Impacto del etiquetado frontal en México. A cinco años de la entrada en vigor del etiquetado frontal de advertencia nutricional en México, expertos en salud pública, derecho alimentario y representantes de la sociedad civil han coincidido en que esta política ha demostrado ser efectiva para mejorar las decisiones de compra de los consumidores, incentivar la reformulación de productos y contribuir significativamente a la prevención de Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT).
Sin embargo, durante el «Webinar Análisis a cinco años de implementación del etiquetado frontal en alimentos y bebidas», también se alertó sobre los desafíos persistentes. Estos incluyen la capacidad de adaptación de la industria y la imperante necesidad de fortalecer el blindaje legal de la norma frente a nuevas y sofisticadas estrategias comerciales. Participaron en el evento Alejandra Contreras, Investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP); Javier Zúñiga, Experto en derecho a la salud y nutrición; y Sofía Charvel, Académica del ITAM y referente en regulación alimentaria.
Impacto del etiquetado frontal en México
Los resultados de múltiples estudios, desarrollados por el Centro de Investigación en Nutrición y Salud del INSP, revelan una alta comprensión, aprobación y uso del etiquetado por parte de la población mexicana. Este impacto es particularmente notable en grupos vulnerables como adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, responsables del hogar, poblaciones indígenas y niños.
Desde la implementación de la política en octubre de 2020, la vigilancia del cumplimiento normativo ha sido activa por parte de la COFEPRIS y la PROFECO, resultando en el retiro de productos que no cumplen con los criterios de la NOM-051. Se ha documentado una reducción en la presencia de personajes infantiles en productos con sellos, aunque persisten vacíos legales que permiten su uso en alimentos reformulados o con un solo ingrediente.
En términos de reformulación, los estudios reportan reducciones sustanciales en calorías, azúcares añadidos y grasas saturadas. Por ejemplo, en la primera fase se observó una disminución de 2 gramos de azúcares añadidos por cada 100 ml en bebidas, y un incremento de productos libres de sellos del 25% al 33% del total en el mercado.
A nivel conductual, el uso del etiquetado aumentó del 52% al 79% en adultos y hasta el 85% entre padres y madres de familia. Los sellos más observados y utilizados en las decisiones de compra son los de calorías, grasas saturadas y azúcares añadidos. Asimismo, se han reportado cambios positivos en la dieta, incluyendo una reducción de hasta 140 kcal por día en el consumo, mayor ingesta de agua y menor consumo de refrescos, según datos de la ENSANUT y del International Food Policy Study.
Rol Crucial de la Sociedad Civil
Javier Zúñiga enfatizó la importancia de la interacción entre derecho y ciencia para la defensa del etiquetado frente a la oposición de la industria. Señaló que desde su aprobación, más de 160 amparos fueron promovidos por empresas alimentarias. Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió estos casos en abril de 2022 con fallos unánimes a favor de la política pública.
Esta resolución consolida el etiquetado como una herramienta fundamental que protege el derecho a la salud, la información y una alimentación adecuada. Zúñiga subrayó que estos fallos sientan precedentes obligatorios, blindando jurídicamente la norma y abriendo la puerta para fortalecer otros marcos regulatorios, como la publicidad dirigida a menores y la venta de productos ultraprocesados en entornos escolares. Destacó también el valor estratégico de los amicus curiae presentados por organizaciones científicas, académicas e internacionales como la OMS y UNICEF, que aportaron evidencia clave para la deliberación judicial.
Perspectiva Crítica y próximos pasos
Sofía Charvel ofreció una visión crítica. Si bien reconoció los logros del etiquetado como resultado de más de una década de incidencia técnica y legal, advirtió que la velocidad de respuesta del Estado sigue siendo insuficiente ante la magnitud del problema. «Seguimos con cifras alarmantes de obesidad y enfermedades crónicas. La regulación avanza, pero más lento que la industria», afirmó.
Charvel recordó que los primeros intentos de etiquetado datan de 2006 y que la actual política fue posible tras años de enfrentamientos con intereses comerciales. Subrayó la urgencia de implementar políticas complementarias, como el etiquetado fiscal y la restricción efectiva de la publicidad de alimentos ultraprocesados, especialmente en plataformas digitales.
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Respecto al futuro del etiquetado
Respecto al futuro del etiquetado, se enfatizó que en octubre de 2025 entrará en vigor la tercera fase de la NOM-051, que incorporará criterios más estrictos. Se estima que aumentará ligeramente el número de productos con sellos, especialmente por grasas saturadas y sodio, lo que podría detonar nuevas reformulaciones. Aunque la revisión quinquenal de la norma está prevista, los expertos alertaron sobre la posibilidad de que esta apertura sea utilizada por la industria para debilitar sus alcances, por lo que insistieron en la necesidad de una vigilancia técnica y jurídica permanente.
El foro dejó claro que el etiquetado frontal en México es una política basada en evidencia robusta, que ha logrado influir tanto en el comportamiento del consumidor como en la oferta de productos. No obstante, se evidenció la necesidad de profundizar en su implementación y ampliarla hacia otras áreas de política pública. Los especialistas coincidieron en que los próximos pasos deben incluir: actualizar la NOM-051 con base en nueva evidencia científica, fortalecer los criterios para reformulación y nuevos ingredientes, avanzar en la regulación de la publicidad y el entorno escolar, y garantizar una mayor coherencia entre las políticas fiscales, de salud pública y comerciales.
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Los especialistas concluyen que la continuidad y efectividad del etiquetado dependerán no solo del poder regulador del Estado, sino también del involucramiento constante de la sociedad civil, la academia y los consumidores, quienes tienen la capacidad de ejercer presión directa a través de sus decisiones de compra.


