La industria de la moda italiana atraviesa un punto de inflexión. Durante décadas, el prestigio artesanal y la excelencia creativa fueron suficientes para sostener el reconocimiento global del Made in Italy. Sin embargo, el nuevo escenario del lujo europeo —marcado por subidas de precios, contracción del consumo aspiracional y cuestionamientos sobre las condiciones en las cadenas de suministro— ha obligado al sector a replantear sus fundamentos. La respuesta ha sido contundente: poner números donde antes solo había reputación.
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Un liderazgo renovado para tiempos de transformación
La Camera Nazionale della Moda Italiana (CNMI) ha reelecto por unanimidad a Carlo Capasa como presidente y consejero delegado para el período 2026-2028, sumando trece años al frente de la patronal si completa su mandato. Designado originalmente en 2015, Capasa encabeza la organización que define la agenda de la Semana de la Moda de Milán y actúa como puente entre el sector, las instituciones gubernamentales y el tejido empresarial.
El consejo electo para este bienio refleja la evolución del lujo italiano. Nombres consolidados como Francesca Bellettini, Renzo Rosso, Remo Ruffini, Leonardo Ferragamo, Luigi Maramotti y Ermenegildo Zegna continúan en la mesa directiva. Pero la verdadera novedad es la incorporación de figuras que marcan el relevo generacional: Lorenzo Bertelli (heredero de Prada), Luca Lisandroni (continuidad ejecutiva de Brunello Cucinelli) y Giuseppe Marsocci (arquitecto organizativo de Giorgio Armani). Mario Boselli mantiene su puesto como presidente honorario.
El nacimiento de un observatorio que cambia las reglas del juego
En la misma asamblea, CNMI lanzó Il Bello della Moda, un observatorio pionero desarrollado en alianza con McKinsey & Company como knowledge partner y con la colaboración de IntelliSurvey. Su objetivo es ambicioso: cuantificar el valor económico, laboral, formativo, cultural y social que la moda italiana genera dentro y fuera de sus fronteras.
Las primeras cifras presentadas son reveladoras. La moda representa aproximadamente el 5% de la producción industrial italiana, una magnitud comparable al sector automotriz y superior a la industria farmacéutica. Se sostiene sobre una red productiva que abarca 47 provincias y genera más de 500.000 empleos directos. Al ampliar el perímetro a toda la cadena de valor, la cifra se aproxima al millón de puestos de trabajo.
La lectura elaborada por McKinsey aporta una perspectiva comparativa que refuerza la posición negociadora del sector. Cada millón de producción en moda genera unos 19 empleos directos, cinco veces más que el promedio de otras industrias estratégicas italianas. Este dato se convierte en un argumento de peso cuando se debate el apoyo institucional y las políticas industriales del país.
La moda como herramienta de atracción global
El estudio también revela el impacto de la moda más allá de las cifras de ventas. Hasta el 70% de los estudiantes que cursan formación en las principales escuelas italianas de moda procede del extranjero, lo que convierte al sector en un potente imán de talento internacional. Además, casi siete de cada diez visitantes internacionales mencionan la moda entre las razones principales para elegir Italia como destino turístico.
La Semana de la Moda de Milán, uno de los pilares de CNMI, atrajo aproximadamente 420.000 visitantes en 2025. Este flujo impacta directamente en hoteles, restauración, transporte, comercio y proyección internacional de la ciudad. Frente a la competencia de París y Londres, Milán defiende su capacidad de transformar el calendario de desfiles en actividad económica recurrente.
Digitalización e inteligencia artificial: el nuevo frente de batalla
Durante la asamblea, Renzo Rosso, fundador de OTB Group, defendió la inteligencia artificial como una herramienta para optimizar la eficiencia operativa y liberar a los equipos creativos de tareas repetitivas. Sin embargo, el empresario advirtió que el verdadero valor diferencial reside en lo que no puede automatizarse: la capacidad de observar el mundo, comprender al consumidor y alimentar la creatividad desde las relaciones humanas.
OTB acaba de implementar con Google Cloud una solución de virtual try-on para Diesel y Jil Sander en Estados Unidos y Europa, con planes de expansión a Marni y Maison Margiela. «Solo quienes combinen conocimiento y tecnología con la capacidad de transmitir su identidad seguirán haciendo del Made in Italy una referencia global», concluyó Rosso.
Por su parte, Alfonso Dolce, presidente de Dolce & Gabbana, llevó el debate hacia la transmisión del oficio artesanal. «Para seguir siendo competitivos, debemos invertir en educación, fomentar el diálogo entre tradición e innovación y crear condiciones para que el saber hacer artesanal se transmita a las próximas generaciones», argumentó.
El desafío de convertir prestigio en evidencia económica
El observatorio Il Bello della Moda representa un movimiento estratégico que va más allá de la mera recopilación de datos. En un momento donde el lujo europeo enfrenta presiones sobre márgenes, caída del tráfico en mercados clave y escrutinio sobre las condiciones de la cadena de suministro, Italia busca blindar su posición con argumentos cuantificables.
Gemma D’Auria, senior partner de McKinsey, resumió el sentido de la iniciativa: «Reconocer la moda implica reconocer su papel en la competitividad de Italia». El objetivo es que el Made in Italy funcione como una magnitud comparable con otros sectores estratégicos, respaldada por cifras propias que sostengan sólidamente el argumento de posicionamiento.
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Sin embargo, el simple lobby de datos no resuelve los desafíos estructurales: la fragilidad de algunos talleres subcontratados, la presión inflacionaria sobre los precios del lujo, la falta de relevo generacional en la artesanía y los riesgos de opacidad en cadenas largas de subcontratación. Italia necesita invertir en controles, formación y una relación más equilibrada entre grandes marcas y proveedores.
El nuevo mandato de Carlo Capasa se define, en esencia, por la capacidad de transformar el prestigio histórico en prueba económica verificable. Una industria que durante décadas ha vendido deseo necesita ahora cifras concretas para defender el valor que realmente produce. La moda italiana ha entendido que, en el nuevo ciclo del lujo, la belleza ya no habla por sí sola.

