La tendencia del «subconsumo» o «underconsumption core» ha emergido como un fenómeno prominente en redes sociales como TikTok e Instagram, donde, curiosamente, se observa un cambio en la narrativa sobre el consumo y la moda. Este movimiento, que aboga por una reducción consciente del consumo, adopta un enfoque estético que recuerda a otras corrientes previas en la cultura contemporánea, como el minimalismo o el método de organización de Marie Kondo. Sin embargo, su esencia se remonta a épocas anteriores, como el mandato de «arreglar y remendar» de la Segunda Guerra Mundial, un tiempo en que la escasez forzó a las personas a ser más creativas y cuidadosas con sus posesiones. Hoy en día, esta resonancia histórica se reinventa en un contexto distinto, uno donde la ostentación y el consumismo excesivo son la norma, lo que hace que la tendencia del subconsumo se perciba tanto como un acto de resistencia como una moda estética.
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La aparición del «underconsumption core» en plataformas sociales refleja una paradoja: en un espacio donde predomina la ostentación, surgen voces que enfatizan la importancia de la reutilización y el uso prolongado de artículos. Influencers y figuras públicas se enorgullecen de llevar prendas antiguas o restauradas, en un esfuerzo por desafiar las normas del consumismo exacerbado. Este fenómeno provoca la pregunta de si realmente se trata de un cambio profundo en la mentalidad del consumidor o simplemente de una fase pasajera. La autora y editora Aja Barber considera que, aunque puede parecer una tendencia, en realidad representa un retorno a prácticas de vida más sostenibles y normales que muchas personas comparten en sus rutinas diarias, pero que han sido despojadas de su valor intrínseco por el contexto consumista contemporáneo.
Barber advierte sobre la manipulación que puede surgir de un enfoque de «tendencia» en torno al subconsumo, sugiriendo que etiquetar estas prácticas como tales podría desvirtua su significado original. En su opinión, la genuina «desinfluencia» se basa en el rechazo a la compra innecesaria, pero al mismo tiempo, el surgimiento de recomendaciones que reorientan el consumo hacia ciertos productos podría fácilmente perpetuar la cultura del consumismo. Su preocupación se centra en la fragilidad de estos movimientos dentro del ciclo de atención fugaz que caracteriza las redes sociales, donde una tendencia puede desvanecerse tan pronto como aparece. La clave, según Barber, radica en cómo podemos transformar esta tendencia en una práctica normalizada en nuestras vidas, más allá de las luces y la efervescencia pasajera de las plataformas digitales.
Por su parte, Andrea Cheong enfatiza la necesidad de adoptar prácticas de compra más sostenibles, en lugar de seguir la línea de solo elegir marcas que se etiquetan a sí mismas como sostenibles. Esta visión recalca que el verdadero cambio radica en cómo nos relacionamos con el consumo en general. Ella menciona que muchas comunidades han practicado inherentemente formas de subconsumo como un modo de vida mucho antes de que se convirtiera en un fenómeno en redes sociales. A través de la democratización del contenido en plataformas digitales, ahora hay un espacio para que estas prácticas se muestren, lo que puede alentar a otros a reconsiderar sus propias maneras de consumir. La conexión entre la cultura del «hauls» y la reacción al mismo a través del subconsumo es un reflejo de un cambio generacional hacia una mayor conciencia sobre cómo y por qué consumimos.
El análisis de Cheong también plantea un horizonte más esperanzador: si bien la etiqueta de «tendencia» puede ser engañosa, la monumentalidad de este movimiento es tal que se anticipa que seguirá presente. Las personas que siempre han sabido implementar prácticas de subconsumo probablemente continuarán haciéndolo, y quienes alguna vez se sintieron fuera de lugar por hacerlo podrían encontrar un nuevo sentido de legitimidad y pertenencia. La verdadera transformación se ubica en la divulgación de estas prácticas a un público más amplio y su aceptación como una forma válida y deseable de vida contemporánea. En este sentido, agregar el término «tendencia» no reduce la importancia del subconsumo, sino que lo ancla en un diálogo más amplio sobre la sostenibilidad, el consumo consciente y la revalorización de las prácticas cotidianas en un entorno digital.
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La tendencia del subconsumo, si bien puede estar vinculada a un contexto específico de cultura de redes sociales, plantea cuestiones fundamentales sobre la forma en que interactuamos con nuestro entorno y nuestras pertenencias. Este enfoque se encuentra en la intersección de la estética, la economía y la sostenibilidad, como un recordatorio de que incluso en medio del consumismo desenfrenado, siempre.

