BYD en Brasil, la marea china de evs y el dilema industrial, un coloso naval, con una eslora que supera la longitud de tres cuadras urbanas, arribó el mes pasado al puerto sureño de Itajaí, desatando una oleada de atención y debate. A bordo del BYD Explorer No. 1 venían 7,000 vehículos eléctricos (EVs) e híbridos, todos de fabricación china. Esta llegada marcó el cuarto convoy de su tipo en lo que va del año, y su desembarco ha encendido una acalorada discusión en Brasil sobre las ambiciones ecológicas del país, el futuro de su robusta industria automotriz y su rol en la transición global hacia la movilidad sostenible.
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El arribo de este gigantesco portacoches fue un espectáculo. Al amanecer, su imponente casco de acero cortó la niebla matinal, mientras los estibadores se congregaban en silencio. El BYD Explorer No. 1 – un buque tan vasto que su cubierta podría albergar un festival de música – atracó lentamente en el puerto. Bajo sus enormes cubiertas, miles de vehículos eléctricos brillaban bajo los reflectores: elegantes hatchbacks Seagull y espaciosos SUVs Song Plus, recién salidos de las líneas de montaje en China, ahora destinados a las extensas carreteras de Brasil. Lo que antes era un goteo de importaciones chinas de EVs, se ha transformado en una verdadera marea.
Los registros de envío son contundentes: BYD ha exportado más de 22,000 vehículos a Brasil en apenas cinco meses. Esta cifra es un testimonio del acelerado ritmo de entrada de vehículos chinos al mercado brasileño. En Itajaí, la descarga del Explorer No. 1 rompió récords históricos de importación de autos unitizados en un solo día, superando los picos que alguna vez pertenecieron a los sedanes a gasolina provenientes de Europa y de otros fabricantes tradicionales.
“Esto es una señal”, afirmó Lívia Machado, economista de la Fundación Getúlio Vargas, en una entrevista con Reuters. “Brasil es la mayor puerta abierta que queda”. En un escenario global donde potencias económicas como Estados Unidos y Europa están intensificando y endureciendo los aranceles a los vehículos eléctricos chinos – algunos de los cuales ya superan el 45% –, Brasil se mantiene como un frente relativamente abierto. Es un mercado fértil y tentador, donde la electrificación de la flota vehicular avanza a un ritmo más pausado en comparación con otras naciones. Aunque ocupa el sexto lugar mundial en ventas de automóviles, Brasil aún rezaga a países vecinos como Chile y México en la adopción de vehículos eléctricos. Y los fabricantes chinos, con su agresiva estrategia de mercado, no tienen intención de esperar a que Brasil se ponga al día por sí solo.
¿Oportunidad Verde o Caballo de Troya Económico?
Las bases para esta coyuntura se sentaron hace una década. En 2015, el gobierno de Brasilia tomó la decisión de eliminar los aranceles a los vehículos eléctricos, con la esperanza de que esta medida atrajera inversiones significativas y la instalación de fábricas de EVs en su territorio. La apuesta, sin embargo, no dio los frutos esperados en términos de producción local; las plantas nunca se materializaron, pero los barcos cargados de vehículos eléctricos sí comenzaron a llegar. Ahora, esa audaz apuesta inicial se encuentra bajo un intenso escrutinio.
El año pasado, el gobierno de Lula da Silva reintrodujo un arancel del 10% a las importaciones de vehículos eléctricos, con planes de incrementarlo progresivamente hasta alcanzar el 35% para 2026, equiparándolo con el nivel impositivo de los automóviles de combustión interna. Sin embargo, los fabricantes automotrices nacionales, representados por la ANFAVEA (Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores), abogan por alcanzar ese tope arancelario con mayor celeridad. Igor Calvet, presidente de ANFAVEA, advirtió con preocupación: “El exceso de importaciones frena la inversión”. Señaló que empresas de renombre global como Volkswagen y General Motors ya han pospuesto inversiones significativas, por un valor de R$5 mil millones, destinadas a modernizaciones de sus plantas en Brasil. La preocupación es clara: la afluencia de EVs chinos a precios competitivos está socavando la rentabilidad y la viabilidad de la producción local.
