La noticia de que Momad cierra su edición de septiembre con un 11% más de visitantes respecto a 2024, y con un porcentaje relevante de asistentes internacionales (25% provenientes de 70 países), ofrece varias capas de interpretación sobre el estado actual del sector de la moda, el calzado y los accesorios en Madrid, así como sobre la dinámica de ferias comerciales en un contexto marcado por cambios de agenda y la presencia de grandes eventos internacionales como la Fórmula 1. En primer lugar, el incremento de visitantes sugiere que, a pesar de las señales generales de desgaste en la demanda de consumo de moda en ciertos segmentos, existe una demanda sólida para las ferias especializadas que ofrecen plataformas de networking, exhibición de producto y oportunidades de negocio en un formato B2B.
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Este crecimiento, aunque modesto en cifra porcentual, adquiere mayor relevancia cuando se sitúa en un marco de competencia entre ferias que compiten por la atención de compradores, distribuidores y marcas. La diversidad geográfica de los asistentes, con un 25% internacional y la participación de 70 países, indica un alcance internacional que refuerza la función de Momad como puente entre mercados y constituye un factor estratégico para las marcas españolas y extranjeras que buscan visibilidad en un ámbito global. La presencia de marcas de renombre como Cacharel, Alba Conde, Matilde Cano o Vilgagallo enfatiza la capacidad de la feria para atraer a actores de distintos espectros: desde compañías de lujo con trayectoria internacional hasta firmas nacionales con una trayectoria consolidada en mercados regionales. Este arco mixto de expositores puede ser interpretado como un indicador de madurez de la muestra: una plataforma que no solo presenta novedades de diseño, sino que también funciona como punto de encuentro para acuerdos comerciales, pedidos y relaciones institucionales.
El análisis del contexto institucional de Ifema, que se ve obligado a reconfigurar su calendario para acomodar la llegada de la Fórmula 1, añade una capa de complejidad logística y estratégica. La decisión de adelantar la edición de Momad para febrero y desplazar la edición de septiembre a julio del año siguiente responde a una lógica de convivencia entre grandes eventos y ferias especializadas: una coordinación que busca minimizar conflictos de agenda, maximizar la ocupación de infraestructuras y optimizar la afluencia de públicos objetivo. Este reprogramación da cuenta de una visión operativa orientada a la maximización de efectos multiplicadores: la Fórmula 1, como gran evento de atracción turística y media, podría generar un impacto económico significativo en la región, lo que a su vez afecta la percepción y el comportamiento de compradores, expositores y patrocinadores respecto a otras citas feriales. En este sentido, la decisión de adelantar Momad para capturar la demanda de stock y facilitar la logística de las empresas que ya están en mercado en esas fechas podría interpretarse como una estrategia de resiliencia ante periodos de mayor demanda estacional o de mayor actividad comercial en el sector de la moda y la distribución.
La autoridad de Ifema en la reconfiguración del calendario también genera preguntas sobre la coordinación entre ferias hermanas y eventos sectoriales, especialmente con la mención de que Intergift y Bisutex programarán su próxima edición en febrero, mientras MadridJoya concentrará su convocatoria en septiembre de 2026. Este mosaico de fechas puede ser visto como un intento de crear un ecosistema ferial más cohesionado, donde distintas ferias coordinan sus ventanas para evitar superposiciones largas, optimizar la logística y, en definitiva, ofrecer a los compradores y expositores una experiencia de visita más clara y menos dispersa. Sin embargo, también podría generar tensiones entre expositores que trabajan con presupuestos limitados y que deben decidir entre participar en varias ferias o concentrar esfuerzos en una única cita con mayor retorno potencial.
El criterio de decisión de las empresas para escalar su presencia en estas ferias parece estar cada vez más influido por el stock disponible al momento de la feria, como señala el director de negocio ferial, que indica que el 80% del stock ya está vendido para septiembre, lo cual sugiere que las compañías tienden a planificar su producción y su aprovisionamiento con una anticipación significativa para estas plataformas. Este dato puede verse como una señal de que, para las empresas, Momad es una cita clave en su calendario comercial, no sólo por la visibilidad, sino por la capacidad de cerrar acuerdos y gestionar inventarios de cara a nuevas temporadas.
