El costo de mantener mascotas se convierte en reto financiero en EEUU
En Estados Unidos, tener una mascota siempre ha sido considerado parte del llamado “sueño americano”. Perros y gatos no solo son compañeros de vida, sino miembros integrales de millones de hogares. Sin embargo, un fenómeno reciente está alterando esa percepción: el costo creciente de mantener a una mascota se ha transformado en un verdadero desafío financiero para muchas familias.
El aumento del precio de los alimentos, la atención veterinaria y los productos asociados al bienestar animal ha llevado a que algunos dueños enfrenten deudas superiores a los 2,000 dólares. Ante este panorama, estudios recientes revelan que hasta un 25% de los propietarios teme no poder seguir cuidando de sus animales, y que tres de cada cuatro piensan que la mascota que tienen actualmente será la última que adopten debido al peso económico que representa.
UN MERCADO PET-FRIENDLY EN CRISIS DE COSTOS
De acuerdo con datos de la Asociación Americana de Productos para Mascotas, unos 94 millones de hogares en Estados Unidos conviven con al menos un animal. Este número refleja la importancia que tienen los animales de compañía dentro de la cultura estadounidense. Sin embargo, los altos costos están modificando la forma en que los ciudadanos planifican el futuro de sus familias, incluyendo la posibilidad de tener o no mascotas.
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Estudios elaborados por MetLife Pet Insurance muestran que uno de cada cinco dueños acumula deudas de aproximadamente 2,000 dólares derivadas de los gastos de sus mascotas. Además, uno de cada siete entrevistados reconoció que se le dificulta cubrir sus propias necesidades básicas debido al dinero destinado al cuidado de sus animales.
El panorama se agrava si se analizan los costos a largo plazo: un informe de PetSmart Charities en conjunto con Gallup estimó que mantener un perro durante toda su vida puede implicar un gasto cercano a los 35,000 dólares, mientras que en el caso de un gato el monto se aproxima a los 32,000 dólares. Estos cálculos incluyen comida, consultas veterinarias, medicamentos, productos de higiene y otros gastos generales.
LA INFLACIÓN Y LA FALTA DE VETERINARIOS COMO FACTORES CLAVE
La inflación sostenida en los últimos años en Estados Unidos ha impactado de manera directa en la canasta básica de alimentos y servicios, y el sector pet no ha sido la excepción. El encarecimiento de materias primas y de la logística ha elevado el precio de croquetas, arena para gatos, suplementos y hasta juguetes.
Por otra parte, la falta de profesionales veterinarios disponibles se ha convertido en un problema estructural. Según la Dra. Rebecca Greenstein, asesora médica veterinaria de Rover, muchos especialistas han abandonado el sector, lo que redujo la oferta y provocó que los precios de las consultas aumentaran de manera significativa. La escasez de personal médico en clínicas y hospitales veterinarios no solo eleva los costos, sino que también genera tiempos de espera más largos, afectando la calidad del servicio y la capacidad de respuesta ante emergencias.
EL SEGURO PARA MASCOTAS: UNA OPCIÓN EN CRECIMIENTO
En este escenario, el seguro para mascotas surge como una alternativa cada vez más valorada. Si bien todavía no es una práctica generalizada en Estados Unidos, aseguradoras y plataformas especializadas destacan que se trata de una herramienta clave para evitar que los dueños tengan que elegir entre el bienestar de su animal y sus finanzas personales.
Greenstein subrayó que “el seguro para mascotas es una parte crucial de tener una mascota hoy en día”, ya que permite afrontar imprevistos médicos con mayor tranquilidad. Sin embargo, la suscripción a estos planes aún es baja en comparación con otros países desarrollados, debido tanto a la falta de información como al costo adicional que implica.
ENTRE EL AMOR Y LA REALIDAD ECONÓMICA
El vínculo emocional entre las personas y sus mascotas es indiscutible. Numerosos estudios confirman que los animales reducen el estrés, mejoran la salud mental y aportan compañía, factores especialmente valorados en una sociedad donde la soledad y la desconexión social son cada vez más comunes.
No obstante, la realidad financiera está obligando a muchos estadounidenses a reconsiderar su capacidad de sostener este vínculo. Casos de familias que renuncian a tratamientos veterinarios costosos o que postergan chequeos médicos son cada vez más frecuentes. Incluso se reportan situaciones en las que los dueños deben entregar a sus mascotas a refugios porque no pueden asumir los gastos básicos.
El contraste es duro: mientras crece el reconocimiento de las mascotas como miembros de la familia, también aumenta la incapacidad de mantenerlas en condiciones óptimas debido al impacto económico.
El mercado de productos y servicios para mascotas, valorado en más de 140,000 millones de dólares en 2023 según la APPA (American Pet Products Association), enfrenta ahora la necesidad de reinventarse. Las empresas del sector exploran alternativas como presentaciones más económicas de alimento, planes de suscripción, clínicas veterinarias móviles de bajo costo y asociaciones con aseguradoras para ampliar el acceso al seguro.
Al mismo tiempo, el aumento de la digitalización ha impulsado la proliferación de aplicaciones y plataformas que ofrecen descuentos, recordatorios de citas médicas y comparadores de seguros, tratando de aliviar la carga financiera de los dueños.
Los datos más preocupantes provienen de encuestas recientes: un 75% de los dueños de mascotas afirma que su animal actual probablemente será el último, lo que proyecta una disminución futura en la tenencia de mascotas si las condiciones económicas no mejoran.
Esto no solo tendría un impacto emocional en los hogares, sino también económico en toda una industria que emplea a miles de personas y genera millones en ingresos anuales.
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Por ahora, la clave parece estar en encontrar un equilibrio entre la pasión que despiertan las mascotas y la realidad económica de los hogares estadounidenses. El reto será para los gobiernos, empresas y profesionales del sector, que deberán trabajar en soluciones accesibles y sostenibles.
El cuidado de las mascotas en Estados Unidos ha dejado de ser un gasto secundario y se ha convertido en una decisión financiera de alto impacto. La inflación, la escasez de veterinarios y el elevado costo de los servicios han generado un escenario en el que mantener un perro o un gato representa un compromiso económico que no todos pueden asumir.
Sin embargo, la importancia emocional y social de las mascotas sigue siendo incuestionable. Los animales aportan compañía, amor y estabilidad emocional, beneficios que son difíciles de cuantificar en términos económicos. Por eso, más allá de las cifras, el desafío para la sociedad estadounidense será encontrar formas de garantizar que ningún hogar tenga que elegir entre sus finanzas y el bienestar de sus animales de compañía.

