Algramo se declara en quiebra. La empresa chilena, reconocida por su modelo de venta de productos básicos en envases reutilizables y su compromiso con la economía circular, inició oficialmente un proceso de liquidación voluntaria tras enfrentar una serie de dificultades financieras que hicieron inviable su continuidad. La solicitud fue presentada por su fundador, José Manuel Moller, ante el 9º Juzgado Civil de Santiago.
Este cierre marca el final de una startup que nació en 2012 con el objetivo de combatir el sobreprecio que pagan las familias más vulnerables por adquirir productos en formatos pequeños.
Su propuesta: vender a granel mediante dispensadores inteligentes, reduciendo tanto el gasto de los consumidores como la generación de residuos.
Una apuesta pionera en economía circular
Desde sus inicios, Algramo se posicionó como una solución innovadora dentro del ecosistema de emprendimientos sociales. Su modelo apuntaba a transformar la lógica de consumo tradicional, reemplazando envases de un solo uso por un sistema de recarga con tecnología integrada. Esto no solo permitía abaratar costos, sino también reducir significativamente el impacto ambiental.
Con el paso de los años, la empresa fue ampliando su alcance. Lo que comenzó con la venta de detergente en polvo en barrios vulnerables de Santiago, evolucionó hacia una oferta más diversa que incluía alimentos y productos de limpieza a través de envases retornables. Incluso llegó a firmar alianzas con marcas multinacionales como Unilever, Coca-Cola y Walmart, lo que consolidó su presencia en supermercados y cadenas de retail.
El contexto global y la caída del compromiso ambiental
A pesar de los avances, la empresa no logró superar las complejidades de escalar su modelo de negocio de manera sostenible. En su declaración ante la justicia, Moller explicó que 2024 fue un año crítico: muchos de los socios y clientes decidieron reducir o eliminar sus compromisos ambientales, especialmente en lo que respecta a programas de reutilización. Esta decisión tuvo un efecto inmediato en la operación de Algramo, que vio caer drásticamente sus ingresos.
“El impulso ambiental que el mundo necesitaba fue frenado por el nuevo escenario global”, declaró el fundador en su carta de cierre. Moller agregó que factores como la guerra en Ucrania, las crisis económicas y la reorganización de prioridades empresariales influyeron directamente en que grandes empresas optaran por dejar de lado la reutilización y enfocarse solo en el reciclaje, considerado menos costoso y más fácilmente integrable en sus operaciones actuales.
Liquidación voluntaria y situación financiera
Ante este escenario de inviabilidad financiera y operativa, Algramo Chile SpA solicitó la liquidación voluntaria simplificada, procedimiento reservado para pequeñas empresas según la legislación vigente. En 2024, la firma tuvo ingresos por debajo de las 25.000 UF y contaba con solo 10 trabajadores, cumpliendo así con los requisitos legales.
La compañía informó pasivos totales por $628 millones. Entre los principales acreedores figuran:
- Banco BCI, con $172 millones
- José Manuel Moller, fundador, con $63 millones
- Cedric Moller, con $54 millones
- Angel Ventures, con $50 millones
- Niulpi Internacional, del abogado Nicolás Ulloa, con $39 millones
También aparece como acreedor Leonardo Prieto, fundador de proyectos como FayerWayer, Betazeta, Lemu, Odd e ImageMaker, a través de su sociedad Inversiones Prieto y Siebert SpA, con un crédito de $24 millones.
Además, la empresa mantiene deudas laborales con sus 10 trabajadores por un total de $51 millones, a lo que se suman otros $16 millones adeudados en cotizaciones previsionales. La representación legal de Moller en este proceso está a cargo del abogado Cristóbal Horvitz, socio del estudio ARH Abogados.
Qué activos posee Algramo
A pesar de la compleja situación financiera, Algramo cuenta con algunos activos de carácter intangible, en especial relacionados con su propiedad intelectual. En su presentación judicial, la empresa incluyó certificados de inscripción de varias marcas registradas ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI), tales como:
- Algramo
- SMART YOUR OWN by Algramo
- RONDA BY Algramo
- Recarguemos el futuro
- Packaging as a Wallet
- O
La marca principal, “Algramo”, fue valorizada comercialmente en $325 millones, aunque el documento aclara que la compañía no posee bienes raíces, derechos sobre inmuebles, agua ni instrumentos financieros, lo que limita sus posibilidades de recuperar liquidez.
El cierre de la startup fue comunicado de forma directa por su fundador a través de LinkedIn, donde compartió un emotivo mensaje con la comunidad emprendedora, trabajadores, aliados y clientes. “Después de casi 15 años trabajando por un consumo más justo, llegó el momento de cerrar la operación de Algramo, una empresa que para muchos demostró que otra forma de consumir es posible”, escribió Moller, acompañado de una nota de prensa que detallaba el fin de las operaciones.
En su publicación, el emprendedor destacó el carácter colectivo y responsable de la decisión, que fue tomada en conjunto con el equipo de trabajo. “No fue fácil: fue una decisión colectiva y responsable frente a un escenario global que cambió drásticamente”, reflexionó.
El mensaje fue ampliamente compartido y recibió comentarios de apoyo por parte de otros emprendedores, expertos en sostenibilidad y miembros del ecosistema de innovación chileno e internacional.
El caso de Algramo representa uno de los esfuerzos más destacados en Latinoamérica por integrar la innovación tecnológica al servicio de la sostenibilidad. A lo largo de más de una década, la startup:
- Democratizó el acceso a productos básicos mediante envases reutilizables e inteligentes.
- Redujo la generación de residuos plásticos en los hogares y en la cadena de suministro.
- Inspiró nuevas iniciativas de emprendimiento con propósito.
- Colaboró con grandes actores del retail, demostrando que es posible insertar modelos circulares en estructuras comerciales tradicionales.
Sin embargo, también deja lecciones importantes sobre los desafíos que enfrentan las empresas de impacto en un entorno volátil. La falta de políticas públicas robustas, la dependencia de grandes clientes y la presión por escalar rápidamente son factores que pueden poner en riesgo incluso a las propuestas más bienintencionadas.
El cierre de Algramo plantea preguntas relevantes sobre el verdadero compromiso de las empresas y los consumidores con la sostenibilidad. Si bien los discursos corporativos suelen destacar iniciativas verdes, la realidad es que muchas de estas acciones se frenan o se abandonan cuando el contexto económico se vuelve adverso.
Vea también: El fin de Algramo y su modelo de reutilización
Modelos como el de Algramo, basados en la reutilización más que en el reciclaje, requieren no solo voluntad empresarial, sino también inversión, regulación favorable y una ciudadanía dispuesta a cambiar hábitos de consumo. En ese sentido, su cierre no significa que su propuesta esté equivocada, sino que aún falta mucho por construir para que estas alternativas sean viables a gran escala.
Pese a su quiebra, Algramo deja una marca indeleble en la historia reciente del emprendimiento social chileno. Su trabajo mostró que era posible repensar cómo consumimos, y que la tecnología puede ser una aliada para el cambio estructural en hábitos de compra y producción.
Hoy, su historia servirá de inspiración —y advertencia— para quienes buscan innovar desde un enfoque de propósito, en un mundo donde la sostenibilidad ya no puede ser opcional, pero aún necesita modelos económicos sólidos para prosperar.


