Valentino Uruguay enfrenta conflicto con aduanas por una incautación en Punta del Este
El caso que enfrenta a la tienda Valentino Uruguay, ubicada en Punta del Este, con la Dirección Nacional de Aduanas (DNA) ha despertado una fuerte controversia en torno al uso legítimo de una de las marcas más reconocidas del mundo de la moda. La disputa, que comenzó con una denuncia por presunta comercialización de ropa falsificada, se ha transformado en un debate legal sobre derechos de propiedad intelectual, procedimientos aduaneros y competencia entre empresas con nombres similares.
El abogado Gumer Pérez, representante legal de Florencia Sasson, titular de Valentino Uruguay, aseguró que el operativo llevado adelante por Aduanas fue “irregular y perjudicial” para la marca que defiende. En declaraciones al medio FM Gente, el letrado cuestionó la legitimidad de la intervención del organismo estatal y advirtió que la confusión entre las dos entidades que comparten el nombre “Valentino” podría tener un impacto reputacional importante para su clienta.
Una disputa entre dos marcas con el mismo nombre
El conflicto tiene su origen en una denuncia presentada por Valentino Italia, la casa de moda de origen europeo que asegura que los productos comercializados en Punta del Este no pertenecen a su línea oficial. Según explicó Pérez, esta empresa no posee registro ni representación legal en Uruguay, por lo que —a su juicio— no tendría competencia para realizar reclamos en territorio nacional.
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“La marca registrada en Uruguay tiene la exclusividad del uso del nombre Valentino en el país”, sostuvo el abogado, al tiempo que subrayó que la firma que representa opera de forma legal desde hace casi cuatro décadas. En este sentido, Pérez calificó la denuncia como un caso de “dumping” y competencia desleal, argumentando que Valentino Uruguay está habilitada a fabricar sus productos en cualquier país, incluyendo China, Francia o Perú, siempre y cuando utilice la marca registrada localmente.
Esta aclaración resulta clave, dado que uno de los argumentos de la denuncia italiana radicaba en que el contenedor incautado por Aduanas contenía prendas provenientes de China, lo que despertó sospechas sobre su autenticidad. Sin embargo, desde la defensa uruguaya sostienen que la procedencia del producto no implica falsificación, sino que forma parte del proceso de fabricación internacional autorizado por la propia empresa.
La intervención de aduanas y el accionar de la fiscalía
El 18 de agosto pasado, la Fiscalía de Delitos Económicos de 2° Turno ordenó la incautación de un contenedor a nombre de Valentino, en el marco de una investigación iniciada por la denuncia de la casa italiana. La Dirección Nacional de Aduanas procedió a ejecutar el operativo en la tienda de la calle 20 de Punta del Este, donde se incautaron diversas prendas y accesorios para su análisis.
Fuentes del organismo confirmaron a Montevideo Portal que los productos fueron remitidos a peritaje y que los resultados serán elevados a la Fiscalía, que deberá determinar si existe delito o infracción aduanera. Mientras tanto, la firma uruguaya niega rotundamente que los artículos sean falsificados y asegura que se trata de mercancía legítima producida bajo su registro comercial.
Para Pérez, la actuación de Aduanas constituye un “procedimiento sorpresivo”, carente de la transparencia necesaria. “Es una confusión de marcas un poco extraña. ¿Por qué no se dio conocimiento previo a Valentino Uruguay?”, cuestionó el abogado, remarcando que los funcionarios aduaneros se comunicaron directamente con Valentino Italia, a pesar de que esta no posee productos ni representación legal registrada en Uruguay.
Cuestionamientos al procedimiento y posibles irregularidades
La defensa de Valentino Uruguay ha expresado públicamente su preocupación por la forma en que se desarrolló el operativo. Según Pérez, además de no haber sido notificados formalmente, las autoridades convocaron a empleadas de la tienda a declarar ante la Prefectura, un hecho que considera improcedente y que, a su entender, no se ajusta al marco jurídico habitual.