Los sindicatos han expresado una postura aún más contundente. Arnaldo da Silva, líder de Industrial Brasil, manifestó: “Otros países le cerraron la puerta a los autos chinos. Brasil la dejó entreabierta, y podría perder 100,000 empleos”. Esta cifra alarmante subraya el temor a un impacto devastador en el empleo manufacturero si la ola de importaciones no es regulada eficazmente. El dilema es palpable: ¿está Brasil facilitando una «fiebre verde» de adopción de EVs o está abriendo sus puertas a un «caballo de Troya» económico que podría desmantelar su industria automotriz interna?
BYD, por su parte, no emitió una declaración directa a Reuters para este informe, pero en ocasiones anteriores ha defendido su misión global de “democratizar la movilidad limpia”. Bajo las regulaciones arancelarias actuales de Brasil, la empresa goza de la ventaja de poder importar hasta US$169 millones en híbridos enchufables y US$226 millones en vehículos eléctricos sin aranceles, hasta julio de 2025. Según análisis del Banco Itaú, aprovechar estos cupos de importación puede reducir el precio final de los vehículos en el concesionario hasta en US$2,000. Esto permite que los vehículos de BYD compitan de manera efectiva con los autos a gasolina fabricados localmente, incluso después de añadir los márgenes de los distribuidores. El resultado es un mercado saturado de paradojas: por ahora, los vehículos eléctricos importados, como los de BYD, pueden ser más asequibles que muchos compactos producidos en Brasil.
Fábricas Prometidas y Retrasos en la Ejecución
Para mitigar la creciente tensión generada por la avalancha de importaciones, BYD realizó un movimiento estratégico y altamente publicitado en 2023: la adquisición de la antigua planta de Ford en Bahía por un valor simbólico de un real. Este acuerdo prometía la instalación de tres líneas de ensamblaje de vehículos eléctricos, la creación de 5,000 empleos directos y lo que se vislumbraba como un punto de inflexión para la industria automotriz brasileña y la estrategia de BYD en la región. Sin embargo, el progreso en la concreción de estas promesas ha sido notablemente lento.
Imágenes de construcción obtenidas por Reuters muestran estructuras incipientes erigidas sobre tierra roja en el sitio. No obstante, las autoridades locales estiman que una línea de producción «plenamente funcional» no estará operativa sino hasta finales de 2026, lo que representa un retraso de casi un año respecto a las proyecciones iniciales. Además, el proyecto se vio afectado por una investigación del Ministerio de Trabajo sobre presuntos abusos a trabajadores migrantes por parte de un subcontratista, lo que forzó una detención temporal de las obras. BYD ha declarado haber cooperado plenamente con la investigación y haber rescindido su relación comercial con la empresa acusada, intentando distanciarse de la controversia.
Otro gigante automotriz chino, Great Wall Motors, también ha enfrentado obstáculos en sus planes de producción local. Tras adquirir una planta de Mercedes-Benz en las afueras de São Paulo, la compañía postergó el lanzamiento de su híbrido Haval H6 en Brasil para la segunda mitad de este año, citando desafíos en la adaptación y preparación de la infraestructura.
Detrás de estos retrasos en las prometidas fábricas hay una realidad más compleja y desafiante. “La cadena de suministro no está lista”, explicó Ricardo Bastos, presidente de la asociación de vehículos eléctricos ABVE. Detalló cómo, a pesar de que Brasil posee suelos ricos en litio, este recurso se exporta como materia prima a China, en lugar de ser procesado localmente para la fabricación de baterías. Todo el ecosistema necesario para la producción de vehículos eléctricos desde componentes clave como cátodos y ánodos hasta sistemas de software especializados se encuentra aún en una fase incipiente de construcción desde cero en Brasil.
