Bonalma: La marca argentina que desafía a las pastas italianas y se exporta en tres países
En un país reconocido mundialmente por la calidad de su trigo, pero donde la góndola de pastas secas estuvo históricamente dominada por nombres extranjeros, dos emprendedores argentinos decidieron cambiar el rumbo. En 2018, Agustín Korman y Javier Nougués fundaron Bonalma, una marca que busca posicionar a la Argentina en el mapa de las pastas premium. Su propuesta combina innovación, producción local y una mirada global que ya les permite exportar a Uruguay, Brasil y Chile.
El objetivo fue ambicioso desde el inicio: crear una marca nacional capaz de competir con las italianas, tanto en calidad como en diseño, sin renunciar a la identidad argentina. Con una inversión inicial de medio millón de dólares y una estrategia basada en el conocimiento del consumidor, Bonalma logró, en pocos años, pasar de ser un proyecto de dos amigos a una empresa con reconocimiento internacional.
Todo comenzó con una pregunta que revelaba una paradoja evidente: ¿cómo puede ser que un país que produce uno de los mejores trigos del mundo no tenga una marca de pastas capaz de representar ese potencial en el exterior?
Korman y Nougués compartían desde su juventud la inquietud emprendedora, aunque sus trayectorias laborales los habían llevado por caminos distintos. Nougués, formado en Ciencias Empresariales y con experiencia en Cervecería y Maltería Quilmes, había liderado exportaciones a más de veinte países. Korman, egresado de la Universidad de San Andrés y con un MBA en la Universidad de Pensilvania, desarrolló su carrera en Estados Unidos en el sector de distribución de alimentos.
Vea también: Tricot desembarca oficialmente en Argentina y revoluciona el mercado con su ropa accesible
Ambos coincidieron en un diagnóstico: el consumidor argentino estaba cambiando. Las decisiones de compra comenzaban a basarse en la confianza, el origen y la calidad, y no solo en el precio. Sin embargo, la categoría de pastas secas —uno de los productos más consumidos en el país— seguía anclada en un modelo masivo, con poca diferenciación y escasa innovación.
De esa observación nació la idea de crear una marca que elevara la percepción de valor en un segmento que parecía haberse quedado atrás.
INVESTIGAR EL MERCADO: UNA DECISIÓN CLAVE
Antes de fabricar un solo paquete, los fundadores emprendieron una investigación exhaustiva del mercado. Recorrieron más de 100 supermercados entre Estados Unidos, Europa y Sudamérica. Analizaron marcas, envases, estrategias de posicionamiento y hábitos de compra. Querían entender qué faltaba en las góndolas y qué buscaban los consumidores.
La conclusión fue clara: existía una oportunidad para una marca argentina premium que combinara materia prima local, estética cuidada y un relato auténtico.
En paralelo, decidieron involucrarse directamente en la producción. Arrendaron 90 hectáreas en Huanguelén (Coronel Suárez) para sembrar trigo duro —la variedad utilizada en las mejores pastas italianas—. La experiencia agrícola les permitió comprender de primera mano los desafíos del cultivo, desde los rindes hasta las negociaciones con los molinos.
Esa integración entre la visión de negocio y el conocimiento del campo se transformó en una ventaja competitiva: Bonalma no solo vende pastas, sino que controla la calidad desde el origen del grano.
En 2019, un año después de su fundación, Bonalma llegó a los supermercados argentinos con cinco formatos clásicos: penne rigate, spaghetti, fusilli, farfalle tonde y chifferi rigati. El producto sorprendió por su textura, color y consistencia, características propias de las pastas elaboradas con trigo duro de calidad superior.
El reconocimiento internacional no tardó en llegar. Ese mismo año, la marca obtuvo el Superior Taste Award otorgado por el International Taste Institute de Bruselas, distinción que la colocó en el radar de compradores y distribuidores regionales.
