Perros y humanos unidos en la investigación oncológica y ambiental
El vínculo entre perros y personas siempre ha sido profundo, pero en los últimos años ha adquirido una nueva dimensión en el ámbito científico: la investigación del cáncer. Más allá de la relación afectiva, los canes se han convertido en aliados estratégicos para comprender mejor cómo se desarrolla esta enfermedad en los humanos. Esta colaboración no solo permite obtener información valiosa, sino que, en muchos casos, acelera los descubrimientos y mejora las posibilidades de desarrollar terapias eficaces.
Un ejemplo reciente que ilustra la relevancia de esta conexión se produjo tras el descarrilamiento e incendio de un tren que transportaba productos químicos en East Palestine, Ohio, en 2023. Entre las sustancias liberadas se encontraban cloruro de vinilo, acroleína y dioxina, compuestos reconocidos como potenciales carcinógenos. Mientras que en los humanos podrían pasar décadas antes de observar un incremento en la incidencia de cáncer, en los perros —que comparten el mismo entorno y, por lo tanto, la misma exposición— la enfermedad tiende a desarrollarse más rápidamente. Esto abre la posibilidad de utilizar a las mascotas como indicadores tempranos de riesgo ambiental para las personas.
Cáncer en perros y humanos: una similitud genética notable
Los investigadores han confirmado que, más allá de las coincidencias en la exposición ambiental, los cánceres en perros y humanos comparten mecanismos biológicos muy parecidos. Ambos surgen de manera espontánea, como resultado de un proceso de acumulación de daños genéticos a lo largo del tiempo. Este deterioro provoca que las células pierdan el control sobre su división, desarrollen mecanismos para evadir la respuesta inmunitaria y, finalmente, se conviertan en tumores malignos.
Vea también: Zoológico danés desata controversia por alimentar depredadores con mascotas
Esta complejidad contrasta con los modelos de laboratorio tradicionales, como los ratones, en los que el cáncer suele inducirse artificialmente y en sistemas inmunitarios modificados. En cambio, los perros desarrollan tumores en condiciones más cercanas a las humanas, lo que los convierte en modelos más precisos para la investigación oncológica.
Un estudio liderado por Elinor Karlsson en la Universidad de Massachusetts analizó más de 15.000 tumores humanos y 400 caninos, identificando mutaciones genéticas acumuladas a lo largo de la vida. Los resultados mostraron que, en ambos casos, los genes afectados eran prácticamente los mismos y, en muchos casos, las mutaciones aparecían en las mismas posiciones. Ejemplos destacados incluyen el gen supresor de tumores PTEN, vinculado al cáncer de mama y próstata en humanos, y el NRAS, implicado en melanomas.
Terapias cruzadas: de los perros a las personas y viceversa
El carácter bidireccional de esta investigación es clave. Tradicionalmente, muchas terapias para perros han derivado de medicamentos inicialmente desarrollados para humanos. Sin embargo, hoy también se está avanzando en sentido contrario: algunos tratamientos creados y probados primero en perros ya están en ensayos clínicos para personas. Entre ellos se encuentran inmunoterapias contra tumores cerebrales, terapias víricas para linfomas y medicamentos para mieloma múltiple.
Un ejemplo ilustrativo proviene de la empresa FidoCure, que estudia cómo las mutaciones genéticas específicas en tumores caninos pueden predecir la respuesta a fármacos humanos. En un análisis de más de 1.100 casos, se observó que los perros con ciertas mutaciones sobrevivían más tiempo cuando recibían un medicamento dirigido a esa alteración genética. Este hallazgo refuerza la idea de que la biología subyacente del cáncer es tan parecida que los avances en una especie pueden aplicarse con éxito a la otra.
Ensayos clínicos más rápidos gracias a la biología canina
El ritmo acelerado con el que se desarrolla el cáncer en los perros es una ventaja para la investigación. Por ejemplo, probar una vacuna preventiva en humanos podría requerir 15 o 20 años de seguimiento, mientras que en perros el mismo estudio podría completarse en apenas cinco.
El oncólogo veterinario Douglas Thamm, de la Universidad Estatal de Colorado, ha utilizado este enfoque para evaluar una vacuna contra moléculas de ARN malformadas que podrían prevenir el cáncer. El ensayo, que involucró a 804 perros, ya ha finalizado la fase de recolección de datos, y los resultados se esperan para finales de 2025.
Biopsia líquida y detección temprana
Otra técnica prometedora en desarrollo es la biopsia líquida, que busca detectar restos de ADN o mutaciones asociadas al cáncer en muestras de sangre. Investigadores de la Universidad de Tufts, liderados por Cheryl London, están explorando su uso para identificar recaídas en perros con hemangiosarcoma, un cáncer frecuente en golden retrievers.
La ventaja de esta técnica es que permitiría cambiar de tratamiento antes de que el tumor avance demasiado. En el futuro, la biopsia líquida podría servir también para detectar tumores ocultos en etapas iniciales tanto en perros como en personas.
Perros como centinelas medioambientales
Además de su papel en el desarrollo de tratamientos, los perros están emergiendo como herramientas para vigilar el impacto de contaminantes ambientales. Debido a que comparten con los humanos el aire, el agua y hasta los suelos tratados con pesticidas, su salud puede reflejar de forma más rápida los riesgos potenciales de ciertas sustancias.
El genetista Matthew Breen y su equipo han investigado cómo ciertas toxinas podrían estar relacionadas con el cáncer de vejiga en perros. Para ello, utilizaron etiquetas de silicona que absorben compuestos químicos presentes en el ambiente doméstico. Comparando perros con y sin una mutación genética específica (BRAF V595E), identificaron 25 sustancias más abundantes en los animales con la mutación, incluyendo retardantes de fuego y subproductos de combustión.
Este tipo de estudios no solo ayuda a proteger la salud canina, sino que puede alertar sobre riesgos para las personas antes de que se desarrollen problemas visibles.
El caso East Palestine: ciencia en tiempo real
Tras el accidente ferroviario en East Palestine, Karlsson y su equipo distribuyeron etiquetas de silicona a decenas de dueños de perros en la zona afectada. Paralelamente, tomaron muestras de sangre de los animales para analizar mutaciones relacionadas con el cáncer. Si se detecta un aumento significativo de alteraciones genéticas, la recomendación sería iniciar una vigilancia más estrecha, tanto para los perros como para sus propietarios humanos.
Para los investigadores, esta colaboración entre veterinaria y medicina humana no es solo un recurso científico, sino también una oportunidad para mejorar la vida de los perros enfermos. Muchos de ellos reciben tratamientos avanzados que no estarían disponibles de otro modo, lo que prolonga su tiempo junto a sus familias.
Como señala Thamm, “no estamos utilizando a estos animales en su detrimento, sino tratando de ayudarlos mientras aprendemos algo que también puede salvar vidas humanas”.
Vea también: Grain free en debate: Advertencias de la industria europea de mascotas
La investigación comparada en cáncer entre perros y humanos ofrece una ventaja doble: acelera el desarrollo de nuevos tratamientos y actúa como sistema de alerta temprana frente a riesgos ambientales. En un mundo donde las exposiciones a contaminantes son cada vez más comunes, esta colaboración podría marcar una diferencia decisiva en la detección, prevención y tratamiento del cáncer.

