Demna Gvasalia ha marcado un nuevo capítulo en la historia de Gucci al presentar una colección otoño-invierno 2026-2027 que rompe con siglos de tradición y se lean como una declaración audaz de cuerpo y forma. En un escenario singular, un templo romano construido expresamente para la ocasión vibraba como una instalación monumental en Milán, donde la casa italiana desplegó siluetas ajustadas que contrastan con la estética de lujo barroco y los volúmenes que tradicionalmente han caracterizado a la firma.
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Contexto y concepto
El debut de Demna al frente de Gucci se distanciaba deliberadamente de las líneas curvas y los grandes volúmenes que habían definido las temporadas anteriores. La propuesta; sin excluir la fantasía, se inclinaba hacia una estética más ceñida al cuerpo. El escenario, ante todo, fue una reverberación de la admiración de Demna por la literatura visual del Renacimiento italiano y su fascinación por Florencia y la Galería Uffizi, fuentes que influyeron en la narrativa de la colección. El desfile se llevó a cabo en Milán, ciudad que sirve de eje logístico para la moda y que acoge, además, uno de los parques temáticos más ambiciosos de la industria: un estadio ficticio de líneas racionalistas con una docena de esculturas monumentales. Entre estas figuras se rinden homenaje a personajes como la diosa Níobe o el joven emperador Marcelo, reinterpretaciones que alimentan la atmósfera de poder y dramaturgia que acompaña a cada look.
La silueta como protagonista
La colección está dominada por prendas de corte estrecho que abrazan la figura sin perder la teatralidad. Desde el primer conjunto, un vestido de cóctel blanco extremadamente ajustado abrió la pasarela, con una actitud desafiante que buscaba capturar la atención a cada paso. La pasarela, de aproximadamente 100 metros, sirvió como escenario para una serie de poses de estilo —con dedos marcados y gestos que sugieren una cierta rebeldía— que reforzaron la idea de mujeres y hombres que se muestran sin pudor ante la mirada del público.
La presencia de Kate Moss en la clausura, enfundada en un vestido columna de lentejuelas y con la espalda al descubierto hasta una hendidura interglútea, remata la idea de una colección que se atreve a jugar con la moda como forma de expresión. La hebilla de doble G, visible en la espalda, añadiendo un toque de sensualidad y firma de la casa, se convirtió en un detalle icónico que resume la tensión entre rigor y deseo que permea la propuesta.
Diversidad de looks y atmósfera
El roux de la presentación presentó 83 looks que, en conjunto, exploraron una amalgama de “femme fatales” y estética nocturna con una base de chic sigiloso y toques rockeros. Emily Ratajkowski participó con un microvestido brillante que dejó claro que la fortaleza de la colección reside en su capacidad para canalizar la seducción y la confianza. En una lectura de desfile mixto, la colección mostró también propuestas más masculinas y andróginas: pantalones de cuero sobrios, tops de tirantes de seda, y chaquetas moteras meticulosamente ajustadas, combinadas con bolsos monogramados de Gucci que se llevaron al hombro como una señal de propiedad y sofisticación.
Impacto y riesgos
Más allá de la indumentaria, la colección envía un mensaje estratégico para Gucci y para el grupo Kering. En un momento en que la firma ha trabajado para recuperarse de un descenso de ingresos que afectó al conglomerado, este posicionamiento audaz puede interpretarse como una apuesta para revitalizar la marca, reforzando su carácter de lujo contemporáneo y de provocación controlada. La apuesta, sin embargo, no está exenta de riesgo: un giro tan marcado hacia la sastrería ajustada y la sensualidad podría polarizar a su base de clientes y a los inversores si no se acompaña de una gestión de producto y comercialización que logre traducir este positivismo en ventas sostenidas.
Momentos de regreso a la serenidad
A pesar de la intensidad general, la colección incluyó pinceladas tranquilizadoras que suavizan el impacto visual. Se presentaron microtrajes de seda negra que exhiben una presencia modesta pero contundente, plumíferos con silueta curvada que se combinan con leggings, y variaciones renovadas del embleático vestido floral de la primavera pasada. Este último, un homenaje a un estampado que Demna visitó en los Uffizi y que despertó su fascinación por el lugar donde converge la cultura, el arte y la moda. Un guiño adicional fue la mención a Gucci Garden, ubicado en Florencia, que se sitúa en una plaza que comparte un vínculo histórico con el propio museo. En una curiosa paradoja de nomenclatura, la colección recibe el nombre “Primavera” a pesar de su orientación para la temporada otoño-invierno 2026/27, una decisión que invita a reflexionar sobre la temporalidad y la reinterpretación de las estaciones dentro de la casa.
Declaraciones y contexto personal del diseñador
Demna explicó, entre bastidores, el impacto del Renacimiento italiano en su proceso creativo. Para él, Gucci representa una parte fundamental de la cultura italiana, comparable a figuras icónicas como Botticelli o Miguel Ángel. Esta autoconciencia cultural se traduce en una colección que no sólo viste cuerpos, sino que también celebra una tradición artística y estética que trasciende la moda.
Reacciones de la escena y cierre de la presentación
Entre el enorme flujo de asistentes, la recepción fue calurosa. Demna recibió el apoyo de figuras influyentes y celebridades, incluidos Demi Moore y Aryna Sabalenka, quien se dejó ver entre la multitud con entusiasmo. Donatella Versace y Alessandro Michele también dejaron ver su entusiasmo por la propuesta, calificándola de “increíble” y “bellísima”. En palabras del propio Demna, el objetivo era sentir la energía, la pasión y la sensualidad que la colección emana, una experiencia que él describe como un enamoramiento con la moda y la creatividad.
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La debut de Demna en Gucci con una colección tan ceñida al cuerpo y con un despliegue escénico tan ambicioso, marca una dirección audaz para la casa italiana y para el propio grupo Kering. Si el objetivo era sorprender y situar a Gucci en el centro de la conversación global sobre moda, lo logrado parece claro: se ha logrado un diálogo entre la herencia italiana y la contemporaneidad de la sastrería, entre la teatralidad de un templo romano y la precisión de un vestuario de segunda piel. En última instancia, más que un simple desfile, se trató de una declaración de identidad que propone una Gucci más sensual, más rígidamente estructurada y, por qué no, más cosmopolita que nunca.
Fuente: Fashion Network


