Por Ignacio Vicuña
Ojo. Tendemos a ver este asunto desde las externalidades negativas que genera a la industria, a la ciudad y a la seguridad, pero a veces no reparamos en un hecho simple y decidor.
Estuve rescatando algunos datos más “blandos” y menos evidentes en torno a este fenómeno, y me encontré con lo siguiente:
Sobre la oferta
-Vendedores tienen en Chile ingresos diarios promedio de 50 dólares y jornadas laborales de 8 horas.
-Un 42 % de los vendedores son migrantes, y de este grupo el 36% tiene residencia legal en Chile. O sea, el 25% aprox. de los vendedores serían indocumentados.
-El 82% de todos los vendedores ambulantes está satisfecho con su actividad.
Sobre la demanda
-El 82% de los compradores está de acuerdo con que exista esta actividad.
-El 90% de los compradores está satisfecho con la compra de artículos, sus precios y su servicio.
Estos datos son de un estudio del 2023, obtenidos en las 15 comunas más habitadas de Santiago, donde están los grandes centros urbanos del país. Si esto fuera una industria formal, que no lo es, tendría que verse enfrentada a una serie de exigencias que tenderían a empeorar estos índices. Mientras eso no ocurra, lo que tenemos es una industria que paga bien, que tiene a sus empleados muy satisfechos con sus ingresos y calidad de vida y que conserva una clientela con niveles de satisfacción muy altos.
Las externalidades negativas del comercio ambulante, son muy grandes, pero no parecen ser lo suficiente como para que la demanda migre al comercio formal. Precio y cercanía, el resto son variables que a los consumidores de los sectores más populares de Santiago parecen no importarles generando un “match perfecto” entre oferta y demanda.
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Mirando así el problema, parece mucho más difícil de lo que parece desde fuera disminuir este fenómeno a rangos razonables (imposible de extinguir en nuestro continente), esto porque parece no ser un problema de gestión de la autoridad (que por supuesto existe y es la primera y evidente medida a tomar para corregir), sino de la estructura social y económica que le deja espacio a esta actividad. Vamos a ver seguramente, con la elección de nuevos alcaldes, la disminución de comercio ambulante en las calles más vistosas y famosas en relación a este fenómeno, pero mientras los consumidores sigan ahí y el negocio sea lucrativo y satisfactorio, aparecerán nuevas calles en reemplazo de las anteriores.
Eso, si o si, lo damos por garantizado.