Otro eje de lectura relevante es la dimensión internacional en aumento, particularmente con la participación de Latinoamérica y, en concreto, Colombia, que se integró al programa con artesanías de Colombia y la Bogotá Fashion Week, que llegó por primera vez con una selección de diseñadores emergentes. Esta apertura regional en el marco de la feria sugiere un fortalecimiento de la función de Momad como plataforma de internacionalización para diseñadores y productores latinoamericanos que buscan entrar en mercados europeos, especialmente el español. La inclusión de la delegación oficial de Bogotá Fashion Week agrega un componente institucional y de legitimidad que puede facilitar futuras colaboraciones, acuerdos de distribución y visibilidad en el mercado europeo. Esta vertiente internacional podría ser estratégica para impulsar relaciones comerciales entre proveedores de Latinoamérica y compradores europeos, diversificando la oferta de la feria y fortaleciendo su atractivo para expositores que buscan acceso directo a mercados con demanda de productos de moda, calzado y complementos.
Pero junto a estos signos de fortaleza se identifica una lectura de contexto más ambigua sobre la situación del consumo y la dinámica de la moda. La directora de las ferias Momad, Bisutex, Intergift y MadridJoya, Julia González, subrayó que las ferias reflejan lo que sucede en la calle y que el consumo actual está marcado por una preferencia por viajar o vivir experiencias sobre la compra de prendas, una indicación de una tendencia estructural que podría presionar la conversión de visitantes en compradores y, por extensión, el volumen de negocio directo para los expositores. En su análisis, las ferias exitosas están vinculadas a la experiencia turística y alimentaria (con ejemplos como Fitur y Fruit Attraction), lo que sugiere un desplazamiento de la demanda hacia formatos de experiencia más que hacia la compra de moda per se.
Este diagnóstico podría interpretarse como un reto para el sector: si la experiencia y el turismo están capturando una mayor cuota de atención y gasto, las ferias de moda podrían necesitar innovar en la creación de experiencias de compra y en la conexión de marcas con experiencias de consumo que vayan más allá de la exhibición de producto. En otras palabras, hay una tensión entre la función tradicional de la feria como punto de encuentro entre oferta y demanda y la posibilidad de que el consumidor final esté menos presente en entornos feriales, o que acuda con un espíritu diferente, buscando inspiración o tendencias más que adquisiciones inmediatas.
La cita de González también apunta a un fenómeno que ha sido observado en el sector: ciertos momentos de bonanza en el pasado contrastan con una economía que hoy presenta signos de debilidad relativa. Esta afirmación sugiere un cambio de ciclo en el que la moda, pese a su capacidad de innovación y su carácter dinámico, enfrenta una demanda más conservadora o selectiva. En ese marco, la feria podría estar explorando estrategias para mantener su relevancia: diversificar su oferta, atraer compradores por más segmentos geográficos, mejorar la calidad de las presentaciones, o facilitar acuerdos comerciales a través de plataformas digitales que complementen la experiencia presencial. La posibilidad de fortalecer el vínculo entre la feria y el turismo o la gastronomía, que ya se ha visto en otras ferias exitosas, podría ser una vía para crear valor añadido y atraer a un público más amplio sin alienar a su base de expositores y compradores habituales.
El informe de Ifema sobre el reajuste de fechas y la explicación de que la mayoría de las empresas llega a Momad con el 80% de su stock vendido al inicio de septiembre aporta una visión operativa interesante. Este dato sugiere que las empresas tienden a utilizar Momad como una oportunidad para consolidar envíos y confirmar pedidos para las temporadas venideras, más que como escenario para la introducción de líneas completamente nuevas o colecciones en desarrollo. En este sentido, la feria podría estar desempeñando un papel doble: por un lado, ser un motor de ventas inmediatas y, por otro, funcionar como un barómetro de la demanda de temporada, lo cual ayuda a las empresas a gestionar su stock, planificar su producción futura y ajustar estrategias de distribución. Este doble rol es valioso para la economía del sector, ya que convierte a la feria en un evento de planificación y ejecución, no solo de exhibición.
