El ecosistema financiero de Panamá continúa consolidándose como el corazón económico de la región. Según los datos más recientes del primer trimestre de 2026, el Centro Bancario Internacional (CBI) ha reportado un crecimiento extraordinario en sus depósitos, alcanzando una cifra del 6.59%. Este incremento no es solo un número en un balance; es un testimonio de la confianza que los depositantes, tanto locales como extranjeros, depositan en la infraestructura financiera del istmo.
A pesar de las fluctuaciones en los mercados globales y las tensiones geopolíticas que han marcado el inicio de este año, Panamá logra diferenciarse mediante una gestión prudente y una capitalización robusta. La solidez del sistema no es producto del azar, sino de una regulación estricta y una adaptabilidad tecnológica que ha permitido al CBI mantenerse a la vanguardia.
El aumento del 6.59% en la captación de recursos refleja una tendencia clara: la búsqueda de refugios seguros. Los depósitos totales han mostrado una dinámica ascendente que se desglosa en dos frentes principales:
El mercado local y la confianza doméstica
Los ahorros de los ciudadanos y las empresas panameñas representan el núcleo de esta estabilidad. El crecimiento en este segmento sugiere una economía interna que, aunque enfrenta retos de inflación moderada, mantiene una capacidad de generación de flujo constante. La bancarización y la digitalización de los servicios financieros han facilitado que más capital entre formalmente al sistema.
Panamá sigue siendo el puerto seguro para el capital latinoamericano. Ante la volatilidad política en otros países de la región, el CBI se percibe como una plataforma neutral y eficiente. Los depósitos de no residentes han visto un repunte significativo, lo que inyecta liquidez al sistema y permite a los bancos diversificar sus carteras de crédito.
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Indicadores de Solidez: Más allá de los depósitos
Aunque los depósitos son el titular principal, la verdadera noticia reside en la salud estructural del sistema. La Superintendencia de Bancos de Panamá (SBP) ha enfatizado que los niveles de solvencia y liquidez superan con creces los mínimos regulatorios internacionales establecidos por Basilea III.
Para 2026, el índice de adecuación de capital del CBI se mantiene en rangos altamente competitivos. Esto significa que los bancos cuentan con «músculo» suficiente para absorber posibles pérdidas crediticias o enfrentar choques externos sin comprometer el dinero de los ahorradores.
La liquidez del sistema es otro punto alto. Al no contar con un Banco Central que actúe como prestamista de última instancia, el sistema bancario panameño está diseñado para ser intrínsecamente líquido. Los bancos mantienen reservas de alta calidad que les permiten cumplir con sus obligaciones de manera inmediata, una característica que atrae a los grandes inversores institucionales.
El Impacto de la Tecnología y la Transformación Digital
No se puede explicar el éxito del CBI en 2026 sin mencionar la revolución tecnológica. La adopción de la banca en la nube, la implementación de inteligencia artificial para la prevención de fraude y la mejora de la experiencia del usuario a través de aplicaciones móviles han sido determinantes.
Eficiencia Operativa: La automatización ha permitido a los bancos reducir costos operativos, lo que se traduce en márgenes más saludables y mejores tasas para los clientes.
Ciberseguridad: Ante las amenazas globales, el sector bancario panameño ha realizado inversiones millonarias en blindar sus sistemas, lo que refuerza la percepción de seguridad del centro.
El Rol de la Supervisión: El papel de la SBP
La gestión de la Superintendencia de Bancos ha sido clave para mantener al país fuera de listas discriminatorias y fortalecer la transparencia. La implementación de normativas rigurosas de «Conoce a tu cliente» (KYC) y contra el blanqueo de capitales ha profesionalizado el sector a niveles internacionales.
En 2026, el enfoque de la supervisión ha girado hacia los riesgos climáticos y la banca sostenible (ESG). Los bancos en Panamá no solo están creciendo en depósitos, sino que están alineando sus carteras de crédito con proyectos que promueven la sostenibilidad ambiental, un requisito cada vez más valorado por los fondos de inversión globales.
El crecimiento del 6.59% en los depósitos del Centro Bancario Internacional es una señal clara de que Panamá ha sabido navegar las aguas turbulentas de la economía mundial en 2026. La combinación de solidez legal, estabilidad monetaria (dolarización) y una regulación de clase mundial posiciona al país no solo como un receptor de capital, sino como un motor de desarrollo regional.
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Para los inversionistas y ahorradores, el mensaje es de continuidad y fortaleza. El CBI ha demostrado que, incluso en tiempos de cambio, su estructura está diseñada para proteger el patrimonio y fomentar la prosperidad. El reto ahora es transformar esa liquidez en crédito productivo que siga impulsando los grandes proyectos de infraestructura y emprendimiento que Panamá necesita.



