«La economía circular no está en el reciclaje, sino en el diseño» es el tema que propone Tomas Meriño, gerente general de Integradora Thinking
A casi una década de su promulgación, la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) empieza a mostrar con claridad su potencial transformador. El actual requerimiento de información, lanzado por el Ministerio del Medio Ambiente -con plazo hasta el 15 de septiembre para que los productores regulados declaren sus productos prioritarios- no solo es una exigencia legal, sino una oportunidad estratégica. Esta etapa inicial es más que un trámite administrativo: es la base para que las empresas diseñen, a partir de los datos, una ruta hacia la eficiencia, la innovación y la sostenibilidad.
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La economía circular no comienza en el reciclaje, sino en el diseño. Por eso, entender qué productos ponemos en el mercado, con qué materiales, en qué formatos y a través de qué canales, es esencial para rediseñar no solo empaques, sino cadenas completas de valor. Aquí es donde el cumplimiento puede convertirse en una ventaja competitiva. En Thinking lo hemos visto de cerca: empresas que declaran correctamente, pueden ecomodular mejor. Y al ecomodular, no solo reducen sus tarifas REP, sino también sus costos operativos, riesgos reputacionales y huellas ambientales.
La implementación de estrategias de ecodiseño, por ejemplo, permite desarrollar envases que no solo son reciclables, sino efectivamente reciclados. La diferencia es significativa. Si el ecodiseño se alinea con sistemas de recolección y transformación, como lo exigen las metas REP, es posible crear circuitos virtuosos donde el residuo deja de ser pasivo y se transforma en insumo. No es teoría: ya existen casos en Chile en los que envases post consumo se convierten en mobiliario para puntos de venta, integrando reciclaje, retail y mensaje al consumidor.
Por supuesto, la Ley REP aún tiene áreas de mejora. El sistema de declaración podría ser más intuitivo, la trazabilidad más exigente y los incentivos más ambiciosos para quienes lideran en circularidad. Pero sería un error subestimar lo que se ha logrado: por primera vez en nuestra historia ambiental, existe un marco legal que obliga a los productores a hacerse cargo del ciclo completo de lo que venden. Esto nos incluye a todos: empresas, consumidores, recicladores, municipios y transformadores. La circularidad ya no es una simple consigna, sino una responsabilidad compartida.
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Chile tiene en la Ley REP una hoja de ruta para dejar atrás la economía del descarte. Aunque aún hay curvas por recorrer, el camino está trazado. Dependerá de nosotros — productores, diseñadores, emprendedores, autoridades y consumidores — decidir si cumplimos solo para evitar multas, o si transformamos esta ley en una plataforma para repensar el futuro de nuestras industrias y territorios.
Porque, al final, no se trata solo de declarar. Se trata de rediseñar.