Los escépticos, como Arnaldo da Silva, perciben una trampa potencial en esta dinámica: si bien podría haber un ensamblaje final en Brasil, el verdadero valor añadido la fabricación de baterías, motores eléctricos y el desarrollo de software avanzado seguiría viajando desde Shenzhen y otras ciudades chinas. Sin embargo, funcionarios gubernamentales argumentan que, incluso un porcentaje mínimo de contenido local, es preferible a nada, y que la reducción de las emisiones de carbono asociadas al transporte internacional de vehículos ya representa una victoria en sí misma para las metas ambientales del país. Un alto asesor del Ministerio de Desarrollo resumió la situación: “La demanda de China por soja y hierro nos sostuvo por veinte años. Ahora la transición energética podría unirnos a través de algo más valioso: la industria”. Esta perspectiva sugiere una apuesta a largo plazo por una mayor integración industrial con China en el contexto de la nueva economía verde.
Precios Versus Patriotismo: El Dilema del Consumidor Brasileño
En la Avenida Europa de São Paulo, una calle emblemática por sus salas de exhibición de automóviles de alta gama, el vendedor Marcos Vieira muestra con entusiasmo la elegante pantalla de un BYD Dolphin a una pareja interesada. “De cero a cien en siete segundos”, les dice, “y cuesta menos cargarlo que tu plan de celular”. Este tipo de argumento, que combina rendimiento con ahorro, está resonando profundamente entre los consumidores brasileños.
Según la ABVE, las marcas chinas han logrado un dominio impresionante en el mercado de vehículos eléctricos de Brasil, controlando más del 80% de las ventas. El BYD Seagull, por ejemplo, con un precio de R$115,000 después de incentivos, es un 15% más económico que el Fiat Pulse, un compacto popular de fabricación local, y ofrece una mayor autonomía de batería y costos operativos considerablemente más bajos. Además, los precios de las baterías en China continúan su tendencia a la baja, con una caída adicional del 11% este año, lo que refuerza la ventaja competitiva de los EVs chinos.
No obstante, el precio no lo es todo para el consumidor brasileño. Una encuesta realizada por Paraná Pesquisas reveló un dato interesante: la mitad de los compradores brasileños aún preferirían adquirir un automóvil fabricado en el país, incluso si este tuviera un costo hasta un 10% más elevado. Esta preferencia, aunque sutil, deja una brecha significativa para las marcas nacionales, siempre y cuando logren moverse con la suficiente agilidad para lanzar al mercado modelos híbridos o eléctricos que puedan competir en términos de tecnología y precio con la oferta china.
El presidente Lula da Silva se encuentra ante un delicado cálculo político y económico. En noviembre, Brasil será el anfitrión de la cumbre COP30 en Belém, una oportunidad crucial para que el país muestre su liderazgo en la lucha contra el cambio climático y su compromiso con la sostenibilidad. Sin embargo, la imposición de aranceles más estrictos a las importaciones de EVs chinos podría, por un lado, proteger empleos en la industria automotriz local, pero por otro, frenar la necesaria transición hacia la movilidad eléctrica, lo que dificultaría el cumplimiento de las ambiciosas metas de emisiones de Brasil para 2030.
Esas metas son verdaderamente desafiantes: alcanzar los 2 millones de autos eléctricos para 2030, una cifra que contrasta drásticamente con los apenas 200,000 vehículos eléctricos que circulan hoy en el país. Alcanzar este objetivo podría ser inviable sin un flujo continuo de importaciones, al menos en el corto plazo, dada la lentitud en la construcción de la cadena de suministro y la capacidad de producción local.
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En algún lugar más allá del Canal de Panamá, el BYD Explorer No. 1 ya está en su viaje de regreso a Brasil, una vez más repleto de vehículos eléctricos, con la mira puesta en la próxima temporada de ventas. Lo que le espere en el muelle – si será recibido con brazos abiertos o con un muro arancelario elevado – dependerá no de los ingenieros que diseñan estos autos ni de los consumidores que los desean, sino de una compleja decisión política que se tomará en Brasilia. Y, crucialmente, de si las prometidas fábricas de vehículos eléctricos en Brasil dejarán de ser meros sueños sobre papel para finalmente cobrar vida y transformar el panorama automotriz del gigante suramericano.

