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Home Paises Argentina

Argentina-Brasil, competencia con desnivel

by katherine.palacios
junio 23, 2025
in Argentina, Brasil, Financiero
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Argentina-Brasil, competencia con desnivel, la relación comercial entre Argentina y Brasil, dos de las economías más grandes de Sudamérica y pilares del Mercosur, dista mucho de ser un juego equilibrado. Lejos de la paridad ideal que se buscaría en un bloque regional, el escenario actual muestra una cancha inclinada, donde el elevado costo de producir en Argentina y las profundas asimetrías estructurales con Brasil otorgan una ventaja significativa al país vecino. Esta disparidad lleva a que, para muchas empresas argentinas, particularmente las de Córdoba, que operan en ambos mercados, resulte estratégicamente más conveniente centralizar y expandir sus operaciones desde Brasil.

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Esta situación no es una mera percepción empresarial. Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), ya había alertado sobre esta realidad en su reciente visita a Córdoba, señalando que la industria nacional es entre un 25% y un 30% más costosa que la brasileña. Este diferencial de costos es un lastre considerable para la competitividad argentina. Más allá de las fluctuaciones en el tipo de cambio con el dólar, la incidencia directa del costo laboral y la presión fiscal en Argentina son los principales factores que inclinan la balanza a favor de Brasil, generando un desequilibrio que se refleja directamente en el comercio bilateral.

Los datos recientes son irrefutables y cuantifican esta asimetría. Un análisis de la consultora Abeceb revela que el crecimiento de los patentamientos de vehículos en Argentina está siendo impulsado en gran medida por unidades provenientes de Brasil. Hasta mayo de 2025, los vehículos brasileños representaron un contundente 47% del mercado automotriz argentino, superando a las unidades de producción nacional, que se ubicaron en un 44%. Este fenómeno no se limita al sector automotor, sino que se extiende a todo el comercio bilateral, evidenciando un patrón de importaciones creciente desde Brasil.

El déficit comercial de Argentina con Brasil alcanzó en mayo de 2025 los 535 millones de dólares, marcando el valor más alto en los últimos dos años. En el acumulado de 2025, la balanza comercial negativa para Argentina ha crecido un alarmante 28%, ascendiendo a 2,427 millones de dólares. Esta cifra contrasta drásticamente con los 58 millones de dólares de superávit acumulado durante los primeros cinco meses de 2024, ilustrando la rapidez y la magnitud del giro en la dinámica comercial entre ambos países. Mientras las importaciones argentinas desde Brasil se dispararon a 1,698 millones de dólares en mayo de 2025, un 55% más que en mayo de 2024, las exportaciones argentinas al país vecino, aunque crecieron un 20% en mayo respecto al mes anterior, solo lo hicieron un 4% en comparación con mayo de 2024.

La Industria Argentina en Desventaja: «Con Arco y Flechas»

La metáfora empleada por Guillermo Abratte, director general de Doble TT (fabricante de maquinaria agrícola con operaciones en Argentina y Brasil), ilustra vívidamente la situación: «Nos abrieron el juego de golpe y estábamos con arco y flechas, y del otro lado vienen con armas de última generación a pelear el mercado argentino». Esta analogía subraya la percepción de una apertura comercial rápida y, en cierta medida, asimétrica, que ha expuesto a la industria argentina a una competencia para la cual no estaba completamente preparada. «Esta es la dificultad más grande que vamos a tener como industria. ¿Cómo nos transformamos? ¿Cómo soportamos el embate que estamos teniendo?», se pregunta Abratte, reflejando la incertidumbre y la necesidad urgente de adaptación.

A diferencia de Argentina, Brasil posee un mercado interno de dimensiones colosales y cuenta con industrias de gran magnitud que operan con una estabilidad estructural forjada a lo largo de mucho tiempo. Esta solidez, sumada a una coyuntura interna relativamente tranquila en el país vecino, impulsa a las empresas brasileñas a buscar activamente mercados externos, encontrando en Argentina una economía «totalmente abierta y dispuesta a recibir sus productos».

