COP30, Brasil impulsa inclusión climática global, la próxima Conferencia de las Partes (COP30), que tendrá lugar en la ciudad amazónica de Belém en noviembre de 2025 y marcará el décimo aniversario del histórico Acuerdo de París, se perfila como un hito crucial en la lucha global contra el cambio climático. Brasil, como anfitrión y presidente de esta edición, ha propuesto una iniciativa audaz y expansiva: ampliar los compromisos de reducción de emisiones para incluir activamente las promesas de empresas, estados y ciudades. Este enfoque busca fortalecer los esfuerzos climáticos globales, reconociendo que la acción climática efectiva va más allá de los compromisos nacionales y requiere la participación de una gama más amplia de actores.
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La propuesta surge en un momento crítico para la gobernanza climática internacional. Los diplomáticos brasileños, inmersos en los preparativos de la cumbre, han estado trabajando estrechamente con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para incentivar a los países a presentar objetivos actualizados para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero antes de septiembre. Esta urgencia se debe a que muchos países no lograron cumplir con el plazo original de febrero para la actualización de sus metas, lo que subraya la necesidad de un nuevo impulso y un marco más inclusivo para la acción.
El Acuerdo de París, un pacto que une a casi todas las naciones del mundo en el objetivo común de limitar el calentamiento global a muy por debajo de los 2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales (con un esfuerzo por mantenerlo en 1.5 grados Celsius), exige que los países presenten estos objetivos, conocidos como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), y los actualicen periódicamente, cada pocos años, para reflejar una ambición creciente. La propuesta brasileña busca darle una nueva dimensión a este proceso.
La Propuesta Brasileña: Una «NDC Global»
En una carta formal publicada recientemente, el presidente de la COP30, el embajador Andre Correa do Lago, detalló la innovadora propuesta de Brasil. La iniciativa busca ampliar la vía para reducir emisiones creando una «NDC global». Este concepto revolucionario busca integrar objetivos y acciones de una diversidad de actores más allá de los gobiernos nacionales, incluyendo a empresas, la sociedad civil y todos los niveles de gobierno (desde los nacionales hasta los subnacionales, como estados y ciudades).
El objetivo principal de esta «NDC global» es transformar el Global Stocktake, el proceso fundamental de revisión colectiva de los avances logrados en la implementación del Acuerdo de París. «Nuestro objetivo es aportar una nueva dinámica a la acción climática global, alineando los esfuerzos de empresas, la sociedad civil y todos los niveles de gobierno en una acción coordinada», explicó el embajador Lago. Para esta iniciativa ampliada, propuso el término «GDC» o «Contribución Determinada Globalmente», un acrónimo que encapsula la visión de una participación más holística y compartida en la mitigación del cambio climático.
Aunque el embajador Lago no presentó explícitamente la iniciativa como una respuesta directa a los cambios en la política climática de Estados Unidos durante administraciones anteriores, sí reconoció que esta propuesta permitiría la participación activa de empresas y gobiernos locales estadounidenses que, a pesar de la retirada formal de la administración Trump del Acuerdo de París, han mantenido su firme compromiso de ayudar a frenar el cambio climático. «Nuestra agenda de acción está abriendo mucho espacio para la parte estadounidense que quiere participar», declaró Lago, resaltando el potencial de esta vía para canalizar la ambición climática de actores subnacionales y del sector privado, incluso en países donde la política federal ha mostrado fluctuaciones. Además, el diplomático brasileño señaló que la propuesta también serviría como un incentivo para aquellos países con objetivos de emisiones más conservadores, animándolos a ser más ambiciosos al ver el compromiso y los avances de otros actores dentro de sus propias fronteras.
El Rol del Sector Privado y Gobiernos Subnacionales
La justificación de Brasil para esta iniciativa se basa en una observación clave: los actores del sector privado suelen avanzar más rápido y con mayor agilidad en la acción climática que los gobiernos nacionales. Esto se debe a que las corporaciones, al igual que los gobiernos locales, a menudo enfrentan menos consideraciones complejas y restricciones políticas que los gobiernos federales. Estos últimos son vulnerables a presiones de sectores económicos específicos (como el papel de las petroleras en el crecimiento económico) o a los enormes costes y desafíos técnicos de transformar infraestructuras nacionales (como la descarbonización de las redes eléctricas).
Dan Ioschpe, un prominente empresario brasileño y «campeón climático» designado para la COP30, ha sido una voz importante en el respaldo de esta iniciativa. Según Ioschpe, la propuesta de la «NDC global» aportará una claridad crucial para que los actores no estatales se alineen de manera efectiva con los objetivos generales establecidos en el Acuerdo de París. «No solo en Estados Unidos, sino en general en países donde el gobierno nacional no está tan involucrado en el tema, estamos viendo a gobernadores, alcaldes y al sector privado sumamente comprometidos», afirmó Ioschpe. Esta observación subraya una tendencia global: la acción climática se está descentralizando y encontrando focos de innovación y ambición en niveles subnacionales y en el ámbito empresarial, incluso cuando las negociaciones internacionales entre estados pueden estancarse.
