La Anónima reafirma su liderazgo incorporando el triple impacto al negocio
La cadena argentina de supermercados La Anónima ha alcanzado un hito significativo al convertirse en la Empresa B certificada más grande del país. Esta acreditación, que reconoce a organizaciones comprometidas con estándares elevados de impacto social, ambiental y económico, representa mucho más que un sello: es la consolidación de un modelo de gestión que prioriza la sostenibilidad y el bienestar comunitario en cada decisión operativa.
Este avance no surge de manera repentina. La historia centenaria de La Anónima está marcada por una constante búsqueda de mejora y evolución. Desde hace años, la compañía trabaja en la integración de políticas responsables y sostenibles, pero fue en 2021 cuando decidió formalizar ese compromiso, incorporando los principios de triple impacto a su Estatuto Social. Esta decisión, sin duda estratégica, marca un antes y un después en la manera de concebir su negocio.
Para La Anónima, ser sustentable no es una moda ni una táctica comercial. Como bien señala su gerente general, Nicolás Braun, se trata de una forma de hacer negocios. El enfoque de triple impacto se ha incorporado en todos los niveles de la compañía: desde la alta dirección, a través del Comité de Sustentabilidad compuesto por las principales autoridades de la empresa, hasta los equipos operativos, que trabajan con planes de acción anuales orientados a generar mejoras concretas.
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Uno de los momentos clave del proceso de certificación fue, según Braun, el momento en que se presentó formalmente el proyecto de convertirse en Empresa B a los accionistas y al equipo directivo. El respaldo inmediato y entusiasta no solo demostró una alineación clara con los valores de la compañía, sino que también impulsó la ejecución del plan con convicción y determinación. Ese apoyo permitió avanzar con confianza en la evaluación de los estándares requeridos por B Lab, la entidad certificadora de Empresas B a nivel internacional.
CAMBIOS VISIBLES EN EL DÍA A DÍA
La transición hacia un modelo de gestión sostenible se traduce en transformaciones concretas que ya se hacen visibles en las 169 sucursales distribuidas en más de 89 localidades del país. En el plano ambiental, la implementación de un Sistema de Gestión Ambiental ha permitido dar pasos firmes hacia una operación más eficiente y responsable.
Entre las acciones más destacadas se encuentran el reciclaje y la correcta segregación de residuos, el control del consumo de agua mediante caudalímetros, el monitoreo y la reducción del uso energético, así como la optimización de los sistemas de refrigeración con equipamiento de mayor eficiencia. También se han sustituido luminarias tradicionales por tecnología LED, reduciendo significativamente la huella energética de las tiendas.
Además, se ha trabajado en estrategias para combatir el desperdicio de alimentos. El sistema de retiro anticipado de góndola permite identificar productos próximos a su fecha de vencimiento y canalizarlos para donación. En paralelo, se ha implementado una modalidad de comercialización con fuertes descuentos para estos productos, incentivando su compra y evitando el descarte innecesario.
En cuanto al impacto comunitario, La Anónima ha desplegado una serie de iniciativas que buscan potenciar el desarrollo local y regional. Esto incluye programas de apoyo a proveedores locales y pymes, acciones orientadas a la nutrición y educación, generación de empleo, promoción del reciclaje y campañas de concientización sobre el consumo responsable.
UNA ESTRATEGIA DE LARGO PLAZO
Convertirse en una Empresa B no implica alcanzar una meta y detenerse. Muy por el contrario, el modelo exige una mejora continua. La Anónima lo comprende como un proceso en evolución constante. En este sentido, el próximo gran desafío para la compañía es extender su compromiso de triple impacto más allá de sus propias operaciones, buscando transformar también a sus socios estratégicos.
La integración del enfoque sostenible en la cadena de valor será una de las claves de la etapa que sigue. La empresa ya está desarrollando estrategias para que sus proveedores puedan alinearse con estos estándares. La intención es que el ecosistema que rodea a La Anónima se fortalezca bajo los mismos principios de impacto positivo.
Al mismo tiempo, la compañía continúa trabajando en la incorporación de las oportunidades de mejora detectadas durante el proceso de certificación. Esto se traduce en ajustes y mejoras en los planes anuales de trabajo, y en la adopción de la nueva metodología propuesta por B Lab, que busca evaluar de manera más rigurosa el impacto real de las organizaciones.
Uno de los factores clave en este viraje estratégico ha sido el comportamiento de los consumidores. Las nuevas generaciones, más informadas y conscientes, han elevado sus expectativas respecto de las marcas y empresas que eligen. Hoy, no alcanza con ofrecer buen precio y calidad: los consumidores exigen transparencia, ética y compromiso.
La Anónima ha sabido leer este cambio cultural. En lugar de resistirse, lo ha incorporado a su ADN empresarial. La certificación como Empresa B no es solo un logro interno, sino una forma de dialogar con la sociedad, demostrar coherencia con sus valores y reforzar su posicionamiento en un mercado que evoluciona hacia modelos más responsables.
UNA EMPRESA CENTENARIA QUE SIGUE INNOVANDO
El caso de La Anónima resulta particularmente relevante porque demuestra que una compañía con más de 100 años de historia puede reinventarse, adaptarse y liderar procesos de cambio. Muchas veces se asocia a las grandes empresas con rigidez o resistencia a la transformación, pero este ejemplo desmiente esa idea y muestra que el compromiso con el futuro puede ser parte de la tradición.
Además, al ser la Empresa B más grande del país, La Anónima se convierte en un referente y, potencialmente, en una influencia para otras compañías del sector retail y más allá. Su experiencia puede servir como modelo para aquellas organizaciones que quieren integrar el impacto positivo en su operación, pero aún no han dado el primer paso.
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El camino de La Anónima hacia la certificación como Empresa B refleja una evolución empresarial que trasciende lo ambiental. Implica una visión holística del negocio donde el propósito y la rentabilidad no son conceptos opuestos, sino que se complementan. Al integrar el triple impacto como principio rector, la empresa apuesta por un futuro más justo, sostenible y consciente.
Este proceso no solo beneficia al entorno y a la comunidad, sino que también fortalece a la propia empresa, que se posiciona como un actor relevante en la construcción de un modelo económico más inclusivo. La Anónima demuestra que el verdadero liderazgo hoy no pasa solo por el tamaño o la facturación, sino por el compromiso con la transformación social y ambiental.

