El dólar pierde fuerza en Uruguay y deja de ser refugio financiero confiable
Durante gran parte de su historia reciente, el dólar estadounidense ha sido visto en Uruguay como un escudo contra la incertidumbre económica. Sin embargo, los últimos meses han puesto en duda esa percepción. Con la divisa por debajo de los 40 pesos durante tres meses consecutivos, los uruguayos enfrentan un escenario inusual: una moneda local fuerte, una inflación controlada y un dólar que ya no representa el refugio que solía ser.
El tipo de cambio interbancario cerró octubre con un promedio de $39,799, acumulando una caída del 9,68% en lo que va del año y del 4,44% en los últimos doce meses. Estas cifras, más allá del simbolismo del “piso” de los 40 pesos, reflejan un cambio estructural en la dinámica cambiaria del país y su relación con la moneda estadounidense.
Un debilitamiento global con impacto local
El debilitamiento del dólar no es exclusivo de Uruguay. Brasil, principal referencia regional, muestra una depreciación de más del 13% en el último año, mientras Argentina mantiene una alta volatilidad por la falta de confianza en su política monetaria. Este contexto regional empuja a los países a repensar sus estrategias financieras internas.
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En el caso uruguayo, el Banco Central del Uruguay (BCU) ha aprovechado el contexto para fortalecer el peso. El presidente del organismo, Guillermo Tolosa, ha enfatizado la necesidad de “desdolarizar” la economía como paso fundamental hacia una estabilidad sostenible. Según su visión, el miedo histórico a la devaluación debe ser reemplazado por una confianza renovada en la moneda local.
“Durante décadas los uruguayos fijaron precios y ahorros en dólares, incluso en períodos de estabilidad. Ese hábito limita el desarrollo del crédito en pesos y encarece el consumo interno”, explicó Tolosa en una reciente reunión con empresarios. Su mensaje apunta a un cambio cultural tanto como económico.
El peso gana terreno, pero la mentalidad sigue dolarizada
La resistencia social a abandonar el dólar es evidente. Uruguay se mantiene entre los países más dolarizados del Cono Sur: más del 75% de los depósitos bancarios se realizan en dólares. La costumbre de ahorrar en moneda extranjera responde a experiencias pasadas de devaluaciones y crisis, pero en la actualidad ese reflejo podría estar generando pérdidas.
De acuerdo con estudios del propio BCU, ahorrar en dólares implica perder poder adquisitivo en el largo plazo, especialmente en un entorno donde la inflación se mantiene en torno al 4,25%, dentro del rango meta. En contraste, las tasas de interés locales permiten obtener mejores rendimientos reales en pesos.
Sin embargo, el proceso de cambio cultural es lento. El consumidor promedio aún percibe el dólar como una reserva de valor más segura, aunque los datos demuestren lo contrario. A esto se suma el comportamiento de muchos empresarios, que continúan fijando precios en dólares, temiendo posibles correcciones cambiarias futuras.
Octubre: estabilidad cambiaria sin impulso real
Durante octubre, la actividad en el mercado cambiario se mantuvo relativamente estable. La Bolsa Electrónica de Valores (Bevsa) registró 1.108 operaciones por un total de 596 millones de dólares. Aunque hubo más jornadas de alza que de baja, estas últimas fueron de mayor magnitud, provocando un saldo mensual negativo. El 20 de octubre se registró el valor más bajo desde junio, con un dólar a $39,795.
En las operaciones al público del Banco República (BROU), la divisa cerró a $38,55 para la compra y $41,05 para la venta, una leve baja frente al mes anterior. Este escenario “planchado” ha traído tranquilidad a los hogares y a las empresas endeudadas en dólares, pero también preocupación entre los exportadores, que ven sus márgenes reducidos por un tipo de cambio menos competitivo.
Otro factor que consolida la confianza en la estabilidad uruguaya es el comportamiento del riesgo país, que cerró octubre en 62 puntos básicos, una de las cifras más bajas de la región. Este indicador, medido por el índice UBI, evidencia la solidez macroeconómica del país y su capacidad para atraer inversiones con bajo riesgo.
La política monetaria del BCU también contribuye a esa sensación de estabilidad. Con una tasa de referencia del 8,25%, el organismo busca mantener el equilibrio entre inflación y crecimiento. La próxima reunión del Comité de Política Monetaria (Copom), prevista para el 18 de noviembre, podría definir si continúa el ciclo de reducciones de tasa o si se mantiene la actual estrategia de prudencia.
En este contexto, la autoridad monetaria enfrenta un dilema: preservar la estabilidad sin desincentivar las exportaciones. Un dólar demasiado débil puede afectar la competitividad de los sectores agroindustrial y turístico, pilares fundamentales del ingreso de divisas.
Una economía fuerte, pero con desafíos estructurales
El panorama general de Uruguay combina elementos positivos y riesgos latentes. La inflación controlada, el bajo riesgo país y la estabilidad política colocan al país en una posición privilegiada dentro del Cono Sur. No obstante, la persistencia de la dolarización limita el desarrollo del crédito doméstico y reduce la profundidad del mercado financiero local.
Para los economistas, la fortaleza del peso debería aprovecharse para incentivar la inversión en instrumentos locales y promover la educación financiera. Esto permitiría que los ciudadanos comprendan mejor los beneficios de diversificar sus ahorros y no depender exclusivamente del dólar.
A su vez, el sector exportador demanda políticas complementarias que compensen la pérdida de competitividad. Una de las opciones que se discuten es reforzar la productividad y la innovación tecnológica en el agro y la industria, en lugar de depender de un tipo de cambio alto para sostener los ingresos.
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Las proyecciones del Banco Central indican que el dólar podría cerrar el año apenas por encima de los $40,45, lo que implicaría una leve recuperación del 1,6% respecto a octubre. Aun así, no se espera un repunte significativo a corto plazo.
Uruguay parece estar transitando hacia un modelo donde el peso gana protagonismo y la economía se desdolariza lentamente. El desafío para 2025 será mantener la confianza en la moneda nacional sin perder dinamismo exportador.
En un mundo donde el dólar se debilita y las monedas emergentes muestran mayor solidez, el país tiene la oportunidad de consolidar un nuevo paradigma: una economía estable, menos dependiente del miedo histórico a la devaluación, y más enfocada en su propio crecimiento sostenido.
La época del dólar como “refugio” puede estar llegando a su fin, pero en su lugar podría emerger algo más valioso: una confianza genuina en la estabilidad uruguaya.


