El imperio familiar detrás de Decathlon y su retorno a Argentina
En el vasto universo de los grandes grupos empresariales europeos, pocos han mantenido tanto hermetismo como la familia Mulliez. Con una historia que se remonta a más de un siglo y una red de empresas que abarca decenas de países, este clan francés ha sabido construir uno de los conglomerados familiares más poderosos del continente, posicionándose como una fuerza clave en el sector minorista global. Uno de sus buques insignia es Decathlon, la cadena especializada en artículos deportivos que vuelve a pisar suelo argentino tras más de dos décadas de ausencia.
Un legado que nació con la lana
Todo comenzó a principios del siglo XX, en Roubaix, una ciudad industrial al norte de Francia. Allí, Louis Mulliez y Marguerite Lestienne iniciaron un modesto negocio de lana. Lo que parecía una actividad comercial más de la época se transformó, con el tiempo, en la semilla de un imperio multisectorial. La pareja tuvo once hijos, y uno de ellos, Gérard Mulliez, sería clave para que el apellido trascendiera generaciones.
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Gérard se integró al negocio familiar a mediados del siglo pasado y decidió dar un salto de escala en 1961, fundando Auchan, una cadena de supermercados que rápidamente se convirtió en una de las más importantes de Europa. Su visión empresarial no solo sentó las bases para el crecimiento del grupo, sino que también inspiró a otros miembros de la familia a desarrollar sus propios proyectos.
Una dinastía empresarial difícil de rastrear
Con más de 130 empresas bajo su paraguas, los Mulliez han tejido una red corporativa compleja, en la que destacan nombres como Alcampo, Leroy Merlin, Kiabi, Norauto, Pimkie, Flunch y, por supuesto, Decathlon. Aunque se estima que la familia cuenta con alrededor de 1.400 descendientes, pocos de ellos son figuras públicas. Su discreción no solo es una elección, sino una estrategia: mantenerse alejados del foco mediático les ha permitido operar sin las turbulencias que enfrentan otras grandes fortunas.
Este modelo empresarial se articula a través de la Asociación Familiar Mulliez (AFM), una estructura que agrupa a buena parte de los miembros del clan y que facilita la gestión colectiva de sus participaciones accionarias. De esta forma, más que una familia con empresas, los Mulliez son una comunidad empresarial con una lógica casi cooperativa.
Decathlon: la joya deportiva del grupo
Uno de los emprendimientos más exitosos de la familia es Decathlon, la tienda especializada en deporte y tiempo libre que ha sabido revolucionar el mercado minorista a través de su propuesta de calidad, variedad y precios accesibles. La historia de la compañía comienza en 1976, cuando Michel Leclercq, sobrino de Gérard Mulliez, observó una oportunidad de negocio mientras recorría centros comerciales en el norte de Francia: no existía una tienda que reuniera todo lo necesario para practicar deporte.
Junto a seis socios, Leclercq fundó la primera tienda Decathlon en el estacionamiento del centro comercial Auchan de Englos, cerca de Lille. Su visión era clara: ofrecer en un mismo espacio productos para múltiples disciplinas deportivas. La fórmula fue un éxito rotundo.
Hoy, Decathlon está presente en 79 países, con más de 1.700 tiendas en todo el mundo. A nivel accionarial, según Forbes, la familia Leclercq posee alrededor del 40% de la compañía, mientras que los Mulliez controlan otro 40%, consolidando aún más el carácter familiar de la empresa.
Lejos de conformarse con el éxito alcanzado, Decathlon continúa expandiendo su presencia internacional. Uno de sus focos estratégicos es India, donde la compañía ha anunciado inversiones superiores a los 120 millones de dólares para los próximos cinco años. Este esfuerzo se orienta no solo a abrir nuevas tiendas, sino también a fortalecer su cadena de producción local, apostando por el crecimiento sostenible en uno de los mercados más prometedores del mundo.
En Europa, Alemania es otro país clave para el futuro de la marca. Hasta 2027, se prevé una inversión similar a la destinada a India, enfocada en modernizar las tiendas existentes y en consolidar una experiencia de compra más innovadora y digitalizada. Esta visión acompaña la tendencia global de los consumidores, que demandan cada vez más una integración eficiente entre lo físico y lo digital.
El mercado latinoamericano representa una oportunidad ineludible para Decathlon. Tras haberse retirado de Argentina hace 23 años, la firma deportiva ha decidido regresar al país en un contexto en el que el consumo de productos deportivos ha aumentado, impulsado por una mayor conciencia sobre el bienestar físico y la vida saludable. Esta vez, no llega sola: sus marcas hermanas, Kiabi (moda asequible) y Naterial (productos de jardín y hogar), también desembarcarán en la región.
Ya con presencia en países como Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay, el regreso a Argentina marca un hito en la estrategia regional del grupo. Aunque aún no se han revelado detalles concretos sobre las ubicaciones o el modelo operativo, todo indica que la empresa apostará por un formato híbrido que combine tiendas físicas con una robusta oferta de comercio electrónico.
Uno de los pilares del éxito de Decathlon ha sido su apuesta por la integración vertical y el desarrollo de marcas propias. En lugar de limitarse a comercializar productos de terceros, la empresa diseña, fabrica y vende sus propios artículos, bajo más de 70 marcas registradas como Quechua, Domyos, Kipsta o Tribord, especializadas en diferentes deportes.
Esta estrategia no solo le permite mantener precios competitivos, sino también controlar la calidad de sus productos, responder rápidamente a las tendencias del mercado y garantizar márgenes de rentabilidad superiores. En un contexto económico global desafiante, esta fórmula ha demostrado ser altamente efectiva para mantener la competitividad y fidelizar a los clientes.
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El caso de los Mulliez es atípico en un mundo dominado por los unicornios tecnológicos y las fortunas hiper-mediatizadas. Su modelo se basa en tres pilares: discreción, visión a largo plazo y diversificación sectorial. Más allá de Decathlon, el grupo está presente en supermercados, moda, decoración, automoción, gastronomía y bricolaje. Esta diversificación les permite amortiguar los vaivenes de los mercados y generar sinergias internas entre sus distintas marcas.
Su discreción ha sido su mejor escudo: mientras muchas empresas familiares se desgastan en disputas internas o pierden el rumbo al abrirse al capital externo, los Mulliez han logrado consolidar un esquema cooperativo que equilibra los intereses individuales con una estrategia compartida.
Decathlon es mucho más que una tienda de artículos deportivos: es la punta de lanza de un ecosistema empresarial gigantesco, construido durante más de un siglo por una familia que ha hecho de la austeridad, la estrategia y el bajo perfil sus señas de identidad. Con inversiones que abarcan múltiples continentes y un modelo de negocio robusto, los Mulliez continúan expandiendo su influencia global.
El regreso de Decathlon a Argentina no es una casualidad, sino una pieza más en un tablero cuidadosamente diseñado. Con una demanda creciente de artículos deportivos, consumidores cada vez más conectados y un enfoque firme en la sostenibilidad y la accesibilidad, la marca parece tener todos los ingredientes para repetir su fórmula de éxito.


