Por Ignacio Vicuña
Siempre estuvo en mi mente la idea de que, durante y después de la pandemia, algunos retailers acabarían cerrando. Aunque se vivieron muchas dificultades y algunos cayeron, no fue ni la sombra de lo que pensé que podría suceder en términos de quiebras, fusiones y otros mecanismos de supervivencia. Al final, o hasta ahora, la industria se las ha ingeniado bastante bien, con insólitas caídas en las ventas en tiendas físicas que incluso lograron hacer temblar a los más grandes.
Ahora, tras un año 2024 de recuperación para muchos, es posible que las cosas se sinceren y se produzca un gradual reordenamiento, de forma «menos vistosa» y «más gradual y sostenible». Las razones por las cuales un operador como Corona no logró resistir este embate pueden ser muchas y variadas, pero todos sabemos que el mercado de retail de vestuario para segmentos medios y bajos no solo puede estar saturado, sino que además fue y sigue estando amenazado por nuevos competidores que, rápidamente, no solo conquistaron Santiago sino que también avanzaron hacia las provincias y regiones, donde estos retailers han disfrutado de una posición de privilegio durante muchos años, con excelentes ubicaciones en centros urbanos y en las calles principales de las principales ciudades.
Corona, Fashion’s Park, Tricot, Hites, Ahumada, etc., fueron durante mucho tiempo los protagonistas en las peatonales de muchas ciudades del interior, capitalizando formatos de tiendas que podrían ser considerados como las del futuro para los grandes: entre 1.500 y 3.000 m², en el centro del flujo peatonal, con un 90% en vestuario.
Poco a poco, los operadores de malls comenzaron a abrir edificios en zonas céntricas. Ante la dificultad de montar grandes paños en áreas comerciales tradicionales, estos espacios se convirtieron en una opción, y hoy, en muchos casos, se ha ido conquistando el perímetro. Casos como los de Arica, Copiapó, Antofagasta, La Serena, Valdivia, Temuco, Puerto Montt y Curicó son ejemplos de esta realidad, que en mayor o menor medida ha producido un enfriamiento de estos polos urbanos, que muchas veces consistían en solo unas pocas cuadras. Muchos locales cambiaron las calles principales por los malls, otros no. Lo cierto es que el cambio en los ejes comerciales, sumado a la caída estructural de ventas en general, ha golpeado con más fuerza a aquellos operadores que dominaban las peatonales y calles principales en las provincias del país.
Los temas de seguridad, el comercio ambulante y la migración terminan quizás de completar este cóctel amargo de condiciones exógenas adversas. El proceso de recambio, lento y sostenido, ha dejado un saldo que ha disminuido la calidad de las propuestas en estos centros comerciales. El progresivo abandono de marcas tradicionales en favor de otros operadores de menor peso y propuestas menos atractivas (los chinos también han llegado aquí) nos indican que este proceso todavía no ha terminado y que está lejos de concluir.
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Hace pocos años, Corona realizó un esfuerzo importante para reformular su marca y remodelar sus tiendas de manera acertada, ajustando sus formatos. Sin embargo, claramente eso no fue suficiente para resistir la ola de variables que se produjeron casi en paralelo.
Los que todavía permanecen en pie, enfrentan el desafío de reinventar y replantear su footprint y sus formatos para contrarrestar estos fenómenos, que aún mantienen una alta intensidad.
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