En un mundo saturado de mensajes, donde la competencia por captar la atención del consumidor es cada vez más feroz, las marcas necesitan nuevas maneras de conectar, diferenciarse y dejar huella. Y en medio de esta búsqueda constante, ha emergido una tendencia sorprendente y potente: la incorporación de mascotas en las campañas, contenidos y estrategias de marca. Desde polos para perros hasta reels con gatos en outfits de lujo, las mascotas no solo adornan las piezas visuales, sino que se han convertido en auténticos vehículos de conexión emocional.
Recientemente, @Fatima Aït Zahrire abordó en su artículo “¿Por qué las marcas están obsesionadas con las mascotas?”, las razones profundas y estratégicas de esta tendencia que, lejos de ser una moda pasajera, se ha consolidado como un elemento clave del nuevo branding. Puedes leer su análisis completo aquí.
Este fenómeno responde a un cambio cultural en el que las emociones, la rutina compartida y la ternura se han convertido en las principales herramientas para construir vínculos duraderos con las audiencias. Pero más allá de la simple estética o el efecto visual adorable, hay una estrategia inteligente y profunda que conecta con valores universales y necesidades humanas básicas.
La inevitable conexión entre ternura y marca
¿Alguna vez te has detenido a sonreír al ver un reel de Jacquemus con un perro luciendo un bolso de lujo? Esa sonrisa no es casualidad. La presencia de mascotas en contenidos digitales y campañas de marca activa una respuesta emocional inmediata. La ternura, esa virtud que todos compartimos y valoramos, crea una conexión casi instintiva con las marcas que logran incorporarla de forma auténtica.
La magia de este enfoque radica en que la ternura conecta. Y esa conexión, cuando se activa con coherencia y espontaneidad, se traduce en una relación más cercana, auténtica y memorable entre la marca y su público. La rutina que compartimos con nuestras mascotas —quizás con nuestro perro favorito o un gato que parece tener más estilo que nosotros— despierta sentimientos positivos que las marcas saben traducir en posicionamiento emocional.
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Este vínculo emocional es más que un juego estético; es una estrategia de comunicación que funciona en múltiples niveles: activa la memoria del consumidor, genera empatía, y en muchas ocasiones, fomenta el boca a boca digital o real.
La rutina compartida como núcleo de la estrategia
Más allá del “cuquismo” o la tendencia viral, la presencia de mascotas en las campañas responde a una realidad social: la rutina y los rituales de cuidado, cariño y atención que compartimos con nuestros animales. La relación con una mascota se ha convertido en un espejo de nuestra identidad, nuestros valores y nuestros estilos de vida.
Marcas como Zara, Celine, Adidas, Jacquemus o Coperni han entendido esto a la perfección. En sus contenidos, los animales aparecen en momentos cotidianos, en espacios que reflejan un estilo de vida aspiracional pero cercano. La narrativa ya no solo es estética, sino emocional y auténtica. La presencia de un perro en un outfit de marca es un símbolo de cercanía, confiabilidad y complicidad.
Por ejemplo, en campañas recientes, el simple acto de mostrar a un perro en un entorno de lujo logra que el público se identifique rápidamente, reforzando la asociación de la marca con valores de cuidado, pertenencia y bienestar. La rutina diaria, que antes era solo privada, se exhibe ahora como un acto de cuidado y ternura que marca tendencia y genera impacto.
Branding sin ladridos, pero con mucha estrategia
Este fenómeno no es solo una tendencia pasajera. La estrategia de incluir mascotas en las contenidos y acciones de marca responde a una tendencia más amplia: la necesidad de activar vínculos emocionales genuinos con los públicos. Como explica @Fatima Aït Zahrire, “esto no es solo cuquismo, es estrategia emocional. Es branding disfrazado de caricia.”
Imagínate la escena: un reel que muestra un perro con un abrigo de la marca, o una historia donde una gata acompaña en el momento de elegir un producto. La sensación de calor, cuidado y cercanía no solo induce una actitud positiva hacia la marca, sino que también hace que esa marca pase a formar parte de la historia personal y cotidiana del consumidor.
¿Es solo un fenómeno de moda o estamos ante un cambio de paradigma en el branding?
La presencia de mascotas en las campañas y contenidos de marca ha pasado de ser una simple tendencia visual a consolidarse como una estrategia fundamental en la construcción de vínculos emocionales duraderos. Si bien puede parecer una moda adorable, la realidad es que refleja una evolución profunda en la forma en que las marcas se relacionan con sus audiencias.
Cada vez más, el consumidor busca autenticidad, cercanía y experiencias que lo hagan sentir parte de algo más grande que una simple compra. En ese contexto, las mascotas representan ese puente emocional, esa cotidianidad compartida que activa sentimientos positivos y genera identidad.
La transformación cultural: de nicho a código global
Lo que antes era exclusivo de nichos específicos —como marcas de productos para mascotas o campañas con tono dulce— hoy se ha convertido en un código cultural. La presencia de animales en contenidos de moda, belleza, deportes y lifestyle trasciende el nicho y penetra en la cultura popular, creando una narrativa compartida que atraviesa generaciones y estilos de vida.
Este cambio revela cómo las emociones, cuando se activan con honestidad y coherencia, se transforman en uno de los recursos más poderosos del branding. Las marcas que entienden esto saben que, en el fondo, no están vendiendo solo productos o servicios, sino sentimientos, pertenencias y aspiraciones.
Más allá del «cuquismo»: una estrategia de conexión genuina
La clave está en que la presencia de mascotas sea auténtica y coherente con los valores de la marca. La estrategia no busca solo generar likes o viralidad, sino crear un vínculo emocional real que perdure en el tiempo. Cuando esas imágenes o historias reflejan valores de cuidado, ternura, rutina y pertenencia, la marca se convierte en un referente emocional en la mente del consumidor.
Finalmente, todo esto no solo se trata de “cuquismo” o tendencias efímeras. Es un acto estratégico que, cuando se hace con intención y honestidad, puede renovar y fortalecer la relación con los públicos, logrando que la marca forme parte de la cotidianidad y las emociones profundas de sus consumidores.
Por todo ello, cabe preguntarse: ¿Esto es solo moda, o estamos en medio de una transformación definitiva del branding emocional? Lo cierto es que las marcas que han entendido la conexión entre emociones, cuidado y animales están construyendo relaciones que, más allá de lo superficial, perduran en el tiempo y en la memoria de las personas.
¿Eres del team “mi perro vive mejor que yo” o prefieres el “el gato manda en casa”? La tendencia ya está marcada, y las marcas no han perdido ni un segundo en aprovecharla.

