Tras dos décadas de crecimiento sostenido, el sector del lujo europeo enfrenta una paradoja inquietante: su propio éxito ha generado una saturación que amenaza con frenar su expansión. Marcas emblemáticas como LVMH, Kering y Richemont reportan caídas significativas en sus ingresos, especialmente en mercados asiáticos que antes impulsaban gran parte de la demanda global.
La desaceleración en China, que representaba más del 25% del consumo mundial de lujo, ha sido especialmente crítica. Factores como la austeridad interna, campañas contra el consumo ostentoso y un entorno económico más restrictivo han reducido drásticamente las ventas de artículos premium. Esta caída ha obligado a las marcas a replantear sus estrategias de crecimiento.
A esto se suma el impacto de los aranceles estadounidenses y un cambio generacional en la percepción del lujo. Las nuevas generaciones priorizan la sostenibilidad, la exclusividad auténtica y el propósito social, dejando atrás el lujo ostentoso y los logotipos visibles. Marcas como Hermès, centradas en la artesanía, han resistido mejor que aquellas enfocadas en el marketing masivo.
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El informe de McKinsey titulado El estado del lujo: cómo afrontar una desaceleración revela que entre 2019 y 2023, más del 80% del crecimiento del sector se debió al aumento de precios, no al volumen de ventas. Esta estrategia, aunque rentable a corto plazo, ha generado una “fatiga del lujo” entre los consumidores, que ahora cuestionan el valor real detrás de los precios elevados.
En paralelo, los servicios de lujo —viajes, gastronomía, experiencias personalizadas— han mantenido su auge. Según Bain & Company, el lujo experiencial ha superado notablemente al de bienes en el primer trimestre de 2025. Esto sugiere que el consumidor busca vivencias memorables más que productos físicos, obligando a las marcas a diversificar su oferta.
Algunas firmas han comenzado a reaccionar. Burberry ha lanzado una estrategia de reducción de precios para reconectar con el consumidor medio-alto, mientras Kering invierte en tecnología para personalizar la experiencia de compra. LVMH, por su parte, apuesta por experiencias físicas en Europa y Medio Oriente para compensar la baja demanda asiática.
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Los analistas advierten que 2025 podría ser el primer año desde 2016 en que el sector genere menor valor interanual. La caída del 3,4% en los precios de bienes de lujo y el descenso del 2% en ingresos promedio reflejan un debilitamiento de la demanda que no puede ignorarse1.
Sin embargo, no todo está perdido. El dinamismo en mercados emergentes como India, Oriente Medio y Asia Pacífico ofrece nuevas oportunidades de expansión. Además, el lujo silencioso —centrado en calidad, discreción y valores— podría convertirse en el nuevo estándar para reconectar con el consumidor exigente.


