En Canadá hay más mascotas que niños y esto está transformando su economía
Canadá atraviesa una transformación silenciosa pero profunda: en el país viven más perros y gatos que niños menores de 14 años. Este cambio demográfico, lejos de ser una simple curiosidad estadística, está provocando una serie de adaptaciones en sectores clave de la economía, desde el mercado inmobiliario hasta el turismo, pasando por el retail, los seguros y la tecnología. En medio de una sociedad que posterga la maternidad y paternidad, las mascotas ocupan un rol cada vez más central.
Más gatos y perros que niños: el nuevo rostro de los hogares canadienses
De acuerdo con datos recientes del Canadian Animal Health Institute y Statistics Canada, Canadá cuenta con aproximadamente 8,3 millones de gatos y 7,9 millones de perros, lo que suma más de 16 millones de mascotas. En contraste, la población de niños menores de 14 años alcanza los 5,6 millones. Esta diferencia marca una tendencia inédita que se consolida año tras año.
La cantidad de hogares con hijos ha disminuido notablemente en las últimas dos décadas, mientras que los hogares con animales de compañía crecen de forma sostenida. Este fenómeno responde a múltiples factores, como los cambios en las prioridades de vida, la incertidumbre económica y el alto costo de criar hijos en entornos urbanos como Toronto o Vancouver.
Una industria que factura más de 12.000 millones de dólares al año
El auge del fenómeno pet lover ha impactado directamente en el consumo. Según la firma IBISWorld, en 2023 el gasto anual en productos y servicios para mascotas superó los 12.000 millones de dólares canadienses. Este monto abarca desde alimentos premium hasta seguros, peluquería canina, servicios veterinarios, entrenamiento, y guarderías especializadas.
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Empresas como Pet Valu, Ren’s Pets y Woof Concept han sabido capitalizar este boom. Ofrecen desde collares con diseños exclusivos hasta alimentos orgánicos sin granos, formulados por nutricionistas especializados. Incluso Amazon Canadá ha experimentado un crecimiento del 40% en su categoría de productos para mascotas desde la pandemia, lo que evidencia un comportamiento de compra que llegó para quedarse.
El concepto de «perrhijos» y «gathijos» toma fuerza en las grandes ciudades
Entre las generaciones más jóvenes, especialmente los millennials, se ha popularizado el concepto de los “perrhijos” y “gathijos”. Este fenómeno no solo cambia la relación emocional entre humanos y animales, sino también las decisiones de vida cotidiana: desde la elección del lugar para vivir hasta la planificación de viajes o eventos sociales.
Nuevos condominios en ciudades como Montreal, Vancouver y Calgary incluyen zonas verdes exclusivas para mascotas, estaciones de lavado de perros (dog wash stations) y regulaciones más flexibles. Paralelamente, los parques urbanos se han adaptado para incluir espacios pet friendly, y es común encontrar ferias temáticas o carreras donde los perros participan junto a sus dueños.
El turismo canadiense también ha evolucionado en sintonía con esta nueva realidad. Grandes cadenas hoteleras como Fairmont y Westin han incorporado paquetes especiales para huéspedes que viajan con sus mascotas. Estos incluyen desde camas para perros hasta room service canino y servicios de paseadores a domicilio.
Una encuesta reciente indica que el 35% de los canadienses no viajaría a un destino que no acepte mascotas. Esta preferencia ha motivado el surgimiento de una oferta cada vez más diversificada de alojamientos pet friendly, rutas de senderismo para perros, y hasta restaurantes que ofrecen menús especiales para animales.
Otro sector que ha experimentado una fuerte expansión es el de los seguros para mascotas. En los últimos cinco años, las pólizas han crecido un 27%, con coberturas que van desde enfermedades crónicas y cirugías hasta fisioterapia o incluso apoyo psicológico para animales con ansiedad. Compañías como Trupanion o PetSecure lideran este segmento en Canadá.
En paralelo, las herramientas tecnológicas para el cuidado de mascotas no dejan de multiplicarse. Aplicaciones como Rover, Pawzy o Dog Child permiten desde reservar paseadores certificados hasta elaborar dietas personalizadas con inteligencia artificial. Estas plataformas reflejan la sofisticación del vínculo humano-animal y el creciente interés por el bienestar integral de las mascotas.
Más allá del impacto económico, el crecimiento del número de mascotas en los hogares canadienses pone en evidencia una transformación más profunda: el cambio en la estructura familiar. Diversos estudios sociológicos señalan que muchas parejas jóvenes optan por no tener hijos —o postergan esa decisión indefinidamente— debido a razones como el elevado costo de vida, la escasez de viviendas asequibles y la inseguridad laboral.
En este contexto, las mascotas representan una alternativa emocionalmente satisfactoria, más accesible y con menor carga económica. Un informe de la Universidad de Columbia Británica indica que más del 40% de los millennials en Canadá considera a sus mascotas como miembros plenos de su familia, lo que se refleja en la forma en que interactúan con ellos y los recursos que destinan a su cuidado.
Aunque el auge de las mascotas genera oportunidades de negocio e innovación, también plantea interrogantes sobre el futuro demográfico del país. Canadá enfrenta un proceso acelerado de envejecimiento poblacional y una tasa de natalidad decreciente, lo que podría derivar en una menor fuerza laboral, presión sobre los sistemas de seguridad social y desequilibrios fiscales en el largo plazo.
Algunos expertos alertan sobre la necesidad de políticas públicas que fomenten el equilibrio entre la vida familiar y laboral, así como incentivos para quienes desean tener hijos pero enfrentan barreras económicas. En este sentido, el protagonismo de las mascotas en la vida urbana es solo una arista de un cambio más amplio que involucra valores culturales, decisiones económicas y formas de habitar el mundo.
Una nueva normalidad que llegó para quedarse
Canadá vive hoy una revolución silenciosa impulsada por patas y colas. En un país donde los perros y gatos superan en número a los niños, la sociedad, la economía y la cultura urbana están cambiando. Desde la arquitectura de los edificios hasta las estrategias de marketing, todo comienza a girar en torno a estas nuevas prioridades afectivas.
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Lejos de ser una moda pasajera, el fenómeno de los “perrhijos” y “gathijos” está cimentando una nueva normalidad. Una en la que las decisiones de consumo, las inversiones y los desarrollos tecnológicos se diseñan teniendo en cuenta no solo a las personas, sino también a sus inseparables compañeros de cuatro patas.


