Francisco de Narváez: El colombiano que aspira dominar el mercado supermercadista argentino
El sector supermercadista argentino se encuentra en una etapa de redefinición, marcada por una operación que podría modificar por completo el equilibrio del comercio minorista: la eventual venta de Carrefour Argentina. En esta puja, una figura sobresale no solo por su experiencia en el retail, sino también por su peculiar historia de vida y su vínculo con la región. Se trata de Francisco de Narváez, empresario de origen colombiano, exdiputado y dueño del grupo GDN, quien busca posicionarse como el actor más poderoso del rubro en el país.
Su trayectoria combina herencia familiar, visión empresarial, reveses personales y una profunda conexión con la Argentina, país que adoptó como propio desde su infancia. Hoy, décadas después de haberse convertido en un referente del comercio minorista, intenta completar un círculo histórico: recuperar el control del emporio que, indirectamente, había pertenecido a su familia antes de la expansión de Carrefour en América Latina.
UNA HISTORIA FAMILIAR VINCULADA A LA TRADICIÓN COMERCIAL LATINOAMERICANA
La historia empresarial de los De Narváez está ligada a la fundación de Casa Tía, una cadena de tiendas pionera en el concepto de autoservicio en la región. El abuelo materno de Francisco, Karl Steuer, un inmigrante originario de Europa Central, fue el impulsor de este modelo en Colombia en la década de 1940. La marca creció rápidamente y se expandió hacia otros países de Sudamérica, incluyendo Argentina, Uruguay, Perú y Ecuador, consolidándose como sinónimo de accesibilidad y modernidad en el comercio.
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El auge de Casa Tía durante los años del peronismo en Argentina marcó un punto de inflexión. La empresa se convirtió en un ícono del consumo popular y reflejó el ascenso de una clase media que encontraba en estos establecimientos una forma nueva de comprar. Décadas más tarde, la gestión de los nietos de Steuer llevó a la diversificación y posterior venta de la compañía. En 1998, Francisco de Narváez decidió desprenderse del negocio por una cifra cercana a los 650 millones de dólares. El comprador: un fondo de inversión estadounidense asociado a Promodés, que luego se fusionaría con Carrefour.
El destino quiso que la compañía fundada por su familia terminara integrada en el grupo que hoy busca adquirir. Esa coincidencia simbólica alimenta la narrativa de su regreso al centro del escenario supermercadista.
UN EMPRESARIO MARCADO POR LA RESILIENCIA Y LA REINVERSIÓN
De Narváez, radicado en Buenos Aires desde los tres años, obtuvo la ciudadanía argentina en 1992. Su vida personal estuvo atravesada por momentos difíciles —incluido un episodio de crisis emocional que lo llevó a replantearse sus prioridades—, pero esos desafíos parecieron fortalecer su vocación empresarial.
Durante los años 2000, construyó un perfil de inversor estratégico con presencia en múltiples sectores. A través del Grupo De Narváez (GDN), expandió su influencia en el comercio minorista y la distribución. En Uruguay, el conglomerado controla Ta-Ta, la principal cadena de supermercados del país, y San Roque, una reconocida red de farmacias. También ha incursionado en el mundo de la moda mediante marcas como Rapsodia y Caro Cuore, y en proyectos de salud y servicios automotrices con las líneas Más Farma y Más Autocenter.
Su reinvención más visible se produjo en 2020, cuando concretó la compra de Walmart Argentina por aproximadamente 800 millones de dólares. La operación implicó no solo una adquisición de gran magnitud, sino también un ejercicio de adaptación de marca: los locales pasaron a denominarse Hiper ChangoMás, una identidad con arraigo local que refleja su estrategia de cercanía con el consumidor argentino.
Con una carrera empresarial consolidada, De Narváez sorprendió al incursionar en la política argentina. Fue diputado nacional y protagonizó en 2009 una de las victorias más resonantes de la oposición frente al kirchnerismo, al vencer al propio Néstor Kirchner en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, su paso por la función pública fue breve. Tras varios intentos por alcanzar la gobernación bonaerense, decidió retirarse de la arena política en 2015 para volver a enfocarse en sus negocios. Su regreso al ámbito corporativo lo encontró en un contexto de desafíos económicos, pero también de oportunidades para el retail argentino, marcado por la reconfiguración del consumo y la transformación digital.
