El fin de EPK en Colombia, causas, aprendizajes y el impacto de la liquidación de un gigante de la moda infantil, la industria de la moda infantil en Colombia acaba de perder a uno de sus grandes referentes. EPK, una marca que llegó a vestir a millones de niños y a consolidarse como un ícono en el retail de vestuario, anunció oficialmente su liquidación luego de un complejo y fallido proceso de reorganización empresarial. La decisión fue confirmada por la Superintendencia de Sociedades, organismo que concluyó que la empresa no logró superar sus profundas dificultades financieras.
Este desenlace marca el cierre de casi dos décadas de presencia en el país, en las que EPK alcanzó cifras históricas de ventas y una visibilidad que la convirtió en sinónimo de estilo, comodidad y accesibilidad para las familias colombianas. Sin embargo, detrás de este colapso empresarial hay múltiples factores que se fueron acumulando hasta desembocar en la liquidación.
En este análisis, exploramos en detalle seis razones que explican el fin de EPK en Colombia, los aprendizajes que deja su trayectoria y las consecuencias que su salida tendrá para el sector del retail infantil en el país.
Vea también: Lecciones empresariales tras la liquidación de Don Jediondo Sopitas y Parrilla
EPK: de la expansión global al éxito en Colombia
EPK nació en Venezuela en 2001, fruto de la visión del empresario venezolano Álvaro Roche Cisneros y el francés Patrick Leret, quienes combinaron creatividad, sensibilidad por la moda y un modelo de franquicias que rápidamente llevó a la marca a expandirse a decenas de países. En pocos años, EPK estaba presente en más de 67 mercados internacionales, con un posicionamiento aspiracional y precios competitivos.
Colombia fue uno de los territorios clave en esa expansión. En 2006, la operación fue asumida por Samuel Tcherassi, miembro de una reconocida familia vinculada al sector moda. Desde entonces, EPK se consolidó como líder en el segmento infantil, logrando picos de facturación que superaron los $167 mil millones en 2018, con más de 70 tiendas físicas en todo el territorio nacional.
El atractivo de EPK estaba en su capacidad de ofrecer prendas modernas y cómodas, accesibles para un público masivo, pero con un halo de exclusividad que la distinguía frente a competidores locales. Su modelo de negocio fue, durante un tiempo, un ejemplo de cómo construir marca en el sector textil infantil.
No obstante, el camino de éxito empezó a deteriorarse por una serie de factores estructurales que minaron su sostenibilidad.
Conflictos entre los fundadores
El primer gran golpe a la estabilidad de EPK surgió de los conflictos internos entre sus fundadores. Desde 2012, se hicieron evidentes las tensiones entre Roche y Leret por presuntas irregularidades en los estados financieros de la compañía en Venezuela entre 2008 y 2011.
Aunque en 2014 un juez en Caracas desestimó las acusaciones, la relación quedó irremediablemente fracturada. Estas disputas no solo erosionaron la confianza entre socios, sino que generaron un ambiente de incertidumbre que terminó afectando la operación internacional de la marca.
En Colombia, donde la familia Tcherassi llevaba las riendas, la situación fue particularmente complicada: en un modelo de franquicias, la confianza entre licenciante y licenciatario es fundamental. Cuando esa confianza se rompe, el riesgo reputacional y comercial se multiplica. Este conflicto marcó el inicio del deterioro que culminaría años después con la liquidación.
Debilidad contractual: franquicias sin blindaje jurídico
El segundo factor decisivo fue la ausencia de contratos sólidos que respaldaran la operación de EPK en Colombia. En 2006, la sociedad Inversiones Plas Iniciales (hoy EPK Kids Smart) se creó para administrar la marca en el país. Sin embargo, el contrato de franquicia con EPK Brands se estableció de manera verbal, sin un documento jurídico que garantizara los derechos y obligaciones de las partes.
Con el paso de los años, esta debilidad se convirtió en un verdadero talón de Aquiles. Leret transfirió los derechos de la marca a Bridgewood Capital Inc., sociedad en la que tenía mayor participación, lo que dejó a los socios iniciales con menos control. El vacío legal limitó la capacidad de la operación en Colombia para defender su uso de la marca y generó una serie de litigios que golpearon la estabilidad del negocio.
En una industria globalizada como la moda, carecer de contratos blindados es una vulnerabilidad que puede costar muy caro.
Endeudamiento insostenible y deterioro financiero
Aunque 2018 fue el año de mayor facturación para EPK en Colombia, las cifras no lograron traducirse en estabilidad financiera. El crecimiento, más que fortalecer la empresa, la llevó a asumir compromisos que luego resultaron imposibles de sostener.
