Emprendimiento que inspira: Bolsas recicladas se convierten en productos útiles
En una sociedad cada vez más consciente del impacto ambiental del consumo, la creatividad y el compromiso con el reciclaje pueden transformarse en herramientas poderosas para generar cambio. Eso es precisamente lo que está logrando Marcela Rivas, una emprendedora de Viedma que ha encontrado en los residuos un recurso para crear, educar y emprender. Su iniciativa, “Nueva Vida, reciclaje Viedma”, no solo le brinda una fuente alternativa de ingresos, sino que también se ha convertido en un ejemplo de cómo es posible reinventar objetos descartados en productos funcionales y duraderos.
Marcela no proviene del mundo empresarial, ni cuenta con grandes recursos o maquinaria industrial. Su historia comenzó, como muchas otras, desde lo doméstico y lo cotidiano. Mientras trabajaba en una zapatería, se dio cuenta de que podía hacer algo más para complementar su economía familiar. Así, hace aproximadamente un año y medio, decidió comenzar un proyecto artesanal desde su hogar.
La idea inicial fue sencilla: reutilizar las bolsas vacías de alimentos para mascotas —que suelen terminar en la basura— para confeccionar objetos útiles. Sin embargo, detrás de ese gesto, aparentemente simple, se esconde una mirada crítica sobre el consumo, los desechos y el rol de los ciudadanos en la protección del ambiente. Con paciencia, constancia y sin pretensiones iniciales, Marcela empezó a experimentar con materiales, moldes y costura.
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Con el tiempo, la iniciativa fue tomando forma y comenzó a consolidarse. Primero vendió a través de redes sociales y luego se animó a participar en ferias locales. Aunque su experiencia anterior en Bariloche había sido desalentadora —por la falta de ventas y escaso apoyo— en Viedma encontró un ecosistema más receptivo. Hoy participa activamente en ferias comunitarias y de emprendedores, como las organizadas en el barrio Zatti o por la Universidad Nacional de Río Negro.
A pesar de los altibajos y los meses difíciles, su perseverancia está dando frutos. “Gracias a las redes sociales y a las ferias, cada vez más personas conocen mis productos”, comenta con entusiasmo. La difusión digital, combinada con la cercanía de los espacios presenciales, ha sido clave para sostener y hacer crecer el proyecto.
Productos hechos a mano con residuos rescatados
La propuesta de Marcela se centra en un elemento que todos reconocemos pero pocos valorizan: las bolsas de alimentos para mascotas. Estos envases, elaborados con materiales plásticos resistentes, son desechados a diario en grandes cantidades. Sin embargo, en sus manos adquieren una segunda vida como materos, cartucheras, bolsos deportivos, bolsas para mandados y estuches escolares. Cada artículo es confeccionado artesanalmente y destaca por su durabilidad, diseño llamativo y practicidad.
El proceso comienza con la recolección de las bolsas, que provienen en parte de tres locales gastronómicos de la ciudad que colaboran con ella donando sus residuos. Luego viene el lavado, el secado, el corte y finalmente la costura. Marcela utiliza una máquina a pedal, regalo de cumpleaños, para fabricar sus productos. Anteriormente lo hacía con una máquina eléctrica familiar, lo que revela su capacidad de adaptación y su compromiso con el proceso artesanal.
“El trabajo es completamente manual, desde la limpieza de los materiales hasta la confección. En casa tengo mis moldes y me organizo para ir creando las piezas poco a poco”, explica. Este enfoque no solo refuerza el valor de lo hecho a mano, sino que también demuestra que no se necesitan grandes inversiones para poner en marcha un proyecto con impacto.
El emprendimiento de Marcela no se limita a la producción y venta de objetos reciclados. Su proyecto está atravesado por una dimensión educativa y de conciencia ambiental que ha encontrado eco en plataformas como TikTok. A través de sus redes sociales, no solo promociona sus productos, sino que también enseña a reutilizar materiales cotidianos como sachets de leche, latas o envoltorios de snacks. Con creatividad y lenguaje accesible, muestra cómo pequeños cambios pueden tener grandes efectos.
“Todos deberíamos buscar maneras de reducir la cantidad de residuos que generamos en casa”, señala. Su mensaje, además de práctico, es profundamente político: cuestiona la lógica del descarte que domina nuestra cultura y propone alternativas posibles desde lo doméstico. Además, remarca cómo esos residuos muchas veces terminan contaminando espacios públicos como la costanera, y llama a la responsabilidad compartida en el cuidado de los entornos urbanos.
El reciclaje como acto de resistencia y empoderamiento
Marcela Rivas es una mujer trabajadora que encontró en el reciclaje no solo una forma de mejorar su economía, sino también un espacio de expresión, resiliencia y liderazgo. En un contexto donde el desempleo, la precarización y el abandono estatal afectan a gran parte de la población, su iniciativa demuestra que el ingenio, la solidaridad y la conciencia ecológica pueden abrir caminos alternativos y sostenibles.
Este tipo de emprendimientos también representan una forma de resistencia frente a la cultura del “usar y tirar”. Mientras el sistema económico dominante incentiva el consumo masivo y el reemplazo constante, “Nueva Vida” propone el alargamiento del ciclo de vida de los materiales y la transformación de lo descartado en algo valioso.
Si bien el camino emprendedor está lleno de desafíos, Marcela ha logrado consolidar una propuesta que no solo le genera ingresos, sino que también tiene un impacto positivo en su comunidad. El reciclaje creativo es una tendencia que crece en todo el mundo, y que ofrece oportunidades reales de desarrollo local, empleo y educación ambiental. Sin embargo, aún falta mayor apoyo institucional, financiamiento, capacitaciones y políticas públicas que potencien este tipo de iniciativas.
Proyectos como el de Marcela muestran que es posible generar valor a partir de los residuos, si se cuenta con compromiso, creatividad y canales de difusión adecuados. Además, fomentan el consumo responsable y estimulan la economía circular, una de las claves para enfrentar la crisis ambiental global.
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El caso de Marcela Rivas no es solo una historia de superación personal y creatividad. Es también una invitación a repensar nuestras prácticas cotidianas y a encontrar soluciones sostenibles desde lo local. Su proyecto “Nueva Vida” combina arte, economía y ecología, y propone una forma concreta de contribuir al bienestar colectivo a través de pequeños gestos con gran impacto.
En un mundo que necesita urgentemente alternativas al modelo lineal de consumo, el trabajo de esta emprendedora de Viedma nos recuerda que reciclar no es solo una acción individual: es también una decisión política, una herramienta educativa y un acto de esperanza.


