El panorama económico de Costa Rica para el próximo bienio ha entrado en una fase de recalibración. El Banco Central de Costa Rica (BCCR), a través de su más reciente Informe de Política Monetaria, ha oficializado un ajuste a la baja en sus expectativas de crecimiento. Para el cierre de 2026, la autoridad monetaria ahora proyecta una expansión del 3.5%, una cifra que, aunque positiva, marca una distancia respecto al 3.8% que se vaticinaba a principios de año.
Este ajuste de 0.3 puntos porcentuales no es un evento aislado, sino el reflejo de una coyuntura global y doméstica compleja. La revisión también alcanzó las proyecciones para el año 2027, situándolas en un 3.6%, frente al 4% previo. ¿Qué factores están inclinando la balanza hacia esta desaceleración controlada? A continuación, desglosamos las causas y las implicaciones de este nuevo rumbo financiero.
Los pilares de la revisión: ¿Por qué crece menos el país?
La actualización de las cifras por parte del BCCR responde a una combinación de fatiga en la demanda interna y choques externos imprevistos. Según el presidente de la entidad, Róger Madrigal, el país se enfrenta a un escenario donde la riqueza global se está viendo comprometida.
El principal motor de la economía costarricense, el consumo interno, ha mostrado señales de agotamiento. Las proyecciones iniciales situaban el crecimiento del gasto de las familias en un 4%, pero la realidad del mercado ha obligado a reducir esta expectativa al 3.5%. Este fenómeno se explica por un poder adquisitivo que se ve presionado por el costo de vida y una cautela mayor en las decisiones de inversión privada de los ciudadanos.
Uno de los factores externos más determinantes es la volatilidad en el mercado de commodities. El aumento en los precios internacionales del petróleo tiene un efecto directo y multiplicador en la economía nacional, encareciendo no solo el transporte, sino también la producción industrial y la generación de servicios. Esta presión al alza sobre los costos operativos es un lastre que limita la expansión de las empresas locales.
El impacto del contexto geopolítico
El comercio internacional enfrenta cuellos de botella críticos. El BCCR ha señalado específicamente los bloqueos en el Estrecho de Ormuz, una arteria vital para el flujo mundial de hidrocarburos y gas natural. La inestabilidad en estas rutas logísticas encarece los fletes y genera incertidumbre en el suministro de insumos estratégicos, impactando directamente la estructura de costos en Costa Rica.
A pesar del entorno de desaceleración, el Banco Central mantiene una vigilancia estrecha sobre el índice de precios. Se anticipa un repunte inflacionario a partir de este mes de mayo, impulsado principalmente por:
Combustibles: El alza en los derivados del crudo se trasladará gradualmente a los precios finales.
Insumos Agrícolas: El sector primario enfrenta costos más altos en fertilizantes y maquinaria, lo que podría presionar el precio de la canasta básica.
No obstante, existe un mensaje de tranquilidad desde el edificio de la Avenida Central: la entidad prevé que la inflación cerrará el 2026 dentro del rango meta establecido de entre el 2% y el 4%. Esto sugiere que, si bien la economía crecerá a un ritmo más lento, se mantendrá una estabilidad de precios que evitará una erosión drástica del bienestar social.
El escenario de los socios comerciales: Menor demanda externa
Costa Rica es una economía abierta y, como tal, depende profundamente de la salud financiera de sus aliados. Madrigal ha sido enfático: «El mundo es más pobre hoy en nuestras proyecciones». La desaceleración en potencias económicas y socios regionales significa que la demanda por exportaciones costarricenses —desde dispositivos médicos hasta servicios tecnológicos y productos agrícolas— podría moderarse.
Este menor dinamismo externo obliga al país a buscar nichos de eficiencia y a fortalecer la competitividad logística para mantener su cuota de mercado en un entorno global menos boyante.
Informes recientes sugieren que el consumidor costarricense se ha vuelto más sofisticado y exigente. El 80% de los usuarios admite haber cambiado de proveedor en busca de mejores precios. En un escenario de crecimiento moderado, las empresas que logren equilibrar la calidad con la competitividad de costos serán las que sobrevivan a la «tensión» operativa del mercado.
Es fundamental distinguir entre contracción y desaceleración. El Banco Central no está pronosticando una recesión ni una caída en la producción; lo que se proyecta es una marcha más lenta de la maquinaria económica. Un crecimiento del 3.5% sigue siendo robusto en comparación con otros países de la región, pero exige una gestión fiscal y monetaria impecable para evitar que las presiones externas descarrilen la estabilidad lograda.
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El éxito de Costa Rica en 2026 y 2027 dependerá de su capacidad para adaptarse a una economía global más austera y de su habilidad para fomentar el consumo interno sin disparar la inflación. La hoja de ruta está trazada, y aunque el camino tiene más obstáculos de los previstos en enero, la resiliencia del modelo costarricense sigue siendo su principal activo.


