Por Ignacio Vicuña
Llamamos Strip Centers a centros comerciales pequeños, ubicados preferentemente en esquinas muy transitadas de barrios comerciales o residenciales con densidad, que se caracterizan por llevar comercio de «conveniencia» más cerca de los clientes.
Hasta ahí, parece un negocio muy rentable y seguro, siempre que se mantenga un porcentaje importante de los arriendos sin vacancia. Construir uno o dos pisos en forma de «L», con un pasillo perimetral mínimo, estacionamientos. Ojalá con una farmacia en la esquina principal, un minimarket y un banco también. En el segundo piso, un gimnasio u otro servicio de destino, y el resto de los locales pueden ofrecer cualquier otra propuesta comercial. Cuando el terreno es más grande, se suma una sala de supermercado de formato pequeño. Una estructura metálica económica y revestimientos sencillos aseguran que la inversión esté lo suficientemente ajustada para apalancar la compra de un terreno caro (ubicación).
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Este modelo todavía puede tener vigencia en muchas ciudades, pero sabemos que en otras ya está agotado. ¿Por qué?
La industria madura, la competencia se estrecha y surgen formas más complejas de cautivar a los clientes; la exigencia aumenta. Existen alternativas para valorizar estos edificios desde el punto de vista comercial y arquitectónico, por decirlo de alguna forma.
¿Qué debemos hacer para mejorar la nueva generación de Strip Centers en Chile?
1. Crear una «marca».
El lugar debe tener un nombre, una marca que refleje algún valor detrás de la propuesta comercial. Nos reunimos en… Si no lo haces y lo trabajas, dejas ese espacio a la marca ancla del edificio.
2. Equipar para no ser solo «de paso».
Un restaurante, una cafetería, áreas con mesas y sombra afuera. Un espacio para la familia o para una reunión de café. Puede que no paguen la mejor tarifa, pero es fundamental darle vida al lugar. Esto debe estar en la ecuación.
3. Tener su propia personalidad.
Pasar del típico «refrigerador» a un edificio más acogedor, con personalidad y calidez. El lugar debe tener una impronta. Desarrollar, mediante elementos que puedan conectar con el barrio o la ciudad en particular, algo que vincule el edificio con el entorno, para sumar en algo al sentido de pertenencia local de los clientes.
4. Preocuparse por los detalles.
Diseñar pensando en el cliente, no solo en los ingresos por renta. Equipar con lo necesario para mejorar la experiencia: mejores pasillos, iluminación cálida, buena señalética, flujos de circulación amplios, buen equipamiento, etc. Traer las buenas prácticas de los grandes malls a estos espacios más pequeños.
5. Entregar algo a la comunidad.
Cada barrio tiene su lógica y sus dinámicas: un espacio para ferias los domingos, un cowork para escapar de casa unas horas, emprendedores que necesitan visibilidad, o un servicio público que mejore la calidad de vida de los habitantes del área. Sería importante contribuir en estos aspectos para obtener, a cambio, una valoración más concreta por parte de los clientes.
Así como uno de los mayores operadores de centros comerciales en la región dejó de llamarlos Malls y pasó a llamarlos Centros Urbanos, los mal llamados Strip Centers deben pasar por su propio proceso de reconversión y crecimiento, con el fin de aportar a la ciudad, al negocio y, en definitiva, a los clientes-ciudadanos, desde una mirada más completa.
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