60.
El economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, alertó que, aunque a finales de 2023 se vislumbraba un “aterrizaje suave” para la economía global, ahora se perciben señales de nuevas turbulencias. La falta de políticas eficaces para revertir esta tendencia podría afectar seriamente los niveles de vida en numerosos países.
Uno de los principales factores que explican esta desaceleración es la creciente fragmentación del comercio internacional. Las tensiones comerciales entre las grandes potencias, especialmente entre Estados Unidos y China, y el aumento de aranceles afectan negativamente la actividad productiva y el intercambio global de bienes y servicios.
La región en números: luces y sombras
El panorama en América Latina es variado, pero en términos generales, las cifras son modestas. Brasil, la economía más grande de la región, crecería un 2,4% en 2025, una desaceleración respecto al 3,4% estimado para 2024. Esta caída responde a un menor dinamismo del consumo privado y de la inversión.
México, por su parte, enfrentará un crecimiento muy limitado del 0,2% en 2025, principalmente por el impacto de nuevos aranceles estadounidenses que afectan productos fuera del acuerdo comercial T-MEC. El 80% de las exportaciones mexicanas se destinan al mercado estadounidense, y aproximadamente la mitad no cumplen con las normas de este tratado, lo que eleva los costos y genera incertidumbre.
Argentina aparece como una excepción positiva. Después de atravesar dos años de recesión, el país sudamericano muestra señales de recuperación con un crecimiento esperado del 5,5% en 2024 y del 4,5% en 2025. Según el Banco Mundial, esta mejora se deberá al repunte del sector agropecuario, la producción energética y minera, y a una estabilización macroeconómica acompañada por reformas estructurales y la eliminación de controles cambiarios.
Otros países de la región presentan cifras moderadas: Chile con un crecimiento estimado del 2,1%, Colombia con 2,5%, Perú con 2,9%, y Paraguay con 3,7%. En América Central, la situación es ligeramente más favorable, con países como Costa Rica, Panamá y Guatemala proyectando un crecimiento del 3,5%.
Uno de los principales desafíos para América Latina, según el Banco Mundial, será contener la inflación sin recurrir a medidas que frenen el crecimiento. En países como Brasil y Colombia, la inflación sigue cerca del límite superior de las metas fijadas por sus bancos centrales, lo que deja poco margen para flexibilizar las tasas de interés.
Las tasas altas, si bien ayudan a mantener los precios bajo control, tienden a desincentivar el consumo y la inversión, factores esenciales para la expansión económica. Por lo tanto, los países de la región deberán encontrar un equilibrio delicado entre estabilidad de precios y dinamismo económico.
Además, el informe alerta sobre varios riesgos que podrían empeorar las proyecciones actuales. Una desaceleración más marcada en Estados Unidos o China afectaría directamente a América Latina. También se menciona la posibilidad de una disminución en el flujo de remesas, especialmente en países de América Central y el Caribe, donde en algunos casos representan hasta el 20% del PIB.
La creciente volatilidad geopolítica, el endurecimiento de las condiciones financieras globales y los impactos del cambio climático también figuran como amenazas adicionales que podrían perturbar el crecimiento económico en la región.
Para el año 2026, el Banco Mundial estima que el crecimiento económico en América Latina se estabilizará en torno al 2,5%. Aunque esto podría interpretarse como una señal de recuperación, también refleja la persistencia de un crecimiento por debajo de los niveles necesarios para mejorar significativamente las condiciones de vida de las poblaciones.
En ese sentido, el organismo enfatiza la necesidad de reformas estructurales, una mejor gobernanza y políticas fiscales sostenibles. La transformación digital, la inversión en infraestructura verde y una mayor integración regional también aparecen como posibles catalizadores para un desarrollo más robusto.
Para Uruguay, la consolidación de su sistema institucional, su estabilidad democrática y su apertura a la inversión extranjera podrían jugar a favor en un escenario adverso. No obstante, la dependencia de factores externos como la demanda china, los precios de exportación de commodities y la situación regional obligan al país a mantener una política económica prudente y orientada a largo plazo.
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Las proyecciones del Banco Mundial dibujan un futuro económico de bajo crecimiento y alta incertidumbre tanto a nivel global como regional. Uruguay, si bien se mantiene relativamente estable con un crecimiento proyectado del 2,3% en 2025, deberá hacer frente a numerosos desafíos derivados del entorno internacional.
El país tiene fortalezas que le permiten navegar mejor que otros las aguas turbulentas de la economía global. Sin embargo, su tamaño, apertura comercial y dependencia de mercados externos hacen que su margen de maniobra sea limitado. La clave estará en fortalecer la resiliencia interna, diversificar la economía y mantener una visión de desarrollo sostenible que combine responsabilidad fiscal con inclusión social.