Esta coyuntura obliga a la industria argentina, que durante un largo período se desenvolvió en un entorno relativamente cerrado y proteccionista, a reacomodarse con urgencia para poder mantener el ritmo de la creciente apertura económica. Para las empresas locales, esta adaptación implica una revisión profunda de sus estructuras de costos y la comprensión detallada del complejo contexto laboral e impositivo que incide directamente en el intercambio bilateral. La demanda es clara: «Necesitamos nivelar el tablero para que la industria argentina pueda competir con el mundo», sentencia Abratte, abogando por condiciones equitativas que permitan una competencia justa.

Ramón Ramírez, CEO de la autopartista Maxion Montich, corrobora esta tendencia: «en este último período estamos perdiendo operaciones de exportación y, lamentablemente, por mera supervivencia, aumentando las importaciones por una cuestión de competitividad». Esta dinámica, en la que las empresas se ven forzadas a importar insumos o incluso productos terminados para mantenerse a flote en el mercado local, «claramente, esto da vuelta la balanza comercial, que es lo que está pasando», explica Ramírez, vinculando directamente la competitividad microeconómica con el desequilibrio macroeconómico. Por su parte, Alejandro Piccioni, gerente general de Sohipren, fabricantes de equipos oleohidráulicos, subraya una condición fundamental: «estamos en condiciones de competir siempre y cuando el escenario sea igual para todos», poniendo el foco en la necesidad de reglas de juego equitativas.

Para la mayoría de los líderes de la industria argentina, un aspecto crítico y fundamental es la necesidad de conocer con certeza los costos reales de producción y operación en el país, y que estos costos se mantengan estables en el tiempo. La volatilidad y la falta de previsibilidad son venenos para la planificación y la inversión. Eduardo Borri, presidente de Metalfor, una destacada fabricante de pulverizadoras y fertilizadoras, aporta una perspectiva invaluable desde su experiencia con operaciones en ambos países: «Todavía sigue siendo mucho más favorable producir en Brasil que producir en Argentina». Borri es categórico al afirmar que, incluso con menores escalas de producción en sus plantas brasileñas, existen costos más competitivos que en Argentina, lo que se traduce en una ventaja insoslayable para la producción en el país vecino.

Factores Estructurales del Desbalance: Costo Laboral y Presión Fiscal

Los industriales argentinos identifican consistentemente dos temas estructurales en su país que continúan generando los profundos desbalances de competitividad: el costo laboral y la presión fiscal.

En cuanto al costo laboral, la principal queja se centra en la falta de actualización de las leyes laborales y los convenios colectivos de trabajo, que no se han adaptado a las realidades económicas y productivas del siglo XXI. A esto se suma lo que los empresarios denominan la «industria del juicio», refiriéndose al elevado número de litigios laborales y sus costos asociados, que aumentan la incertidumbre y el riesgo para las empresas. Piccioni advierte que el costo laboral en Argentina es entre un 25% y un 30% más caro que en Brasil, una diferencia que atenta directamente contra la capacidad de las empresas para mantenerse en el mercado de exportación y competir incluso a nivel doméstico con productos importados.

Ramírez profundiza en este punto, explicando que «hoy estamos trayendo productos terminados desde Brasil para atender el mercado local porque si no, lo hace el cliente». Esta dolorosa decisión ilustra cómo la falta de competitividad interna obliga a las empresas a recurrir a la importación para satisfacer la demanda, aun cuando su objetivo principal sería producir localmente. «Los problemas de balanza comercial y de competitividad van de la mano», concluye Ramírez, señalando la conexión directa entre la microeconomía de las empresas y la macroeconomía del país.

El segundo ítem que genera preocupación recurrente y unánime es la presión fiscal. Los empresarios denuncian la existencia de «impuestos absolutamente distorsivos», como el Impuesto al Cheque, que gravan transacciones financieras y encarecen toda la operación comercial, generando costos adicionales que se suman a la carga tributaria general. El CEO de Maxion Montich enfatiza la necesidad de un trabajo continuo en todos los niveles jurisdiccionales (nacional, provincial y municipal) para revisar y reformar el sistema tributario.

