El mundo corporativo padece una dolencia crónica que rara vez se diagnostica en las reuniones de junta directiva, pero que desangra la identidad de las marcas: la democratización de la opinión técnica en el marketing.
Recientemente, Gabriela Saavedra publicó una reflexión tan cruda como necesaria sobre esta realidad. En su análisis, Saavedra desmantela la condescendencia con la que muchas organizaciones tratan a sus departamentos creativos y estratégicos. Puedes leer su artículo original aquí.
A continuación, profundizamos en esta problemática y analizamos por qué confundir la estética con la estrategia es el error más costoso que una empresa puede cometer.
La Paradoja de la Expertise: ¿Por qué todos son «Marketeros»?
Imagina a un Director de Operaciones entrando en el departamento legal para corregir la redacción de una cláusula de arbitraje internacional solo porque «no le suena bien». O a un Gerente de Ventas pidiéndole al equipo de finanzas que cambie el método de depreciación de activos porque el actual «no es lo suficientemente vibrante».
Es absurdo, ¿verdad? Sin embargo, en el marketing, este comportamiento es la norma.
Como bien señala Saavedra, el marketing sufre del efecto «pinta y colorea». Al ser una disciplina con un componente visual y narrativo tangible, genera la falsa ilusión de que es puramente subjetiva. Si puedes verlo, puedes opinar. Si puedes leerlo, puedes editarlo.
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El Sesgo de la Subjetividad
El problema radica en que la mayoría de las opiniones externas no se basan en objetivos de negocio, sino en gustos personales.
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«No me gusta ese tono de azul».
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«Yo no usaría esa palabra».
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«A mi esposa no le convenció el anuncio».
Cuando el criterio personal de un directivo sustituye al análisis de datos y al estudio del comportamiento del consumidor, el marketing deja de ser una ciencia social aplicada para convertirse en un collage de egos.
El Marketing no es el Barniz; es la Estructura
Existe la creencia errónea de que el marketing es el último paso de la cadena de valor: «Ya tenemos el producto, ahora hazlo ver bonito». Esta visión es reduccionista y peligrosa.
El marketing estratégico no ocurre al final; ocurre al principio. Es el encargado de determinar:
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Product-Market Fit: ¿Realmente alguien quiere lo que estamos fabricando?
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Pricing: ¿Cuál es el valor percibido que nos permite maximizar el margen?
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Posicionamiento: ¿Qué lugar ocupamos en la mente del consumidor que la competencia no pueda reclamar?
Si tratamos el marketing como algo decorativo, estamos ignorando los cimientos de la rentabilidad a largo plazo.
El Cortoplacismo: El Enemigo de la Marca
Uno de los puntos más agudos de la reflexión de Saavedra es la dificultad de medición inmediata. En finanzas, los números cuadran o no cuadran al cierre del mes. En ventas, se llega o no se llega a la cuota.
Construir marca es una carrera de fondo, no un sprint.
El Valor del Intangible
El impacto del marketing no siempre se refleja en el reporte de la próxima semana. Se refleja en:
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La reducción del coste de adquisición de clientes (CAC) a través del tiempo.
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La capacidad de subir precios sin perder volumen de ventas (poder de marca).
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La lealtad del cliente que ignora ofertas de la competencia.
Cuando una organización subestima el marketing por no ser «tan directo» como las ventas, está condenándose a competir por precio. Y competir por precio es una carrera hacia el fondo donde nadie gana.
La Creatividad como Medio, no como Fin
Es vital entender que la creatividad en el marketing no es arte. El arte busca expresar la visión del autor; el marketing busca resolver un problema de negocio.
Como menciona Saavedra, el marketing es estrategia, análisis y ejecución disciplinada. Un video viral que no genera recordación de marca ni intención de compra es un fracaso, por muy «bonito» que sea. La disciplina del marketing consiste en asegurar que cada píxel y cada palabra sirvan a un propósito mayor: la sostenibilidad del negocio.
La Profesionalización del Criterio
Para que una empresa compita de verdad, debe establecer límites claros de autoridad técnica. Así como se respeta el criterio del ingeniero jefe sobre la estabilidad de una estructura, debe respetarse el criterio del profesional de marketing sobre la coherencia del mensaje.
Si todos opinan como expertos, se diluye la estrategia. El resultado es un mensaje tibio, diseñado para no molestar a nadie dentro de la oficina, pero que termina por no interesar a nadie fuera de ella.
Hacia una Cultura de Respeto Estratégico
El artículo de Gabriela Saavedra es un llamado a las armas para los profesionales del sector y una advertencia para los líderes empresariales. El marketing es una función crítica que requiere un expertise específico, años de estudio del comportamiento humano y una capacidad analítica profunda.
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Es hora de dejar atrás el «pinta y colorea». Las empresas que ganan en la economía actual son aquellas que entienden que el marketing no es un gasto opcional para cuando sobra presupuesto, sino la maquinaria que genera el valor por el cual el cliente está dispuesto a pagar.
Si quieres que tu empresa crezca, deja que los expertos en finanzas manejen los libros, que los legales manejen los contratos y que los expertos en marketing manejen la estrategia de mercado. Al final del día, el respeto por la especialización es lo que construye grandes imperios.


