La alfombra roja de los Globos de Oro fue el escenario perfecto para confirmar que los relojes bicolor han vuelto con fuerza. Aunque llamaron la atención piezas de renombre como un Serpenti de Bvlgari en oro y diamantes o un Louis Vuitton Tambour en acero combinado con oro rosa, lo más destacado fue la sensación de una renovación natural de una estética que ya había dejado huella en el pasado: la fusión de dos tonos de metal en un solo accesorio que transmite poder, sofisticación y una cierta nostalgia por las épocas en las que la joyería relojera era un lenguaje de lujo inconfundible.
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La noticia llega desde la casa suiza Piaget, que en 2026 amplía su legado en oro con el Polo 79 en una versión que sorprende por su pureza material. Tradicionalmente asociado al oro amarill o rosa, el mundo del bicolor ha encontrado en Piaget una reinterpretación que no sólo desdice de la ostentación, sino que la transforma en una experiencia de diseño consensuada y atemporal. En el imaginario de la relojería de lujo, el oro blanco y el oro amarillo conviven en una danza que, en esta propuesta, parece haber sido concebida de forma casi orgánica.
Según la visión de coleccionistas y especialistas citados por la prensa de relojería, el retorno del bicolor no es una moda pasajera sino una señal de compromiso con la historia y la artesanía. Andy Freedman, reconocido coleccionista, describe el Polo 79 como una demostración de cómo dos tonos pueden coexistir con naturalidad y, al mismo tiempo, reforzar la identidad de una pieza de alto rendimiento. Para Freedman, el diálogo entre el oro amarillo y el blanco no es un simple juego estético, sino una estrategia de marca que acompaña una tendencia ya consolidada entre marcas como Girard-Perregaux y Omega, ahora enriquecida por Piaget con una ejecución que es, de nuevo, ejemplo de virtuosismo técnico.
El Polo 79 de Piaget presenta una caja cepillada en oro blanco y un brazalete integrado que se ve realzado por gallones de oro amarillo pulido. Este detalle de acabado crea una profundidad visual que, a distancia, parece cálida, y que se revela con mayor intensidad al acercarse. En la esfera, la combinación de colores y texturas subraya la armonía entre diseño y funcionalidad: las agujas en oro amarillo cepillado captan la luz con claridad, asegurando una legibilidad que no sacrifica la estética.
Un rasgo clave de este modelo es su movimiento ultraplano: el calibre 1200P1, con un grosor de apenas 2,35 mm. Este detalle no es trivial: la delgadez del motor permite un perfil cómodo que se adapta a la muñeca sin sacrificar prestaciones. En un reloj que reivindica la opulencia discreta, la delgadez del corazón mecánico se convierte en una promesa de comodidad para quien busca una presencia sobria sin renunciar a la precisión.
La opinión de Bill Adler, periodista y coleccionista, subraya un aspecto humano de la experiencia de usuario: la indecisión ante la primera hora de la mañana. ¿Qué reloj será el definitivo para afrontar ocho, diez o doce horas de uso diario? En este sentido, el Polo 79 bicolor aparece como una solución elegante: ofrece lo mejor de dos mundos sin obligar a elegir entre oro amarillo o blanco. Para Adler, esta dualidad resuelve una pregunta que muchos aficionados llevan en la muñeca desde hace años.
La mirada nostálgica de Adler también aporta una lectura interesante sobre la conexión entre pasado y presente. La ingeniería relojera, afirma, es el hilo conductor que vincula las piezas actuales con sus antecesoras. El diseño de Piaget hace alusiones a las décadas de los setenta y ochenta, épocas de mayor presencia de relojes que se hacían notar en la muñeca y que, a ojos de algunos, evocan una era pre-digital en la que la hora se mostraba con claridad y estilo. Este vínculo con la nostalgia no se traduce en una mera repetición de estilos, sino en una conversación entre épocas que resulta atractiva para coleccionistas jóvenes y veteranos por igual.
La versatilidad como eje de la nueva generación de compradores es otro aspecto destacado. Courtney Bachrach, conocida en la comunidad de aficionados como @tinywristcheck, describe el bicolor como un complemento que se integra con facilidad tanto en entornos profesionales como en momentos de ocio. En su visión, este tipo de reloj funciona como un accesorio diario que no compite con otras piezas de joyería, sino que las acompaña, gracias a su estilo clásico y su discreta autoconfianza. En otras palabras, el Polo 79 no pretende ser un protagonista, sino un aliado que se adapta a la vida contemporánea sin perder el aura de lujo.
El anuncio del regreso del bicolor llega, para muchos, en un momento en que las casas relojeras buscan recuperar la autenticidad de materiales y técnicas de manufactura. Piaget, con su ya reconocida «House of Gold», continúa enfatizando la importancia del oro macizo y de la artesanía interna para hacer de cada reloj una pieza que no sólo marca la hora, sino que cuenta una historia de habilidad, paciencia y dedicación. El Polo 79 en oro blanco y amarillo no es un simple reloj: es una exhibición de oficio que invita a contemplar la complejidad de su interior sin perder la simplicidad de una lectura rápida de la esfera.
En síntesis, la reedición bicolor de Piaget no se limita a una repetición de una fórmula clásica. Se trata de una actualización consciente que aprovecha la herencia de la marca y la traduce a un lenguaje contemporáneo. El resultado es una pieza que funciona como símbolo de estatus, sí, pero también como objeto de uso diario que se siente cómodo en cualquier contexto: en la oficina, durante una reunión de negocios, o en una velada social. Es, en definitiva, una manifestación de cómo la historia puede convivir con la modernidad cuando el diseño y la ingeniería se alinean con un propósito claro: ofrecer lujo sin extravagancia.
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Quien se anime a sumergirse en la experiencia de este Polo 79 bicolor descubrirá un reloj que no busca destacar por ostentación, sino por su capacidad de dialogar con el usuario. Es una invitación a valorar la elegancia de lo bien hecho, a reconocer cómo dos tonos pueden convivir sin tensiones, y a entender por qué Piaget continúa contando historias que cruzan décadas sin perder su pulso contemporáneo.
Fuente: Revista GQ