Piccioni va más allá, estimando que, como país, Argentina es «más cara impositivamente en un 50%, en forma directa o indirecta» en comparación con otros países de la región. Su solicitud es clara: se necesita un «plan estratégico de competitividad» que involucre a todos los estamentos públicos y que contemple de manera especial la reducción de la carga impositiva. La magnitud de la carga fiscal reduce los márgenes de ganancia, desalienta la inversión y la reinversión, y encarece los productos argentinos en el mercado internacional.

La consecuencia directa de este panorama es que resulta significativamente más fácil exportar desde Brasil hacia Argentina que viceversa. Borri, de Metalfor, lo ejemplifica con claridad: «Un bien de capital, una maquinaria agrícola, como en el caso de Metalfor, sería impensado que nosotros lo exportemos desde Argentina, aunque tuviésemos competitividad, debido a que los bancos públicos en Brasil no financian productos importados de la misma manera que lo hacen nuestros bancos públicos». Esto subraya que la competitividad no se reduce solo a los costos de producción, sino que abarca también el acceso a financiamiento y las políticas de apoyo a la exportación de cada país.

Si bien la cuestión arancelaria no se considera un factor decisivo en este desbalance, Piccioni resalta la importancia fundamental de lograr agilidad operativa y administrativa en el comercio exterior, sin que ello implique un costo adicional para el Estado nacional. Además, señala una problemática recurrente que afecta la rentabilidad de las exportaciones: «cuando culmina una exportación y se limpian todos los gastos, es muy común encontrar costos que no habían sido tenidos en cuenta». Estos «gastos ocultos» o imprevistos pueden ser la diferencia entre la utilidad y la pérdida, especialmente cuando «hoy estamos jugando muy fino con los números», dado el ajustado margen de las operaciones.

Volatilidad e Incertidumbre: Un Contexto Desafiante

La capacidad de Argentina para generar un contexto económico signado por la estabilidad y la previsibilidad sigue siendo una tarea pendiente, lo cual atenta directamente contra la planificación a mediano y largo plazo de las empresas. Abratte reconoce que, aunque se están tomando medidas correctas en el ámbito macroeconómico, «es un proceso doloroso que tenemos que atravesar y es difícil hacer todo junto». La pregunta clave para la industria es «cómo soporta la industria la coyuntura y no se cae hasta que esto se nivele», en referencia a la necesidad de que las reformas estructurales rindan frutos y el tablero competitivo se equipare.

Borri, con una visión que abarca la larga historia de la relación bilateral entre Argentina y Brasil (que siempre ha estado marcada por altibajos), observa que no es realista esperar que el déficit comercial se corrija en el corto plazo: «el desequilibrio se produjo rápidamente, pero el reacomodamiento va a demorar». Esta perspectiva subraya la magnitud de los cambios necesarios y el tiempo que requerirá la reconfiguración de la competitividad argentina.

En un contexto global en el que el mercado internacional sigue adaptándose a las políticas arancelarias de Estados Unidos y a otras dinámicas geopolíticas, la región sudamericana, y particularmente el Mercosur, presenta una oportunidad estratégica. Un entorno geopolítico sin guerras significativas, con problemas de energía controlados y sin grandes conflictos étnicos, hace que la región sea vista con buenos ojos por los inversores internacionales. Dentro de este marco, «el país más atractivo es Brasil», destaca Piccioni. La razón es clara: «porque tiene reglas claras. Puede que sean difíciles, pero lo importante es que son claras». Esta previsibilidad en las reglas de juego es un factor crucial que atrae inversiones y fomenta la actividad productiva.

Por ello, el industrial se suma al clamor por un plan de competitividad y una estrategia productiva sostenibles en Argentina que otorguen la tan ansiada previsibilidad. Otro aspecto que preocupa a los productores locales es la recurrencia a los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) para sostener la política macroeconómica. «No hay una reforma de fondo y lo que hace falta es una ley», asegura el directivo de Sohipren, abogando por soluciones legislativas que brinden mayor seguridad jurídica y estabilidad a largo plazo, en lugar de medidas temporales o de excepción.