La intervención de Juan José Estévez, director de negocio ferial, al explicar que adelantar las fechas podría ser positivo por la preferencia de las empresas a llegar al evento con un stock ya vendido, añade una capa de razonamiento basada en el comportamiento de ventas de las compañías. Se trata de una lectura pragmática que privilegia la eficiencia operativa y la reducción de riesgos ante escenarios de demanda incierta. Esta visión puede reforzar la confianza de expositores y compradores en la utilidad de la feria como plataforma para cerrar negocios, en lugar de ser un simple escaparate de moda. Al mismo tiempo, plantea interrogantes sobre la necesidad de adaptar la logística, la gestión de visitantes y la oferta de servicios para maximizar el impacto de una ventana ferial con fechas más concentradas. En particular, un calendario compacto podría exigir mayor coordinación entre expositores para evitar solapamientos de agenda, optimizar la presencia en distintos pabellones y mejorar la experiencia de los visitantes que asisten a múltiples stands durante un mismo día.
La noticia también contextualiza el hecho de que la próxima edición de Momad se celebrará en febrero de 2026, y la edición de julio, que sustituye a la de septiembre, se programará entre el 23 y el 25 de julio de 2026. Este ajuste temporal tiene implicaciones para las cadenas de suministro, la planificación de equipos de venta y la programación de presentaciones de producto para marcas y diseñadores. El adelanto de la edición de julio podría facilitar la apertura de mercados de verano y preparar la primavera-verano de 2027, dependiendo de la cadencia de pedidos y de la dinámica de compra de los minoristas. Sin embargo, también podría generar desafíos logísticos derivados de la necesidad de coordinar con otros eventos, con proveedores de servicios y con la propia logística del recinto para garantizar una experiencia de calidad para expositores y visitantes. En este sentido, la planificación estratégica por parte de las empresas que participan en Momad debe contemplar no solo la temporada de ventas, sino también la posibilidad de reorganización de equipos, el ajuste de presupuestos de marketing y la optimización de la presencia en ferias durante el año.
En términos de gestión estratégica, el reajuste de fechas podría considerarse como una medida de optimización de la cadena de valor de la feria: distribución de demanda, gestión de inventarios de expositores, eficiencia operativa y mejora de la experiencia del visitante. Aunque la noticia se centra en resultados de última edición y en la planificación futura, se puede inferir que la dirección de Ifema y los organizadores de Momad buscan un equilibrio entre volumen de visitantes, calidad de las oportunidades de negocio y cohesión con el calendario de otros sectores. Este equilibrio es crucial para mantener la atractivo de la feria para expositores que requieren un retorno de inversión claro, y para compradores que necesitan justificar su participación frente a reuniones y eventos de su propia agenda. En este sentido, la estrategia de adelantar fechas y de sincronizar ediciones con eventos de temporada puede interpretarse como una respuesta proactiva a las dinámicas del mercado, en las que la presión de stock existente a inicio de temporada, la necesidad de planificar procesos logísticos y la demanda de experiencias para el consumidor final configuran un conjunto de variables que deben ser gestionadas para mantener la competitividad del salón.
En síntesis, el cierre de la edición de septiembre de 2025 de Momad, con su incremento de visitantes y una cuota internacional significativa, se enmarca en un movimiento de reajuste estratégico a nivel de Ifema que busca optimizar calendarios y aprovechar sinergias entre ferias afines. El giro hacia una programación que adelanta la edición de Momad a julio de 2026 y sitúa la próxima edición principal en febrero de 2026 refleja una orientación a captar stock y ofrecer ventanas de compra más eficientes para las empresas expositores, que ya gestionan en su mayoría un alto grado de stock comercial al inicio de las ferias. El análisis debe considerar que, si bien estas señales apuntan a una fortaleza operativa y a un potencial de expansión internacional, también exigen una atención continua a las dinámicas de consumo que, según las reflexiones de González, privilegian experiencias y turismo frente a la compra de prendas.
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En ese sentido, el éxito futuro de Momad dependerá de su capacidad para convertir la afluencia de visitantes en oportunidades de negocio concretas, para mejorar la experiencia de exhibición y para integrarse de forma eficaz en un ecosistema ferial que fomente la colaboración entre sectores y mercados, al tiempo que aborda las tendencias de consumo que están reformulando las expectativas del público objetivo. Si se logra combinar una oferta internacional diversificada, un calendario editorial más eficiente y una propuesta de valor centrada en la experiencia y la conectividad, Momad podría consolidar su papel como una plataforma clave para la moda, el calzado y los accesorios en el sur de Europa y más allá, adaptándose a un entorno dinámico que exige innovación constante, coordinación estratégica y una visión de largo plazo orientada a la generación de valor para expositores, compradores y otros actores del sector.


