En 2025, las marcas de lujo han encontrado un nuevo escenario para sus escaparates: la mesa de juego se transforma en objeto de deseo. Este año, los clásicos juegos de toda la vida —UNO, Monopoly, Jenga, backgammon— aparecen reimaginados como piezas de colección destinadas a adultos, con precios que pueden alcanzar cifras miles de euros. No hablamos de versiones para niños ni de diseños puramente conceptuales; hablamos de artículos pulidos, artesanales y pensados para exhibirse, más que para una sesión de juego intensa.
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Contexto y tendencia
Cada temporada, las tiendas de lujo sorprenden con piezas que combinan familiaridad y exclusividad. En lugar de presentar solo bolsos o abrigos de lujo, las vitrinas muestran juegos de mesa que todos reconocemos, pero elevados a una categoría para adultos. Este giro rompe con la idea de que lo lúdico es menor o infantil, proponiendo una lectura distinta: el juego como objeto de diseño, memoria y estatus.
Qué marcas destacan y cómo
- Miu Miu: ofrece un UNO “destinado a un público adulto” por 575 dólares, reinterpretando un icono de la cultura popular para un consumo maduro.
- Bottega Veneta: presenta el Jenga oficial de la casa, elaborado en nogal y guardado en un estuche de cuero, con un precio cercano a 6.900 dólares. La pieza enfatiza materiales, tacto y artesanía.
- Balenciaga: no comercializa un Monopoly, sino que regala la versión VIP a clientes que han gastado mucho en la marca. En el tablero, el diseño desplaza las calles por fábricas de cuero y un “impuesto Balenciaga” de 200 dólares.
- Dior, Gucci y Hermès: muestran una afinidad creciente por el backgammon, un juego con historia que ya es parte de las colecciones de lifestyle de lujo.
Una lectura más profunda
La popularización de estos juegos no implica que el lujo se haya vuelto infantil; al contrario, señala una maduración del concepto de lujo. Los juegos coexisten con un deseo de nostalgia compartida: UNO, Jenga y Monopoly funcionan como símbolos universales que todos reconocen, evocando una era menos conectada y más pausada. Su valor no reside en la habilidad para ganar, sino en su capacidad de activar recuerdos y sensaciones: momentos de descanso, reuniones tranquilas y la experiencia de entretenimiento sin pantallas.
El juego como pieza de conversación
Estas piezas hablan de estatus y de acceso. Un Monopoly convertido en objeto de lujo puede convertirse en una declaración: no todos pueden permitirse “jugar” con ese lujo extremo. Por otro lado, objetos como el Jenga de nogal de Bottega Veneta destacan la importancia de la materia y la maestría artesanal: peso, equilibrio y tacto, transformando el juego en una experiencia físico-sensorial.
El papel del diseño en el valor
El énfasis no está solo en la marca ni en la marca de lujo como tal, sino en la calidad del diseño y los materiales. La experiencia de juego se reconfigura en una experiencia de lectura de objetos: mesas bajas, piezas finamente acabadas y estuches que invitan a exhibir más que a almacenar.
El trasfondo cultural y su atractivo
El fenómeno puede interpretarse como una respuesta a la vida moderna: la necesidad de pausas de calidad y de objetos que nos conecten con una memoria de ocio menos digital. En ese marco, el juego de mesa se transforma en una “pieza para la sobremesa” que complementa el estilo de vida, más que una simple actividad recreativa.
Rumbo al 2026
La tendencia apunta a que las casas de lujo continúen explorando formatos que mezclen lo familiar con la exclusividad. Ya no se trata solo de diseños innovadores, sino de transformar experiencias cotidianas en objetos de colección que hablen de identidad y estilo de vida. El juego, entendido como reunión y pausa, se ha convertido en una de las vías elegantes para desconectar en un mundo hiperconectado.
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En 2025, los grandes nombres de la moda y el lujo han convertido objetos cotidianos en piezas de conversación y prestigio. Los juegos de mesa, con su trasfondo de memoria colectiva y su simplicidad reconocible, se vuelven artefactos de lujo capaces de dotar de significado los momentos de descanso. No se trata solo de una moda pasajera, sino de una redefinición de lo que entendemos por ocio y empaque de marca. En última instancia, estos juegos nos invitan a valorar el tiempo compartido y la calidad de los materiales, recordándonos que el lujo, a veces, es simplemente la posibilidad de disfrutar de una pausa bien lograda.
Fuente: Revista GQ


