Los vinos sudamericanos que conquistan a los expertos en el mundo
La industria del vino en América del Sur vive un momento de esplendor. A pesar de la desaceleración en el consumo mundial de bebidas alcohólicas, los vinos del continente están ganando terreno entre sommeliers, enólogos y consumidores exigentes. Con propuestas tradicionales y otras más innovadoras, Argentina, Chile, Uruguay, Perú y Brasil están consolidando su presencia internacional y desafiando las tendencias de declive que afectan al sector en otros lugares.
La diversidad geográfica y climática de Sudamérica —desde las alturas de los Andes hasta los valles costeros, pasando por selvas, desiertos y mesetas— ofrece condiciones excepcionales para el cultivo de la vid. Y aunque la región lleva siglos produciendo vino, su salto a los mercados internacionales se consolidó recién en la década de 1990. Hoy, con el impulso de nuevos productores, una filosofía más sostenible y vinos de gran personalidad, la región está en el radar de los principales expertos del mundo.
Crecimiento frente a la contracción global
En un contexto global en el que el consumo de vino ha disminuido —las ventas en Estados Unidos cayeron más del 7 % en volumen en 2024, según SipSource—, los vinos sudamericanos lograron crecer en ese mismo mercado. Las exportaciones desde Argentina, Chile y Uruguay aumentaron un 13,7 %, 12,5 % y 16 %, respectivamente, cifras que demuestran que el entusiasmo por estos vinos va a contracorriente de la tendencia general.
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Este fenómeno no es casual. La clave está en la capacidad de los productores sudamericanos para ofrecer vinos con identidad, calidad y precios accesibles. Además, muchos de ellos están apostando por prácticas ecológicas, variedades autóctonas y vinificaciones de mínima intervención, lo que responde a las nuevas demandas de los consumidores.
Los favoritos de los sommeliers
A continuación, una selección de etiquetas destacadas de la región que están haciendo furor en las cartas de vinos de restaurantes y bares especializados de Estados Unidos. Cada una ha sido recomendada por un profesional del vino que conoce de primera mano lo que buscan los comensales más exigentes.
Villalobos Litrona Carignan 2021 – Valle de Colchagua, Chile – USD 24 (1 litro)
Nate Siegel, Cheeky’s Fish & Raw Bar, Florida
Esta cariñena chilena de viñedos silvestres y sin intervención técnica en su crecimiento ha conquistado a Nate Siegel. Se trata de un vino ligero, vibrante, ideal para beber fresco. Su versatilidad lo hace perfecto para maridar con todo tipo de platos de mar y tierra. “No pienses, solo bebe”, dice el sommelier, destacando su carácter despreocupado pero bien elaborado.
Corazón del Sol ‘Los Chacayes’ Malbec 2020 – Valle de Uco, Argentina – USD 28
Winn Roberton, Bourbon Steak DC
Este Malbec de altura sorprende incluso en restaurantes donde el Cabernet suele ser el rey. Roberton lo elige por sus notas florales, su equilibrio entre fruta madura y acidez y su capacidad para acompañar desde carnes rojas hasta atún. Un vino que brilla por su elegancia y versatilidad.
Clos des Fous ‘Pour Ma Gueule’ Pinot Noir 2023 – Chile – USD 16
Kat Thomas, Ada’s Wine Bar, Las Vegas
Una apuesta poco convencional que mezcla Pinot Noir con una pequeña proporción de Cinsault, vinificados en concreto. La sommelier valora la creatividad de Clos des Fous, una bodega que experimenta con terruños extremos. El resultado es un vino jugoso, con tensión eléctrica, ideal para platos grasos como la panceta de cerdo.
Miguel Torres ‘Vigno’ Cordillera de los Andes Cariñena 2018 – Valle del Maule, Chile – USD 21
Cheron Cowan, Craft, Nueva York
Parte de un movimiento por rescatar la cariñena de viñas viejas, este vino destaca por su complejidad y su equilibrio entre fruta, hierbas y madera. Cowan lo recomienda especialmente con carnes ricas como el pato. “Conversa con los comensales, despierta curiosidad”, afirma.
Proyecto Nakkal ‘Nakcool’ Tinto 2024 – Canelones, Uruguay – USD 15
Jill Weber, Jet Wine Bar, Filadelfia
Elaborado con una combinación inusual de Merlot y Moscatel Ottonel, este vino forma parte del movimiento Nat’Cool, centrado en vinos de baja intervención. Sin filtración ni sulfitos añadidos, tiene un perfil fresco, jugoso y floral que encanta a los amantes del vino natural. Weber lo define como “encantador, bien equilibrado y muy bebible”.
Santiago Queirolo ‘Intipalka’ Sauvignon Blanc 2023 – Valle de Ica, Perú – USD 16
Joel Arias, La Mar Cocina Peruana, San Francisco
Este blanco peruano sorprende por su perfil tropical y su final salino. Arias destaca su excelente maridaje con la cocina peruana, en especial platos con ceviche y mariscos. Procedente de una bodega histórica en el Valle de Ica, combina tradición con técnicas modernas.
Vik ‘La Piu Belle’ Red Blend 2021 – Valle de Cachapoal, Chile – USD 100
Gracie Barwick, Lazy Betty, Atlanta
Una mezcla de Carménère, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc envejecida en vasijas de barro hechas con la arcilla del propio viñedo. Orgánico y biodinámico, es un vino sofisticado que acompaña platos de alta gama como el wagyu. Barwick lo define como “la expresión máxima del lujo y la intención en el maridaje”.
Cara Sur Criolla Chica 2022 – Valle de Calingasta, Argentina – USD 28
Oscar García Moncada, 67 Wine and Spirits, Nueva York
Criolla Chica es una uva histórica redescubierta por productores como Cara Sur. Este vino, proveniente de cepas de más de 80 años, destaca por su frescura, acidez y textura ligera. “Una experiencia etérea”, afirma García Moncada, que lo recomienda como opción diferente y emocionante para quienes buscan algo fuera de lo común.
Zuccardi ‘Polígonos San Pablo’ Malbec 2021 – Valle de Uco, Argentina – USD 27
William Mellon, maná, Wilmington, Carolina del Norte
Este Malbec de alta gama rompió los prejuicios del sommelier que lo descubrió a ciegas. Con elegancia borgoñesa y taninos pulidos, expresa a la perfección el terroir de San Pablo. Mellon quedó impresionado por su sofisticación y relación calidad-precio. “Es el vino que redefine lo que el Malbec argentino puede ser”, concluye.
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Estos vinos son una muestra del dinamismo, la innovación y el potencial que tiene la viticultura sudamericana en la actualidad. Lejos de limitarse a las etiquetas tradicionales, las bodegas están explorando nuevas regiones, recuperando variedades olvidadas, utilizando técnicas sostenibles y apostando por elaboraciones de mínima intervención.
La creciente demanda en mercados como Estados Unidos, junto con el reconocimiento de sommeliers y expertos, confirma que Sudamérica ya no es solo una promesa: es una realidad consolidada en el panorama vinícola internacional.
Los consumidores más curiosos, los paladares más entrenados y los restaurantes más exigentes están encontrando en esta región vinos que emocionan, sorprenden y cuentan historias. Es el momento perfecto para mirar hacia el sur y descubrir todo lo que sus botellas tienen para ofrecer.
