Desde Concordia advierten sobre recesión inédita en el consumo
La economía argentina atraviesa una de las caídas de consumo más profundas de las últimas décadas, y el sector supermercadista lo siente de manera directa. Desde la Cámara de Autoservicios y Supermercados de Concordia (CASCO), su presidenta y empresaria del sector, Laura Kobrinsky, describió una situación inédita: la retracción en las ventas de alimentos supera a la que se vivió durante la pandemia e incluso en los años de hiperinflación.
Según Kobrinsky, el desplome en el consumo es sostenido y afecta a todo tipo de comercios, desde grandes cadenas hasta pequeños autoservicios de barrio. A pesar de promociones y descuentos, los clientes compran menos, priorizan productos esenciales y reemplazan marcas tradicionales por segundas o terceras opciones más económicas.
Un panorama de precios heterogéneo
Contrario a lo que se podría suponer en un contexto inflacionario, la dirigente explicó que no todos los precios han subido en los últimos meses.
“No ha habido un porcentaje unificado sobre el que se pueda decir: ‘esto es lo que subió’. Incluso hay precios que se han mantenido e incluso bajado en algunos casos”, señaló.
Vea también: Gigante uruguayo planea compra de Carrefour para liderar el retail regional
Uno de los pocos rubros con aumentos notorios ha sido la carne vacuna, que en la última semana registró un incremento del 6% en góndola. Este salto se siente de inmediato debido a la naturaleza perecedera del producto:
El stock de carne en cámaras frigoríficas de los supermercados es de apenas 48 horas.
Ante cualquier variación en el costo mayorista, el ajuste en el precio al consumidor se produce sin margen de espera.
En cambio, otros productos no perecederos permiten amortiguar las subas, ya que las cadenas pueden mantener el precio hasta agotar el inventario adquirido a valores anteriores.
Compras más conservadoras por parte de los comerciantes
En tiempos de incertidumbre, la estrategia de aprovisionamiento también ha cambiado. Kobrinsky detalló que, incluso cuando se ofrece la posibilidad de stockear mercadería a precios anteriores a una suba, muchos supermercados optan por comprar solo lo indispensable.
El motivo es simple: la demanda es tan baja que acopiar productos implica un riesgo financiero, ya que pueden llegar bonificaciones posteriores que reduzcan el precio y generen pérdidas en el stock ya adquirido.
Esta prudencia refleja una situación inusual:
En épocas de inflación alta, los comerciantes históricamente compraban de más para resguardar valor.
Hoy, la prioridad es cuidar el capital de trabajo y evitar inmovilizar dinero en mercadería que podría no venderse rápidamente.
Una recesión sin antecedentes
Para la titular de CASCO, lo más alarmante es la magnitud y persistencia de la contracción en las ventas.
“La recesión que estamos viviendo no se ha visto nunca. Ni siquiera en pandemia fue tan significativa, ni en otras épocas de hiperinflación”, enfatizó.
Esta afirmación no es menor. La pandemia de 2020 generó una caída abrupta en la actividad económica, pero el consumo de alimentos se mantuvo relativamente firme por ser un rubro esencial. En cambio, la situación actual muestra que incluso la compra de productos básicos se ve afectada.
Entre los factores que explicarían este fenómeno, se destacan:
Pérdida del poder adquisitivo: los salarios crecen por debajo de la inflación.
Aumento del endeudamiento familiar: más hogares destinan parte de sus ingresos a pagar deudas y servicios.
Cambios en hábitos de compra: se reducen las visitas al supermercado y se opta por compras más pequeñas y espaciadas.
Frente al estancamiento en la demanda, los supermercados apelan a promociones y descuentos para incentivar las compras. Sin embargo, Kobrinsky reconoce que los resultados son limitados:
Las acciones comerciales logran picos momentáneos de venta, pero no revierten la tendencia general.
El consumidor actual planifica más, compara precios entre distintos puntos de venta y prioriza lo estrictamente necesario.
Este comportamiento refleja un consumidor más racional y menos impulsivo, lo que obliga a las cadenas a repensar sus estrategias de marketing y surtido.
Impacto en la cadena de valor
La recesión no solo golpea a los supermercados, sino que se transmite a toda la cadena de abastecimiento:
Proveedores: reciben menos pedidos y deben ajustar su producción.
Distribuidores: ven reducido su volumen de operaciones.
Productores primarios: en algunos casos, como el sector cárnico, deben aceptar bonificaciones para no perder clientes.
Esto genera un círculo complejo: menor consumo implica menos producción, lo que a su vez repercute en el empleo y en la recaudación fiscal.
Comparativa histórica: por qué la crisis actual es distinta
En décadas anteriores, Argentina atravesó recesiones profundas y episodios de alta inflación. Sin embargo, el sector supermercadista lograba sostener ventas mínimas gracias a que los alimentos son bienes de primera necesidad.
Hoy, la combinación de inflación elevada, caída real de los ingresos y cambios en los patrones de consumo hace que incluso este sector —tradicionalmente más estable— registre caídas inéditas.
Durante la hiperinflación de finales de los ’80, el consumidor buscaba adelantar compras antes de que los precios subieran. En cambio, el consumidor actual no siempre tiene margen financiero para hacerlo, lo que reduce el volumen de ventas y modifica las dinámicas de abastecimiento.
La recuperación del consumo masivo dependerá de varios factores:
Estabilidad macroeconómica: si la inflación y el tipo de cambio se estabilizan, podría mejorar la confianza del consumidor.
Recomposición salarial: indispensable para que los hogares recuperen capacidad de compra.
Nuevas estrategias comerciales: formatos de cercanía, promociones focalizadas y alianzas con proveedores podrían ayudar a dinamizar ventas.
Mientras tanto, las empresas del sector continúan ajustando costos, optimizando logística y manteniendo una postura cauta en sus inversiones.
Vea también: Alza moderada en costos de almacenamiento logístico en Uruguay durante el último trimestre
La advertencia de la presidenta de CASCO refleja una realidad que atraviesa gran parte del país: el consumo masivo está en su punto más bajo en años, y ni siquiera las estrategias clásicas de ventas logran revertir la tendencia.
Para los supermercados, el desafío no es solo capear la tormenta actual, sino adaptarse a un consumidor más selectivo y a un contexto económico que obliga a repensar las reglas del juego.