De acuerdo con los estados financieros a diciembre de 2023, Akmios S.A.S., sociedad operadora en Colombia, reportaba activos por $70.673 millones frente a pasivos por $174.304 millones. Es decir, sus deudas más que duplicaban sus activos.
Este nivel de apalancamiento insostenible generó un círculo vicioso: sin liquidez para responder a proveedores y acreedores, la empresa solicitó acogerse a un proceso de reorganización empresarial ante la Superintendencia de Sociedades. Sin embargo, el plan de salvamento nunca logró consolidarse y el camino terminó en la liquidación judicial.
Pérdida de relevancia en el mercado
Otro de los factores que explica la caída de EPK es su pérdida de competitividad en el sector de moda infantil. Durante la última década, el retail colombiano ha sido escenario de una transformación acelerada:
-
La llegada de marcas internacionales con mayor músculo financiero.
-
El fortalecimiento de cadenas locales que aprovecharon la tradición textil del país.
-
El auge del e-commerce, con gigantes que capturaron a consumidores jóvenes y digitales.
EPK, que en sus inicios fue vista como una marca moderna y aspiracional, no supo adaptarse con rapidez. Su propuesta de valor perdió frescura, sus tiendas físicas se quedaron rezagadas frente a experiencias más innovadoras y su incursión en el comercio electrónico fue insuficiente para competir en el nuevo ecosistema digital.
El mercado infantil es altamente dinámico, y quienes no logran reinventarse con agilidad corren el riesgo de quedar relegados, tal como ocurrió con EPK.
Problemas de gobernanza y reputación
La acumulación de conflictos internos, la falta de transparencia contractual y los litigios alrededor de la marca deterioraron la reputación de EPK. En un sector como el de la moda, donde la imagen y la confianza son activos fundamentales, este tipo de controversias tienen un efecto devastador.
Para el empresario Samuel Tcherassi, mantener una operación vinculada a una marca con tantas disputas resultaba cada vez más inviable. Su apellido está asociado al prestigio en la moda gracias a su hermana, la reconocida diseñadora Silvia Tcherassi, lo que hacía aún más riesgoso sostener un negocio empañado por cuestionamientos y conflictos jurídicos.
La gobernanza débil y la reputación afectada terminaron debilitando la marca no solo frente a inversionistas, sino también frente a consumidores que buscaban experiencias más confiables.
Una reorganización imposible
Finalmente, aunque EPK intentó salvarse mediante un proceso de reorganización empresarial bajo la Ley 1116 de 2006, los esfuerzos fueron insuficientes. La Superintendencia de Sociedades, encabezada por Billy Escobar, determinó que la empresa no tenía viabilidad para continuar y ordenó la liquidación judicial.
Según Escobar, la medida busca proteger el orden económico, los activos de la compañía y los derechos de los acreedores. En la práctica, esto significa que los proveedores e instituciones financieras deberán intentar recuperar lo que les corresponde a través del proceso legal, mientras la operación de la marca llega a su fin.
El impacto de la liquidación de EPK en Colombia
La salida de EPK marca un hito en la historia del retail colombiano. Más allá del cierre de una marca, este caso deja múltiples lecciones para el sector:
-
La importancia de los contratos sólidos en franquicias y licencias.
-
La necesidad de disciplina financiera, evitando niveles de endeudamiento insostenibles.
-
La obligación de innovar constantemente en un mercado tan competitivo como la moda infantil.
-
La relevancia de la gobernanza empresarial, donde la transparencia y la confianza son pilares esenciales.
-
La adaptación al comercio electrónico, que ya no es opcional sino un requisito de supervivencia.
EPK deja una huella en la memoria de los consumidores que vistieron a sus hijos con sus colecciones y en el sector empresarial como un caso de estudio de cómo una marca exitosa puede desmoronarse por la combinación de conflictos societarios, errores estratégicos y falta de adaptación al entorno.
Vea también: Grupo Poma y su Legado en Colombia
Un final que deja aprendizajes
La historia de EPK en Colombia demuestra que el éxito comercial no es garantía de sostenibilidad si no está respaldado por bases sólidas en lo jurídico, financiero y estratégico. Su liquidación recuerda a empresarios y marcas del retail que la permanencia en el mercado depende no solo de la aceptación del consumidor, sino también de una estructura empresarial blindada frente a crisis, disputas y transformaciones del entorno.
Aunque el proceso de liquidación apenas comienza, EPK ya se consolida como un caso emblemático de estudio en la historia empresarial de Colombia. Su desaparición representa una pérdida para el consumidor y un golpe al mercado de moda infantil, pero también una fuente de enseñanzas para quienes buscan construir marcas perdurables. Según publica Mall & Retail

