Lo que comenzó como una opción de nicho está transformando la industria cervecera en Costa Rica. El auge de la cerveza sin alcohol (0.0% ABV) ha dejado de ser una alternativa circunstancial para convertirse en un segmento estratégico que responde a un cambio generacional en los hábitos de consumo, donde la moderación y el bienestar son las prioridades.
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Impulsores del crecimiento: Salud y nuevos estilos de vida
El dinamismo de este mercado en el país se apoya en tres pilares fundamentales:
- Consumo Consciente: Los consumidores, especialmente los millennials y la Generación Z, buscan experiencias sociales sin los efectos del alcohol, priorizando el rendimiento físico y la salud mental.
- Innovación en Sabor: Gracias a nuevas tecnologías de desalcoholización, las marcas han logrado replicar el perfil sensorial (cuerpo, aroma y amargor) de las cervezas tradicionales, eliminando el estigma del sabor «plano» de las versiones anteriores.
- Ocasiones de Consumo Ampliadas: Este producto permite a las marcas penetrar en momentos del día antes inaccesibles, como almuerzos laborales, después de actividades deportivas o en eventos donde los asistentes deben conducir.
El mercado de la cerveza sin alcohol en Costa Rica
Tanto los gigantes de la industria nacional como las cervecerías artesanales han reaccionado a esta demanda:
Portafolio Expandido: Las principales distribuidoras han introducido versiones «Zero» de sus marcas más emblemáticas, apalancándose en la lealtad del consumidor costarricense.
Cervecería Artesanal: Los productores locales están incursionando en este terreno con propuestas de mayor complejidad organoléptica, utilizando lúpulos premium para atraer a los entusiastas de la cerveza que buscan opciones saludables.
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A pesar de que el volumen total sigue siendo una fracción del mercado cervecero tradicional, las tasas de crecimiento anual de la cerveza sin alcohol superan a las de sus contrapartes con graduación. Se espera que la oferta en supermercados, restaurantes y centros deportivos continúe diversificándose, consolidando a Costa Rica como uno de los mercados regionales con mayor apertura a esta categoría.
La industria enfrenta ahora el reto de mantener precios competitivos —dado que los procesos de producción suelen ser más costosos y tecnificados— y de educar al consumidor sobre los beneficios de una categoría que promete seguir ganando espacio en la mesa de los costarricenses.
Fuente: El Financiero


