El Paquete Económico 2026 de México, propuesto por la presidenta Claudia Sheinbaum, incluye un aumento del casi 100% al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para bebidas azucaradas, elevándolo de 1.64 a 3.08 pesos por litro. Aunque el gobierno justifica la medida como una acción de salud pública, este cambio ha desatado un debate sobre su eficacia.
Consumo, falta de agua y cultura
Según Diana Delgadillo, de The Hunger Project México, el impuesto ha tenido un impacto limitado en el pasado. El aumento de 2014 solo redujo el consumo en un 8%, y los fondos prometidos para infraestructura de agua nunca se usaron para ese fin.
El problema de fondo, explica, es que en muchas comunidades el refresco es más barato y accesible que el agua potable. En zonas con sequía, las familias pueden pagar hasta 5,000 pesos por una pipa de agua no potable, mientras que un refresco de 3.5 litros cuesta 30 pesos.
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Además, el refresco se ha vuelto un símbolo de estatus en algunas comunidades, e incluso una moneda de cambio. La falta de una política integral que garantice el acceso al agua potable hace que, sin importar el precio, la gente siga consumiendo refrescos.
El Dr. Omar Cruz, sociólogo y activista, coincide en que el refresco se impuso y se mezcló con las costumbres locales, llegando a ser visto como una bebida sagrada en rituales en lugares como Chiapas. Señala que el consumo se arraiga en dos factores: la falta de agua potable provista por el Estado y el valor simbólico de poder adquisitivo.
IEPS 2026: ¿Servirá el aumento del impuesto a los refrescos?
Por su parte, Andrés Massieu Fernández, presidente de la Asociación Mexicana de Bebidas (MexBeb), califica el aumento del IEPS como desproporcionado e ineficaz. Argumenta que la medida afectará a los consumidores de bajos ingresos sin tener un efecto real en la salud, ya que el impuesto solo se aplica al 5% de las calorías que consumen los mexicanos.
Massieu asegura que el consumo de refrescos se ha mantenido estable por 30 años, mientras que la obesidad y la diabetes han aumentado, lo que demuestra una falta de correlación directa. Además, advierte que el aumento de precios podría golpear la economía de más de 1.2 millones de pequeñas tiendas, cuyas ventas de bebidas representan hasta el 30% de sus ingresos.
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El aumento al IEPS de 2026 abre un debate que va más allá de lo fiscal. Mientras los expertos sociales apuntan a la falta de agua, la desigualdad y los factores culturales, la industria defiende que la medida solo perjudicará la economía sin mejorar la salud pública.