UNA PUJA EMPRESARIAL DE MIL MILLONES DE DÓLARES
En la actualidad, Francisco de Narváez se encuentra en competencia directa con Coto, Cencosud y el fondo estadounidense Klaff Realty por la compra de Carrefour Argentina, en una operación valuada en cerca de 1.000 millones de dólares. El proceso, coordinado por el Deutsche Bank, podría resolverse en las próximas semanas y marcaría una de las transacciones más importantes del año en el país.
La batalla no solo tiene una dimensión económica, sino también estratégica. Carrefour posee una extensa red de hipermercados y tiendas de cercanía que representan un canal de contacto directo con millones de consumidores. Para GDN, incorporar esta estructura significaría consolidar su posición como líder absoluto del mercado supermercadista argentino, con una presencia capaz de competir de igual a igual con las mayores corporaciones regionales.
De concretarse la compra, el grupo pasaría a emplear más de 26.000 personas, al sumar los 17.000 trabajadores de Carrefour a los 9.000 de ChangoMás. Además, permitiría a De Narváez reproducir el modelo que aplicó con éxito en Uruguay: una gestión centrada en la eficiencia, la cercanía territorial y la modernización de la experiencia de compra.
EL APOYO DE LOS GRANDES FONDOS INTERNACIONALES
El empresario no está solo en esta jugada. Cuenta con el respaldo del fondo de inversión L. Catterton, especializado en marcas de consumo y con vínculos con el conglomerado LVMH, liderado por Bernard Arnault, uno de los hombres más ricos del planeta. Esta alianza aporta músculo financiero y legitimidad global a su oferta, al tiempo que refuerza una sociedad ya existente entre ambas partes en firmas como Caro Cuore y Rapsodia.
Mientras tanto, sus competidores también se mueven con fuerza. Coto, un grupo con arraigo local y vínculos históricos con el poder político argentino, busca ampliar su cobertura nacional. Cencosud, por su parte, apuesta a expandir su portafolio de marcas (Jumbo, Disco y Vea), mientras que Klaff Realty podría aprovechar su experiencia regional para introducir una estrategia más corporativa en el país.
Aun así, varios analistas señalan que De Narváez cuenta con una ventaja intangible: conoce profundamente la cultura comercial argentina, ha demostrado capacidad de reconversión y posee una estructura regional que facilita sinergias logísticas y operativas.
EL REGRESO SIMBÓLICO DEL “TIA”
De concretarse la adquisición, se cerraría un curioso ciclo histórico. El negocio fundado por los abuelos europeos de De Narváez, que terminó bajo la órbita de Carrefour tras su venta en los años noventa, volvería —en cierto modo— a sus raíces familiares. La marca “TIA” ya no existe en Argentina, pero su legado como pionera del autoservicio sigue presente en la memoria colectiva y en la estrategia empresarial de su nieto.
Más allá del simbolismo, lo cierto es que el empresario colombiano-argentino se ha convertido en un referente del capitalismo regional, capaz de adaptarse a las crisis y de proyectar una visión moderna del comercio minorista. Su discurso se mantiene coherente con esa visión: “Los empresarios debemos hacer lo que mejor sabemos: invertir, generar empleo y apostar por el crecimiento”, ha dicho en reiteradas ocasiones.
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El desafío de convertirse en el “rey de los supermercados” no es solo una ambición personal. Representa también un movimiento de consolidación empresarial en un contexto económico volátil, donde las empresas locales buscan recuperar protagonismo frente a las multinacionales. Si logra quedarse con Carrefour, De Narváez podría liderar una etapa de reindustrialización y expansión regional basada en el consumo masivo, la innovación tecnológica y la generación de empleo formal.
En un país acostumbrado a los vaivenes económicos, la apuesta de Francisco de Narváez es también un mensaje de confianza: la convicción de que aún en la incertidumbre, Argentina sigue siendo tierra fértil para los que apuestan a construir futuro.