La experiencia reciente ha demostrado que las empresas, motivadas por la demanda de los consumidores, la presión de los inversores, los beneficios de la eficiencia energética o la mitigación de riesgos reputacionales, pueden implementar rápidamente políticas de sostenibilidad y reducción de emisiones. De manera similar, ciudades y estados, a menudo más cercanos a las realidades locales y con una mayor capacidad para la experimentación, han adoptado políticas climáticas progresistas, desde la promoción de energías renovables hasta el desarrollo de infraestructura de transporte sostenible y la implementación de programas de economía circular. La iniciativa brasileña busca capturar y potenciar esta energía y compromiso.
Impacto y Relevancia en el Décimo Aniversario del Acuerdo de París
La celebración de la COP30 en Belém, una ciudad ubicada en la entrada de la Amazonía, añade un simbolismo poderoso a la iniciativa brasileña. Al marcar el décimo aniversario del Acuerdo de París, esta cumbre es una oportunidad para reflexionar sobre los logros alcanzados y, más importante aún, para identificar las brechas y acelerar la acción. La propuesta de una «GDC» tiene el potencial de ser un catalizador para una mayor ambición climática en varios frentes:
- Aumento de la Responsabilidad: Al incorporar los objetivos de actores no estatales, se crea un sistema más granular y transparente de rendición de cuentas. Las empresas y los gobiernos locales serán más visibles en sus contribuciones, lo que podría generar una mayor presión para el cumplimiento de sus promesas.
- Movilización de Recursos: La inclusión de empresas y fondos de inversión puede desbloquear nuevas fuentes de financiamiento para proyectos climáticos. El sector privado tiene la capacidad de invertir en tecnologías verdes, infraestructuras sostenibles y soluciones innovadoras a una escala que los gobiernos solos no siempre pueden alcanzar.
- Difusión de Mejores Prácticas: Al reconocer y visibilizar los esfuerzos de una diversidad de actores, la «GDC» puede facilitar el intercambio de mejores prácticas y la replicabilidad de soluciones exitosas en diferentes contextos geográficos y económicos. Una ciudad que logre avances significativos en el transporte público sostenible, por ejemplo, podría servir de modelo para otras urbes.
- Fortalecimiento de la Gobernanza Climática: La iniciativa de Brasil busca ir más allá del enfoque tradicional «de arriba hacia abajo» (impulsado por los gobiernos nacionales) y complementar el proceso con un enfoque «de abajo hacia arriba», en el que la acción local y privada informa y eleva la ambición nacional e internacional. Esto puede hacer que la gobernanza climática sea más resiliente y menos susceptible a las fluctuaciones de las políticas nacionales.
- Cohesión de la Acción Climática: Al fomentar la alineación y la coordinación entre diferentes niveles de gobierno y el sector privado, se puede lograr una acción climática más cohesiva y efectiva. La fragmentación de esfuerzos a menudo debilita el impacto general, mientras que la colaboración puede generar sinergias poderosas.
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Desafíos y Oportunidades Futuras
Si bien la propuesta de Brasil es ambiciosa y prometedora, su implementación no estará exenta de desafíos. La definición de métricas estandarizadas para medir los compromisos y el progreso de empresas y gobiernos locales será crucial. También será necesario establecer mecanismos de verificación robustos para asegurar la credibilidad de las «GDC». La diversidad de marcos regulatorios y capacidades en diferentes países y jurisdicciones requerirá un enfoque flexible pero coherente.
Además, la integración de estos compromisos no debe diluir la responsabilidad de los gobiernos nacionales, quienes siguen siendo los principales firmantes del Acuerdo de París y tienen la obligación de presentar NDC ambiciosas y de implementar políticas a nivel nacional. La «GDC» debe ser vista como un complemento, no como un sustituto, de los compromisos nacionales.
A pesar de estos desafíos, las oportunidades que abre la iniciativa brasileña son inmensas. En un momento en que el reloj climático avanza y los informes científicos advierten sobre la urgencia de una acción transformadora, la propuesta de Brasil podría inyectar una nueva vitalidad y un sentido de propósito compartido en las negociaciones climáticas globales. Al reconocer el poder y la voluntad de los actores no estatales, la COP30 en Belém podría sentar las bases para una era de mayor colaboración y ambición climática, donde la acción se extienda desde los salones de la diplomacia internacional hasta las ciudades, las comunidades y las corporaciones en todo el mundo. La visión de una «Contribución Determinada Globalmente» es un recordatorio de que la lucha contra el cambio climático es una responsabilidad compartida que requiere la movilización de todos los sectores de la sociedad.