¿Se Ampliará el Déficit con Brasil? Perspectivas y Desafíos Futuros

La actual situación deficitaria en la relación bilateral con Brasil plantea el interrogante de si esta tendencia se prolongará en el tiempo y si debe generar una preocupación estructural. Elisabet Bacigalupo y Mariángel Ghilardi, economistas de la consultora Abeceb, explican que, aunque el déficit comercial con Brasil es, en cierta medida, estructural para Argentina y en sí mismo no debería ser una preocupación aislada, sí es crucial debatir su magnitud actual y, especialmente, la tasa de crecimiento que ha mostrado.

Las economistas vaticinan que, con la configuración económica actual de Argentina, es de esperar una ampliación del déficit comercial en el corto y mediano plazo. Las razones son multifactoriales: la apreciación del peso argentino (que encarece las exportaciones y abarata las importaciones), un real brasileño más debilitado en perspectiva histórica (que favorece las exportaciones de Brasil), y un crecimiento económico más fuerte en Argentina que en Brasil (que impulsa la demanda de importaciones). A esto se suman las recientes políticas de apertura comercial y desregulación implementadas en Argentina, que facilitan el ingreso de productos extranjeros.

En el mediano plazo, según la opinión de Bacigalupo y Ghilardi, la evolución del déficit tenderá a estabilizarse, aunque el nivel al que lo haga dependerá de la capacidad de Argentina para impulsar mejoras en materia de competitividad sistémica en los próximos años. Las economistas recuerdan también las diferencias fundamentales de escala y estructura productiva existentes en la relación bilateral: Brasil se especializa en bienes manufacturados e intermedios de mayor valor agregado, mientras que Argentina tiende a concentrarse en bienes más primarios o con menor procesamiento. Además, el intercambio bilateral es altamente dependiente del ciclo económico de ambos países.

Bacigalupo y Ghilardi advierten que, en materia de competitividad sistémica, todavía hay mucho por hacer en Argentina. «El costo argentino, ya sea impositivo, laboral, financiero o logístico, sigue siendo alto», afirman. La «buena noticia», según ellas, es que las autoridades han iniciado una «importante agenda desreguladora» a la que se sumará la intensificación de reformas impositivas y laborales que se esperan después de las próximas elecciones legislativas. Estas reformas son cruciales para apuntalar la competitividad y reducir las brechas estructurales que hoy desfavorecen a Argentina frente a socios comerciales como Brasil.

Para explicar por qué es más fácil exportar desde Brasil a Argentina que a la inversa, Bacigalupo y Ghilardi apuntan a varios factores convergentes. En primer lugar, la reactivación del mercado argentino, aunque sea parcial, ofrece nichos de consumo insatisfechos que Brasil puede cubrir con ventaja. En segundo lugar, y de manera crucial, «el país vecino sigue teniendo hoy costos más competitivos y una escala productiva mayor», lo que le permite producir de manera más eficiente y a menor precio. Aunque Argentina muestra avances importantes, todavía enfrenta «barreras» no arancelarias, como una mayor volatilidad cambiaria, un elevado riesgo país (que encarece el financiamiento) y mayores costos financieros de exportación, todos elementos que complican la inserción de los productos argentinos en el mercado brasileño.

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Entre los sectores que más sienten el impacto de esta situación, el automotor es relevante por excelencia en el comercio bilateral. En los primeros cuatro meses de 2025, este rubro representó el 40% del flujo comercial total entre ambos países, evidenciando su peso estratégico. Ante la recuperación del mercado interno de vehículos en Argentina, «los brasileños ganan terreno y ya representan el 47% de los patentamientos locales, superando incluso a los de producción nacional, que el año pasado alcanzaban el 58% del total». Este contexto ha provocado un aumento significativo en las importaciones de autopartes, mientras que las exportaciones argentinas a Brasil en este sector solo se incrementaron levemente. El resultado ha sido un déficit automotor de 1,425 millones de dólares, más del triple que el año anterior, lo que subraya la urgencia de abordar las asimetrías para nivelar la cancha de juego en la compleja y vital relación comercial entre Argentina y Brasil. Según publica mall & Retail


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Source: Mall & Retail
Tags: Balanza ComercialBrasilComercio Argentina BrasilCompetitividad Industrial
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