El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha publicado los indicadores de ocupación y empleo correspondientes al cierre de 2025, revelando una tasa de desocupación del 2.4%. Esta cifra, históricamente baja, sitúa a México en un escenario técnico de plena ocupación; sin embargo, un análisis profundo de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) permite identificar matices críticos sobre la composición de la fuerza laboral, la calidad del empleo y las presiones estructurales que enfrentará el país durante el ejercicio 2026.
El descenso del desempleo a niveles del 2.4% refleja una robusta capacidad de absorción de mano de obra por parte del mercado mexicano, impulsada en gran medida por la consolidación de proyectos de inversión extranjera y el dinamismo del sector servicios. No obstante, es imperativo distinguir entre la baja desocupación y la solidez del mercado. La Población Económicamente Activa (PEA) ha mostrado un crecimiento sostenido, lo que indica que más mexicanos se han incorporado a la búsqueda o ejercicio de una actividad económica, pero la distribución de esta masa laboral sigue concentrada en sectores de valor agregado medio.
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Desempleo en México cierra 2025 en 2.4%
A pesar de las cifras positivas en cuanto a ocupación, la tasa de informalidad laboral continúa siendo el principal lastre estructural de la economía mexicana. Al cierre de 2025, una proporción significativa de la población ocupada permanece en esquemas que carecen de seguridad social y prestaciones de ley. Esta dualidad del mercado laboral genera una brecha de productividad: mientras que el sector formal vinculado a la exportación e industria adopta estándares globales, una vasta mayoría de la fuerza laboral opera en la precariedad, lo que limita la capacidad de recaudación fiscal y la sostenibilidad de los sistemas de pensiones a largo plazo.
Subocupación y Brecha de Género
Otro indicador que matiza el optimismo del 2.4% es la tasa de subocupación, que agrupa a aquellos trabajadores que tienen la necesidad y disponibilidad de laborar más horas de las que su empleo actual les permite. La persistencia de este indicador sugiere que, aunque hay trabajo, la remuneración o la jornada laboral no son suficientes para cubrir las expectativas de bienestar de una parte del electorado.
Asimismo, la participación femenina en el mercado laboral, aunque ha mostrado avances, sigue enfrentando barreras de entrada estructurales. La brecha salarial y la carga de cuidados no remunerados limitan el potencial del PIB nacional. Un incremento en la tasa de participación de las mujeres hacia niveles de la OCDE podría ser el motor de crecimiento que compense la moderación económica proyectada para los próximos años.
Impacto del Nearshoring en la Especialización del Empleo
El fenómeno de la relocalización de cadenas de suministro (nearshoring) ha comenzado a transformar la demanda de capital humano. Al cierre de 2025, se observa una presión al alza en los salarios de posiciones técnicas especializadas, particularmente en los estados del norte y el bajío. Este fenómeno está creando un mercado laboral de «dos velocidades»: uno altamente tecnificado y demandado, y otro tradicional con salarios estancados. El reto para 2026 será la capacitación masiva de la fuerza laboral para evitar que la falta de talento especializado se convierta en un cuello de botella para la inversión extranjera.
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Cerrar el año con un desempleo del 2.4% es, sin duda, una señal de resiliencia macroeconómica. Sin embargo, el éxito de la política económica para 2026 no deberá medirse únicamente por la cantidad de empleos creados, sino por la transición de la informalidad hacia la formalidad y el incremento en la productividad por hora trabajada. La estabilidad social y el crecimiento sostenido dependerán de la capacidad de los sectores público y privado para convertir esta «plena ocupación» en un mercado laboral de alta calidad, con salarios competitivos y protección social universal.
Fuente: Alto Nivel


