La quiebra de Corona ha puesto en evidencia no solo la fragilidad de algunas empresas del retail chileno frente a contextos adversos, sino también el alto valor intangible que pueden tener sus activos, en especial las marcas comerciales. Antes de que la firma iniciara formalmente su proceso de liquidación voluntaria, reveló una serie de activos en su intento por lograr una reorganización judicial. Entre ellos, la marca «Corona» fue valorizada en más de $12 mil millones, destacándose como uno de los bienes más relevantes dentro del portafolio de la compañía.
Quiebra de Corona
La valorización de sus activos formaba parte de un informe clave presentado por la empresa en el marco del procedimiento de reorganización iniciado ante tribunales. Según esos documentos, la suma total de los bienes declarados alcanzaba los $47.303 millones, cifra que hoy parece contrastar con la realidad: una firma al borde de la disolución, sin acceso a financiamiento y con una pesada carga de deudas por más de $66 mil millones.
Activos declarados por Corona antes de su liquidación
El desglose de los activos de Corona muestra que los bienes más significativos no estaban en inmuebles, tecnología ni infraestructura, sino en aspectos intangibles y mercadería. El principal ítem declarado fue el de existencias materiales (ropa, calzado y otros productos almacenados), con una valorización de $26.789 millones.
Sin embargo, el segundo componente más importante en términos de valor correspondía a las marcas comerciales, con una cifra total de $12.318 millones. De esta suma, la marca “Corona” representaba $12.244 millones, destacándose ampliamente por sobre otras.
El informe también mencionaba marcas secundarias, como la denominada “Liquidación escándalo de Corona con un destape de precios”, valorada en $905 millones. Si bien no se trata de una marca de uso frecuente, refleja las estrategias de marketing empleadas por la empresa en temporadas de descuentos masivos y campañas agresivas.
Este inventario fue incluido como parte de los activos que la empresa presentó ante la justicia en su fallido intento de reorganización. No obstante, al no lograr el respaldo financiero necesario para concretar su plan de reestructuración, la firma optó finalmente por avanzar hacia la liquidación voluntaria.
El caso de Corona demuestra que incluso cuando una marca cuenta con un reconocimiento importante y un valor contable elevado, esto no es garantía de viabilidad financiera. La marca fue dada como prenda en los documentos judiciales, lo que implica que estaba comprometida como garantía frente a ciertas obligaciones, probablemente con entidades financieras o acreedores clave.
La historia reciente de Corona estuvo marcada por años de dificultades, competencia intensa en el mercado del retail, cambios en los hábitos de consumo, y desafíos financieros crecientes. El golpe final fue la imposibilidad de acceder al financiamiento comprometido en su plan de reorganización, el cual inicialmente contaba con apoyo de parte de sus acreedores, pero que no logró materializarse.
Sin acceso a nuevos recursos, y con una deuda acumulada de más de $66.951 millones, la compañía no tuvo otra opción más que iniciar su proceso de liquidación voluntaria, el cual será presentado ante tribunales durante los próximos días. Este paso implica la venta de activos para cubrir obligaciones con los acreedores, incluyendo marcas, inventarios y eventualmente propiedades si las tuviera.
Los acreedores detrás de la caída
Corona tenía como principales acreedores a bancos chilenos y proveedores internacionales, lo que refleja su exposición tanto a créditos comerciales como a compromisos de importación. Entre los nombres más relevantes están:
- Banco Internacional
- Banco Bci
- Proveedor chino Anhui Garments
Estos actores jugaron un papel clave en las decisiones tomadas durante el proceso de reorganización, especialmente cuando se trataba de evaluar el plan de reestructuración presentado por la empresa. Pese a un apoyo inicial, la falta de respaldo financiero selló el destino de la compañía.
El contexto general del retail, donde las empresas compiten por márgenes estrechos y requieren altos volúmenes de venta para sostener su estructura de costos, también fue un factor que complicó aún más la situación.
