El legado de José María Acevedo, cinco lecciones que transformaron la industria colombiana. Según publica Mall & Retail, la historia de José María Acevedo Alzate, fundador de Haceb, es más que un relato empresarial: es una lección de vida sobre la perseverancia, la innovación y el compromiso con el país. Su trayectoria que abarca más de un siglo de historia representa la esencia del emprendimiento colombiano y el poder de la educación continua, el propósito humano y la visión a largo plazo.
Nacido en Medellín en 1919, en un contexto de grandes dificultades sociales y económicas, José María creció en un entorno donde el trabajo duro era la única opción. Desde niño se destacó por su curiosidad y determinación: vendía naranjas y hacía mandados para ayudar a su familia, pero fue su fascinación por la electricidad lo que marcaría su destino. Observando a otros reparadores, aprendió los fundamentos del oficio y, con el tiempo, transformó ese conocimiento empírico en la semilla de una de las empresas industriales más importantes de Colombia: Haceb.
El pasado 27 de octubre de 2025, Colombia despidió a un empresario excepcional que, sin haber terminado la primaria, construyó una compañía presente en más de 25 países y que hoy es sinónimo de innovación, calidad y orgullo nacional. Pero más allá de los logros económicos, su historia deja cinco enseñanzas universales que trascienden la industria de los electrodomésticos y pueden inspirar a cualquier organización del sector retail, manufacturero o tecnológico.
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Aprender toda la vida: la educación como motor de progreso
Una de las frases más célebres de José María Acevedo resume su filosofía:
“Cuando uno no tiene la oportunidad de estudiar, queda condenado a estudiar toda la vida.”
Esta reflexión no solo define su historia personal, sino también la cultura empresarial que instauró en Haceb. Desde el taller eléctrico donde comenzó a trabajar a los 10 años hasta sus recorridos diarios por la planta de Copacabana en su emblemático Renault 4, Acevedo fue un aprendiz incansable.
Su enfoque en el aprendizaje continuo se convirtió en un pilar cultural de Haceb. La compañía fomentó la capacitación permanente de sus empleados, incentivó la innovación desde las líneas operativas y valoró el conocimiento técnico como un activo estratégico. En una era marcada por la transformación digital y los rápidos cambios tecnológicos, esta mentalidad de aprendizaje constante es esencial para mantener la competitividad.
En el sector retail, esta lección es particularmente valiosa: las empresas que priorizan la formación de su talento y la adaptabilidad frente a los cambios son las que logran sobrevivir y prosperar.
Convertir la necesidad en propósito: del desafío a la oportunidad
La historia de Haceb comenzó motivada por la necesidad. Tras la muerte de su padre, José María asumió la responsabilidad de sostener a su familia siendo apenas un adolescente. Sin dinero y con una educación incompleta, transformó su habilidad para reparar electrodomésticos en un negocio incipiente.
Lo que nació como una solución de supervivencia se convirtió con el tiempo en una empresa guiada por un propósito claro: mejorar la vida de las familias colombianas a través de productos confiables, duraderos y accesibles.
Esa visión trascendió el aspecto comercial. Acevedo no buscaba solo fabricar artefactos, sino crear bienestar. Su compromiso con la calidad y la funcionalidad lo llevó a construir una marca asociada con la confianza, el servicio y el progreso.
Hoy, en el contexto del retail moderno, las empresas más exitosas son aquellas que conectan su propósito con una necesidad real del consumidor. Cuando el negocio nace de un propósito y no solo del afán de lucro, se construyen lazos emocionales duraderos y una reputación que sobrevive a cualquier crisis.
Acevedo demostró que las compañías guiadas por valores humanos trascienden generaciones y se convierten en referentes sociales tanto como económicos.
Innovar desde lo local con visión global
Haceb es un ejemplo claro de cómo una idea local puede convertirse en un referente global sin perder su identidad. Desde sus modestos inicios como un taller en Medellín, la empresa evolucionó hacia una multinacional que hoy exporta a más de 25 países y mantiene altos estándares de calidad industrial.
