Aeffe, el grupo italiano dueño de Moschino, Alberta Ferretti, Philosophy y Pollini, atraviesa una fase de reestructuración sin precedentes y ha anunciado 221 despidos entre su plantilla de 540 trabajadores. La medida, que se ejecutará antes de las fiestas, llega tras un periodo de resultados en descenso y tras haber ingresado en procedimientos de preconcurso en Italia, con la intervención de autoridades y sindicatos para gestionar la crisis.
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- Contexto general y alcance de laReestructuración
- Aeffe ha anunciado una reducción de plantilla de 221 empleados, cifra que representa aproximadamente una de cada dos personas empleadas en la empresa.
- La medida forma parte de un proceso de reestructuración más amplio, que se enmarca en una situación de preconcurso en Italia (composición negoziata della crisi). En este momento, solo Aeffe y Pollini están afectados, mientras Alberta Ferretti y Moschino permanecen fuera del procedimiento.
- La destrucción de empleo se ejecutará antes de Navidad, lo que ha llevado a implicar al Ministerio de Empresa y Made in Italy; las autoridades trabajan junto a la empresa y los sindicatos para gestionar la transición.
- Distribución geográfica de los despidos
- La mayor parte de las bajas se concentrarán en Milán y Romaña: 141 en Milán y 81 en Romaña.
- Estas áreas son las más críticas para la firma y concentran gran parte de su actividad operativa y de producción.
- Contexto económico y desempeño reciente
- En el primer semestre del año, Aeffe reportó ingresos de 102,8 millones de euros, lo que representa una bajada del 27,55% respecto al mismo periodo del año anterior.
- Los ingresos totales alcanzaron 141,89 millones de euros en ese periodo.
- El resultado operativo (EBITDA) mostró un fuerte deterioro, con una pérdida de 11,24 millones de euros frente a un EBITDA positivo de 419.000 euros en la mitad de 2024.
- La empresa citó la crisis del lujo como la principal responsable de estas cifras negativas, en un contexto en el que el sector ha mostrado señales de endurecimiento y presión de márgenes.
- Cambios en la alta dirección y liderazgo
- En agosto, Aeffe anunció la salida de Roberto Lugano como director, siendo sustituido por Marco Gobbetti, quien ya había ejercido como director ejecutivo de Moschino.
- Gobbetti posee experiencia previa en marcas de lujo dentro de grandes grupos (fue CEO de Givenchy y Céline dentro de LVMH, y posteriormente dirigió Burberry; su último cargo fue en Ferragamo).
- Este cambio en la dirección forma parte de la estrategia de reestructuración para estabilizar la compañía y “preservar el patrimonio” y asegurar la continuidad del negocio, según declaraciones anteriores de la empresa.
- Reacciones de los actores involucrados
- Los sindicatos han pedido a la empresa que desarrolle y publique un plan industrial claro que permita revertir la situación y mantener la mayor cantidad de puestos posibles.
- Las administraciones públicas, a su vez, están considerando instrumentos o medidas económicas extraordinarias para mitigar el impacto de la crisis sobre la plantilla y las regiones más afectadas.
- Las regiones de Romaña y Milán son las más impactadas por la medida de despidos y requieren atención especial de políticas públicas para acompañar la transición de trabajadores.
- Perspectivas y próximos pasos
- El objetivo inmediato de Aeffe es garantizar la continuidad del negocio y proteger los intereses de los inversores mientras se lleva a cabo el proceso de restructuración.
- A corto plazo, se espera la difusión de un plan industrial que detalle las medidas para estabilizar ingresos, optimizar operaciones y mantener la marca en el segmento de lujo.
- A medio plazo, la empresa podría evaluar nuevas iniciativas para reforzar la liquidez y reducir costos sin perder la identidad de sus firmas históricas.
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- Contexto sectorial y lecciones para el sector de moda
- El sector del lujo ha mostrado resiliencia relativa frente a crisis puntuales, pero la presión de demanda y la necesidad de gestionar eficiencias operativas siguen siendo desafíos centrales.
- La experiencia de Aeffe ilustra la necesidad de planes industriales rigurosos y de una coordinación estrecha entre empresa, sindicatos y gobierno para gestionar procesos de reestructuración de forma ordenada y con el menor impacto social posible.


