Cada vez más ecuatorianos invierten en el bienestar de sus mascotas
En Ecuador, el vínculo entre humanos y animales de compañía ha evolucionado hasta convertirse en un fenómeno social y económico de notable impacto. Las mascotas ya no son vistas únicamente como guardianes o entretenimiento, sino como miembros esenciales del núcleo familiar. Esta transformación ha llevado a un incremento sostenido en la inversión de los hogares en alimentación, atención médica, estética, y hasta servicios funerarios especializados.
De acuerdo con el Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), aproximadamente 4,1 millones de hogares cuentan con al menos una mascota, y más de dos millones de niños conviven con perros o gatos. Esta convivencia no es superficial: se refleja en decisiones económicas concretas, como la asignación mensual de presupuestos dedicados exclusivamente a sus cuidados.
Vea también: Supermercados para mascotas ganan terreno con espacios seguros y completos
El fenómeno no es aislado ni reciente. Según veterinarios y expertos del sector, este patrón de consumo viene consolidándose desde la década de 2010, y todo indica que su crecimiento continuará en los próximos años.
DE «PERRHIJOS» A «GATHIJOS»: UNA NUEVA PRIORIDAD FAMILIAR
Una de las explicaciones más citadas por los expertos es el cambio en la estructura familiar. “Hoy muchas personas optan por no tener hijos y prefieren criar a sus mascotas como si fueran sus propios hijos”, explica Iván Pérez, presidente del Colegio de Médicos Veterinarios de Pichincha. Esta tendencia ha hecho surgir términos como perrhijo o gathijo, que reflejan el nivel de afecto y compromiso emocional que las personas tienen con sus animales.
En este contexto, es común que los hogares calculen gastos mensuales para cubrir alimentación, controles médicos, vacunas, juguetes, golosinas, estética y otros servicios. Esto configura un mercado en constante expansión que, solo en servicios veterinarios, movió más de USD 30 millones en 2023, según datos del INEC. Este crecimiento se tradujo en 1.491 empleos directos en el país, concentrados principalmente en clínicas, hospitales veterinarios, consultorios, y servicios a domicilio.
El caso de Isabel Heredia, quien cuida a una perra mestiza llamada Caramelo, es representativo de esta nueva cultura. Caramelo, de 14 años, presentó sangrado en las encías, lo que motivó a Heredia a buscar atención médica urgente. En una primera visita, gastó USD 100 entre consulta y medicación. Posteriormente, accedió a un tratamiento especializado para animales adultos mayores, lo que incluyó ecografías, exámenes y una profilaxis dental con extracción de muela, con un costo total cercano a USD 350.
Heredia convive con seis perros y reconoce que los gastos mensuales en comida rondan los USD 130, mientras que una consulta veterinaria puede costar hasta USD 210. Además, gasta alrededor de USD 300 anuales en vacunas y desparasitación. “Es un esfuerzo económico, pero para nosotros son parte de la familia”, afirma.
En una línea similar, Carolina Pical, quien tuvo hasta cuatro perros, señala que sus gastos anuales en alimentos y cuidados médicos superaban los USD 2.000, incluyendo vitaminas y tratamientos específicos. “Solo en vacunas y desparasitación, gastábamos entre USD 400 y 500 al año”, cuenta.
El crecimiento del mercado no se limita a la atención veterinaria. Según el INEC, en 2023 se registraron 608 empresas dedicadas a servicios como residencias para mascotas, peluquerías, paseos y entrenamiento, con un volumen de facturación de USD 2,4 millones y 290 empleos directos.
Entre estos servicios, la estética y peluquería animal también se han posicionado con fuerza. Pical, por ejemplo, pagaba USD 60 cada tres meses por el corte de pelo de su viejo pastor inglés. Además, el segmento de servicios post mortem está en ascenso, reflejando el deseo de muchos dueños de rendir homenaje a sus animales al final de su vida.
Un ejemplo de esto es Yessica García, quien gastó USD 200 en la cremación de su perro, fallecido por cáncer. Eligió conservar sus cenizas en una urna de madera, ofrecida por la empresa funeraria, como forma de mantener su recuerdo presente. “Me gustaría que hubiera cementerios de mascotas en Ecuador. Sería una forma digna de despedirse de ellos”, expresa.
Este fenómeno tiene un fuerte componente cultural, pero también representa una oportunidad de negocio. Desde tiendas de alimentos especializados hasta clínicas veterinarias con servicios de alta gama, pasando por spas, residencias temporales, escuelas de entrenamiento y plataformas digitales para el cuidado de mascotas, el ecosistema económico en torno a los animales de compañía se ha diversificado significativamente.
Además, el mercado está siendo impulsado por parejas jóvenes sin hijos, adultos mayores en búsqueda de compañía y familias pequeñas que eligen mascotas como compañeros de vida. Esto ha generado también una profesionalización del sector: cada vez más veterinarios se especializan en áreas como geriatría animal, odontología veterinaria, etología (comportamiento animal) y nutrición.
A pesar del auge, este sector también enfrenta desafíos. La tenencia responsable aún no es una práctica generalizada en todo el país, y existe un número significativo de animales abandonados. Las campañas de esterilización y adopción todavía requieren mayor impulso institucional y cultural.
También se necesitan normativas más claras y actualizadas sobre bienestar animal, así como incentivos para fomentar la formalización de negocios emergentes en esta industria.
El crecimiento del sector también exige una mejor formación técnica para profesionales que trabajan en el ámbito del cuidado animal. Las universidades ecuatorianas han comenzado a responder con nuevas ofertas académicas, pero aún hay espacio para más innovación, investigación y desarrollo.
Vea también: Alimentar a los perrihijos y gathijos cuesta más de lo que imaginas
El cuidado de las mascotas en Ecuador ya no es un tema marginal ni exclusivo de ciertos estratos sociales. Se ha convertido en una expresión transversal del afecto humano, en una industria millonaria y en una oportunidad de desarrollo económico.
Los datos, las historias personales y la evolución de los servicios confirman que este fenómeno está lejos de ser una moda pasajera. Las mascotas, más que nunca, ocupan un lugar central en la vida cotidiana de millones de ecuatorianos, y su bienestar ha dejado de ser un lujo para convertirse en una prioridad emocional y financiera.