A partir de ese hito, la empresa amplió su línea con sémola de trigo duro —utilizada por restaurantes y pizzerías— y recientemente lanzó sus ñoquis de papa, un producto que tardaron dos años en desarrollar. Elaborados con un 85% de papa y sémola, los ñoquis Bonalma apuntan a ofrecer una versión artesanal y de alta calidad del clásico plato argentino.
ASOCIARSE PARA CRECER
Para ganar escala y sostener la producción en un contexto económico inestable, los fundadores buscaron socios estratégicos en el agro argentino. Así se sumaron al proyecto Ignacio Lartirigoyen, Hijas de Juan A. Harriet y Delfino Llobet, empresarios con amplia trayectoria en la producción y comercialización de cereales.
Esta red de alianzas no solo aportó capital, sino también conocimiento técnico y resiliencia frente a las fluctuaciones del mercado del trigo, un commodity sujeto a variaciones de precios y a los efectos del clima. “Los últimos años estuvieron marcados por sequías importantes, lo que afectó los costos y la disponibilidad del grano. Contar con socios con experiencia agrícola fue clave para mantener la calidad y la continuidad del negocio”, explicó Nougués en declaraciones recientes.
El modelo de gestión de Bonalma se apoya, así, en un equilibrio entre la mirada emprendedora y la experiencia productiva, una fórmula que le ha permitido sostener su expansión sin perder foco en la calidad.
Desde su concepción, Bonalma fue pensada como una marca global. Su identidad visual, su comunicación y su estrategia de producto fueron diseñadas para competir tanto en el mercado local como en el regional. Actualmente, el 50% de su producción se destina a la exportación, con presencia consolidada en Uruguay, Brasil y Chile, y con planes de ingresar a nuevos mercados en los próximos años.
En un entorno donde la apertura de importaciones podría incrementar la competencia, Korman sostiene que ese desafío es positivo: “Nos obliga a superarnos y a seguir diferenciándonos. Nuestro objetivo no es imitar a las marcas italianas, sino ofrecer una pasta argentina con estándares internacionales”, afirmó.
El éxito de Bonalma también se explica por su capacidad de construir marca más allá del producto. Los fundadores entienden que una empresa de alimentos no solo debe ofrecer sabor, sino también una historia coherente, valores y confianza. “Manejar una marca es como dirigir una orquesta —señala Nougués—: el precio puede ser un instrumento importante, pero sin armonía entre todos los elementos, no hay música posible”.
Bonalma encarna una de las tendencias más relevantes del nuevo panorama agroindustrial argentino: el paso de la producción de commodities a la creación de marcas con valor agregado. En lugar de limitarse a exportar trigo o harina, la empresa transforma la materia prima en un producto final que compite en mercados exigentes.
Este enfoque representa un cambio cultural y económico. Aporta innovación, empleo y posiciona al país en una cadena de valor más rentable. Además, demuestra que la industria alimentaria argentina tiene potencial para construir marcas propias de alcance global, algo que durante años pareció reservado a las firmas extranjeras.
El crecimiento de Bonalma se da, además, en un contexto donde el consumidor busca productos con identidad, transparencia y trazabilidad. Saber de dónde provienen los ingredientes y quién está detrás de la marca se ha convertido en un factor decisivo de compra.
Vea también: Acciones y bonos argentinos se disparan tras la victoria política de Javier Milei
Con más de 5 millones de unidades vendidas desde su lanzamiento, Bonalma planea duplicar esa cifra en los próximos cinco años, impulsada por la incorporación de nuevas líneas y el fortalecimiento de su presencia internacional.
El desafío será seguir creciendo sin perder la esencia que la distingue: una marca que combina el orgullo nacional con la excelencia global. En un mercado donde las pastas italianas siguen siendo el referente, Bonalma demuestra que la Argentina también puede jugar en esa liga.
Más que un negocio, su historia es una muestra de cómo la visión, la investigación y la calidad pueden transformar una contradicción en una oportunidad. Y, sobre todo, cómo el talento local puede convertir un grano de trigo en un símbolo de identidad y proyección mundial.



