El inicio de 2026 marca un punto de inflexión crítico para la integración económica de Norteamérica. Durante este primer trimestre, la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) deberá presentar ante su Congreso la ruta formal para la revisión del T-MEC. Este proceso, si bien tiene como hito el 1 de julio, se perfila como una negociación extendida que pondrá a prueba la resiliencia regulatoria de México y Canadá.
Enero: El termómetro del Congreso estadounidense
La gran incógnita de este trimestre radica en la transparencia del reporte de la USTR. Kenneth Smith, presidente del Comité Empresarial Bilateral México–Estados Unidos del COMCE, advierte que la incertidumbre persistirá hasta saber si el informe será un documento detallado o si se limitará a audiencias a puerta cerrada.
A pesar de la retórica política, los datos del sector privado ofrecen un panorama de estabilidad: más del 75% de los comentarios recibidos por la USTR solicitan extender el tratado por otros 16 años, mientras que solo un 2% aboga por su cancelación. No obstante, este respaldo mayoritario viene condicionado por exigencias de mejoras operativas y ajustes en disciplinas de acceso a mercado.
Los pilares de la negociación: Más allá de los aranceles
Para Antonio Ortiz Mena, CEO de AOM Advisors, el éxito de México en esta revisión no se mide únicamente en la preservación del arancel cero, sino en el blindaje contra acciones unilaterales de EE. UU., como las invocaciones de seguridad nacional (Sección 232).
«De poco serviría mantener el arancel cero si continúan las barreras unilaterales. El objetivo es que México y Canadá consoliden un acceso al mercado estadounidense superior al de cualquier otro socio global», subraya Ortiz Mena.
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En este sentido, se prevé que el gobierno de Donald Trump utilice los aranceles existentes no como un fin, sino como una palanca de presión táctica durante las mesas de diálogo.
Hoja de ruta del T-MEC
El trasfondo de la revisión es eminentemente geopolítico. La Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. prioriza la competencia con China en sectores de alta tecnología. Bajo esta lógica, Norteamérica se presenta como un bloque indispensable:
- Sustitución de importaciones: Oportunidades en electrónica, semiconductores y equipo médico.
- Seguridad nacional: Necesidad de duplicar la producción de bienes críticos en países socios bajo el Arreglo de Wassenaar.
- Certidumbre: México puede emerger como el gran ganador del «nuevo desorden internacional» si logra ofrecer reglas claras frente a la volatilidad asiática.
Recomendaciones tácticas para el periodo
Ante la presión de Washington por esquemas bilaterales, la preservación de la trilateralidad es el objetivo primordial. Los expertos recomiendan dos acciones inmediatas:
Reactivación del «Cuarto de Junto»: Un acompañamiento técnico en tiempo real del sector privado y la sociedad civil hacia el gobierno mexicano.
Convergencia trilateral: Establecer reglas comunes para combatir prácticas desleales, contrabando y violaciones a derechos laborales o ambientales.
¿Qué esperar de enero a marzo de 2026?
- Definición procedimental: Claridad sobre cómo USTR reportará sus hallazgos al Congreso.
- Postura oficial de México: Presentación de un paquete pro-inversión y prioridades de cumplimiento.
- Diplomacia de alta intensidad: Mensajes políticos de alto perfil que convivirán con mesas técnicas de negociación.
Los primeros 90 días de 2026 no deben leerse bajo una narrativa de colapso, sino como un ejercicio de diplomacia económica intensa. Si México logra anclar la revisión en la certeza jurídica, el tratado no solo se mantendrá hasta 2036, sino que fortalecerá la competitividad de la región frente al bloque asiático.
Fuente: Thelogisticsworld.com