“Nos llama la atención la posición de la Aduana, que no ha respondido a nuestras solicitudes de información. No quiero hablar de animosidad, pero el procedimiento no fue regular”, señaló el abogado en su entrevista radial. Para la defensa, esta actuación no solo afecta a la empresa comercialmente, sino que también pone en riesgo la reputación de una marca registrada legalmente en el país.
Desde el punto de vista jurídico, el caso abre un debate sobre la coexistencia de marcas con denominaciones iguales o similares y la manera en que los organismos de control deben actuar cuando se presentan denuncias internacionales. En Uruguay, la ley de marcas reconoce la protección territorial, es decir, que cada registro tiene validez dentro del país en que fue otorgado. Esto implica que Valentino Uruguay —si posee su registro vigente ante la Dirección Nacional de la Propiedad Industrial— puede utilizar el nombre sin violar los derechos de la firma italiana en tanto no se confundan los orígenes empresariales o los productos.
La versión de la dirección nacional de aduanas
Por su parte, la Dirección Nacional de Aduanas emitió un comunicado oficial en el que explicó que el contenedor fue inspeccionado como parte de un procedimiento de rutina. En el mismo se encontraron accesorios, calzado y prendas que simulaban pertenecer a marcas de prestigio, como Adidas y Valentino.
El texto agrega que los productos “poseen empaques con logos impresos, tipografías y colores característicos fácilmente reconocibles”, lo que generó sospechas de falsificación. Además, se destacó que los artículos eran de mayor calidad y acabados precisos, un aspecto que, lejos de despejar dudas, complicó la identificación de su autenticidad.
Aduanas subrayó que su función es velar por el cumplimiento de la normativa sobre propiedad intelectual y contrabando, y que cualquier incautación se realiza bajo orden judicial o fiscal, sin que ello implique prejuzgar la legalidad de la mercadería. En este caso, la Fiscalía de Delitos Económicos será la encargada de determinar si los productos son legítimos o si se configuró una infracción.
Implicancias para el comercio y la propiedad intelectual en Uruguay
Más allá de la disputa puntual, el caso Valentino expone la complejidad de los conflictos de marca en un mercado globalizado, donde las cadenas de producción y distribución suelen extenderse a múltiples países. La práctica de fabricar productos en Asia o en otros destinos no europeos no es inusual entre las marcas de moda, incluso de lujo, lo que dificulta trazar una línea clara entre lo legítimo y lo falsificado.
Expertos en propiedad intelectual señalan que este tipo de casos revelan la necesidad de fortalecer la cooperación entre instituciones nacionales y organismos internacionales, para evitar duplicidades o errores de interpretación. En Uruguay, las denuncias por presunta falsificación han aumentado en los últimos años, especialmente en sectores como la indumentaria, calzado y electrónica, debido al auge del comercio online y las importaciones.
Asimismo, la polémica pone sobre la mesa la discusión acerca de la responsabilidad de las autoridades aduaneras en cuanto a la comunicación con las empresas locales y la preservación de su reputación. Una intervención pública en un negocio legítimo puede tener efectos económicos inmediatos, incluso si más tarde se demuestra la legalidad de los productos.
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Por el momento, el expediente continúa en manos de la Fiscalía de Delitos Económicos, que deberá resolver si la denuncia de Valentino Italia tiene fundamento o si, por el contrario, se trata de una confusión de marcas derivada de un conflicto comercial. Mientras tanto, Valentino Uruguay sostiene su postura de legalidad y reclama una aclaración oficial que despeje cualquier duda sobre la autenticidad de sus productos.
Más allá del resultado judicial, este caso podría convertirse en un precedente relevante para futuros litigios de marcas registradas en Uruguay, especialmente aquellos que involucran nombres globales con presencia local. También reabre el debate sobre los límites de la competencia empresarial y el rol del Estado en la fiscalización de productos importados.
La disputa, que comenzó con una simple inspección, ha terminado exponiendo la frágil frontera entre la defensa de la propiedad intelectual y el respeto a las empresas nacionales que operan dentro de la ley. En un contexto donde las marcas globales buscan proteger su imagen y las autoridades intentan combatir el contrabando, la coordinación institucional y la claridad legal se vuelven indispensables para evitar daños colaterales a la reputación y la economía local.