El caso de Corona vuelve a poner sobre la mesa un tema poco visible pero fundamental en procesos de insolvencia: la valorización de marcas comerciales. Este tipo de activos intangibles puede llegar a tener un peso significativo en los balances, sobre todo en sectores como el retail, donde la percepción del consumidor, la tradición y el reconocimiento de marca representan ventajas competitivas reales.
No obstante, en situaciones de crisis, el valor contable de una marca puede diferir drásticamente de su valor de mercado. Aunque Corona estimaba en $12.244 millones el valor de su marca principal, es incierto cuánto podría obtener en una eventual subasta pública o venta forzada. En muchos casos, las marcas en liquidación se venden por una fracción de su valor teórico, debido a la urgencia del proceso y a la incertidumbre sobre su viabilidad futura bajo otros operadores.
Además, cuando una marca está legalmente comprometida como prenda, su venta debe ser autorizada por los acreedores que la tienen como garantía, lo que agrega complejidad a la operación.
¿Puede corona seguir existiendo bajo otra administración?
Uno de los escenarios posibles durante una liquidación es que un tercero compre la marca Corona y decida continuar su explotación comercial bajo otro formato, administración o modelo de negocio. En este tipo de operaciones, es común que empresas competidoras, fondos de inversión o nuevos emprendedores adquieran marcas con valor simbólico fuerte y traten de reposicionarlas.
Si bien esto depende de múltiples factores, incluyendo la percepción del consumidor, la situación financiera del comprador y el contexto económico general, el alto valor declarado de la marca sugiere que existe interés potencial en mantenerla activa.
Al mismo tiempo, no debe descartarse que otras marcas secundarias también puedan ser vendidas, ya sea para campañas específicas, licencias o desarrollos digitales.
El caso de Corona no ocurre en el vacío. Forma parte de una serie de quiebras y procesos de reorganización que han afectado al comercio chileno en los últimos años, particularmente entre empresas que operaban bajo modelos tradicionales de retail físico, con fuerte dependencia de locales propios y cadenas de suministro internacionales.
Los desafíos de la digitalización del comercio, el auge del e-commerce, la inflación y la caída del consumo en ciertos segmentos han golpeado especialmente a empresas medianas que no lograron adaptarse con la velocidad necesaria.
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Asimismo, el aumento en los costos logísticos y las restricciones de acceso a financiamiento para actores medianos y pequeños han hecho que el retail chileno se polarice, con grandes operadores como Falabella, Ripley o Mercado Libre ganando terreno, y muchos competidores locales desapareciendo.
Corona es un ejemplo claro de cómo una marca bien posicionada en el imaginario chileno —especialmente entre consumidores de segmentos populares— puede tener un gran valor intangible, pero aún así verse superada por las malas decisiones financieras, los cambios del mercado y la falta de adaptación.
La valorización de su marca en más de $12 mil millones revela que aún en medio de la crisis, el nombre tiene peso, recordación y potencial comercial. Sin embargo, no fue suficiente para frenar una caída marcada por la acumulación de pasivos, la pérdida de competitividad y una fallida estrategia de reorganización.
La historia de esta multitienda, ligada a la familia Schupper, quedará como una advertencia para el mundo empresarial: el valor de una marca no compensa por sí solo una gestión financiera deficiente.
El final de Multitiendas Corona representa mucho más que la liquidación de una empresa tradicional del retail chileno. Es la muestra de cómo una marca puede seguir teniendo un valor contable importante, pero eso no basta si no hay una estrategia financiera robusta que la respalde.
Mientras avanza su proceso de liquidación voluntaria, queda por ver si algún actor del mercado decide adquirir la marca Corona y devolverla a las vitrinas bajo un nuevo modelo. Por ahora, la historia se cierra con una marca valorizada en más de $12 mil millones, pero sin empresa que la sostenga.


