Consumo de frutas y verduras en Uruguay: Diagnóstico actual y caminos para mejorar
El consumo adecuado de frutas y verduras es una de las bases más sólidas de una alimentación saludable. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ingesta diaria recomendada es de al menos 400 gramos, equivalentes a unas cinco porciones. Este hábito no solo contribuye a prevenir enfermedades crónicas, sino que también mejora la calidad de vida a largo plazo.
Sin embargo, la realidad uruguaya dista de este ideal. Un nuevo informe del Núcleo Interdisciplinario de Alimentación y Bienestar de la Universidad de la República (UdelaR) revela que, en Montevideo, apenas una minoría de la población alcanza este objetivo. El estudio será presentado en el marco de la actividad “Consumo de frutas y verduras: evidencia para la acción”, que contará con la participación del Ministerio de Salud Pública (MSP), el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
UNA SITUACIÓN QUE PERSISTE EN EL TIEMPO
El informe Explorando el consumo de frutas y verduras en la población adulta de Uruguay (2025) ofrece una radiografía preocupante:
Solo el 12,4% de los encuestados en Montevideo consume al menos cinco porciones diarias.
La mediana de consumo es de poco más de dos porciones, divididas en 1,1 de frutas y 0,7 de verduras.
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Estos datos son consistentes con la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo para Enfermedades No Transmisibles realizada en 2013, lo que sugiere que las políticas públicas implementadas en la última década —principalmente campañas de comunicación y educación alimentaria— no han logrado revertir la tendencia.
LAS CONSECUENCIAS DE UNA BAJA INGESTA
La falta de frutas y verduras en la dieta aumenta la probabilidad de desarrollar enfermedades que hoy representan las principales causas de morbilidad y mortalidad en Uruguay:
Hipertensión arterial
Diabetes tipo 2
Enfermedades cardiovasculares
Ciertos tipos de cáncer
De acuerdo con la Guía Alimentaria para la Población Uruguaya del MSP, estos alimentos aportan fibra, vitaminas, minerales y compuestos bioactivos que ayudan a:
Eliminar sustancias tóxicas del organismo.
Mantener un tránsito intestinal saludable.
Regular la glucemia.
Favorecer una microbiota intestinal equilibrada, esencial para la inmunidad.
FACTORES QUE LIMITAN EL CONSUMO
El estudio identifica varias barreras que dificultan alcanzar las recomendaciones:
Falta de hábito y preferencia: muchas personas no han incorporado desde la infancia el consumo regular de frutas y verduras.
Costo percibido: aunque el precio es un factor real en hogares vulnerables, la percepción de que estos alimentos son caros también se observa en sectores medios y altos.
Dificultad para su preparación: especialmente en el caso de las verduras, la falta de tiempo o de habilidades culinarias desalienta su consumo.
Esto evidencia la necesidad de intervenciones integrales, que no se limiten a campañas educativas, sino que aborden la accesibilidad económica y promuevan habilidades prácticas para preparar estos alimentos.
UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA Y DE DESIGUALDAD
El bajo consumo no solo es un tema nutricional, sino también social. En contextos de vulnerabilidad, la capacidad de compra está condicionada por el precio de alimentos más saludables frente a opciones ultraprocesadas más baratas y de fácil acceso. Esto perpetúa un ciclo donde la mala alimentación agrava problemas de salud y aumenta los gastos sanitarios del país.
Además, la desigualdad en el acceso a frutas y verduras impacta de manera directa en la esperanza y calidad de vida de las personas, lo que convierte este desafío en una prioridad para la agenda de salud pública.
PROPUESTAS PARA REVERTIR LA TENDENCIA
El informe plantea que mejorar el consumo requiere una estrategia múltiple:
Subsidios o políticas de precios para abaratar frutas y verduras en poblaciones de bajos ingresos.
Programas escolares que incluyan huertas educativas y meriendas saludables.
Campañas de cocina práctica, enfocadas en recetas rápidas y sencillas.
Colaboración con productores locales para garantizar oferta constante y de calidad.
Promoción en puntos de venta, con información clara sobre beneficios y porciones recomendadas.
Estas medidas no solo apuntan a mejorar la salud, sino también a fomentar un sistema alimentario más sostenible y resiliente.
CONSEJOS PRÁCTICOS PARA INCREMENTAR EL CONSUMO
En línea con las recomendaciones del MSP, hay acciones simples que pueden ayudar a incorporar más frutas y verduras en la rutina diaria:
Empezar el día con una fruta entera.
Tener siempre frutas a mano como snack para media mañana o tarde.
Usar frutas frescas o cocidas como postre.
Preparar ensaladas y conservarlas en la heladera con jugo de limón o naranja para evitar oxidación.
Hacer sopas de verduras y congelarlas en porciones.
Duplicar la porción habitual de verduras en las comidas.
Agregar vegetales frescos a sándwiches y refuerzos.
Incluir una ensalada o sopa antes del plato principal para moderar el apetito.
La clave está en variar los colores y tipos para obtener un rango más amplio de nutrientes y beneficios.
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El panorama actual muestra que el desafío de mejorar la ingesta de frutas y verduras en Uruguay es complejo y multifactorial. No basta con informar; es necesario crear condiciones reales para que la población pueda y quiera consumir estos alimentos diariamente.
Esto implica un trabajo coordinado entre el Estado, el sector privado, la academia y la sociedad civil. Solo así se podrá avanzar hacia un modelo de alimentación que sea accesible, saludable y sostenible, con beneficios no solo para la salud individual, sino para el sistema sanitario y el desarrollo del país.