José María Acevedo siempre creyó que desde Colombia era posible competir con los mejores del mundo. Apostó por la ingeniería nacional, por el desarrollo de tecnología propia y por la formación técnica de sus trabajadores. Esta confianza en el talento local impulsó una industria que, en su momento, muchos consideraban imposible de sostener en un país en desarrollo.
Su filosofía de innovación se basaba en tres principios:
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Mejorar lo existente, no copiar lo ajeno.
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Crear soluciones útiles adaptadas a las necesidades reales de las familias.
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Reinvertir en conocimiento para mantener la independencia tecnológica.
En el contexto actual del retail y la manufactura, su mensaje sigue siendo relevante: innovar no es importar ideas, sino transformar la realidad desde lo propio.
Las empresas que logran adaptar la innovación a su identidad local —sin perder la ambición global— se posicionan de forma sostenible, fortalecen sus cadenas productivas y aportan al desarrollo económico del país.
Liderar con humanidad: el valor de las personas
Don José María era conocido por su cercanía con los trabajadores. Aun cuando Haceb ya era una gran empresa, seguía recorriendo la planta, saludando a los empleados y conversando con ellos de forma sencilla. No delegaba la relación humana: la vivía en primera persona.
Su estilo de liderazgo se basaba en la empatía, el respeto y la comunicación directa. Para él, el éxito empresarial no dependía solo de las máquinas ni de los procesos, sino del compromiso y bienestar de las personas.
Bajo esa filosofía, Haceb construyó una cultura organizacional centrada en el ser humano, donde el bienestar laboral y la estabilidad se consideraban tan importantes como la rentabilidad.
Este enfoque de liderazgo humanista cobra especial relevancia en el sector retail, donde los equipos de venta y atención al cliente son la cara visible de la marca. El compromiso y la satisfacción del personal se reflejan directamente en la experiencia del consumidor.
Acevedo enseñó que liderar no es mandar, sino inspirar; que el respeto y la gratitud son más poderosos que el miedo o la jerarquía.
Construir con paciencia y visión de largo plazo
El éxito de Haceb no fue inmediato. José María Acevedo entendió que los grandes proyectos requieren tiempo, disciplina y constancia. A lo largo de décadas, consolidó una empresa sólida, con procesos estandarizados, cultura fuerte y un nombre asociado a la calidad.
En un mundo empresarial dominado por la inmediatez y los resultados trimestrales, su enfoque resulta contracultural pero sabio. Acevedo creía que los negocios verdaderamente sostenibles se construyen sobre valores firmes y estrategias de largo aliento.
Su visión lo llevó a priorizar la estabilidad sobre el crecimiento desmedido, la calidad sobre la cantidad y la reputación sobre las modas pasajeras.
En palabras de Leopoldo Vargas Brand, CEO de Mall & Retail,
“El legado de José María Acevedo va mucho más allá de los electrodomésticos Haceb. Representa una forma de entender la empresa como un proyecto de vida, un motor social y un espacio de aprendizaje colectivo.”
Esta visión de largo plazo no solo garantizó el éxito de Haceb, sino que dejó un modelo ejemplar para las nuevas generaciones de empresarios que buscan equilibrio entre la rentabilidad, la ética y la responsabilidad social.
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Un legado que trasciende generaciones
La vida de José María Acevedo es una metáfora del progreso colombiano: comenzar desde lo más humilde, aprender de los errores, crecer con esfuerzo y devolverle al país más de lo que se recibe.
Su historia demuestra que la educación constante, el propósito humano, la innovación con identidad, el liderazgo empático y la visión a largo plazo son los cimientos de las empresas que perduran.
En un mundo donde el retail, la tecnología y la industria cambian a una velocidad sin precedentes, recordar las enseñanzas de Don José María es recordar que el progreso no depende solo de la maquinaria o la digitalización, sino de las personas que construyen futuro con pasión, ética y sentido de comunidad.
Haceb no solo fabricó electrodomésticos: fabricó confianza, orgullo nacional y un modelo empresarial basado en los valores humanos.
Su legado seguirá inspirando a empresarios, emprendedores y ciudadanos que creen en la fuerza del trabajo honesto y en la posibilidad de transformar una idea sencilla en una obra que trasciende generaciones.


