Uruguay enfrenta bajo crecimiento económico con más empleo pero menor ingreso
El panorama económico de Uruguay a mediados de 2025 refleja una situación compleja y, en algunos aspectos, contradictoria. El país atraviesa un período de bajo crecimiento económico, pero al mismo tiempo se registra una mejora en los indicadores de empleo. Esta paradoja se ve acompañada de un retroceso en el poder adquisitivo de los hogares, lo que genera tensiones sociales y desafíos para la política económica en curso.
Los primeros meses del gobierno de Yamandú Orsi, correspondiente al cuarto mandato del Frente Amplio, muestran que el mercado laboral presenta avances significativos. Según datos de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), en julio había 16.000 personas más con empleo que en febrero de este año, y la cantidad de personas desempleadas se redujo en 21.000. Sin embargo, estos avances en materia laboral no han venido acompañados de una mejora en el ingreso real de la población: el poder adquisitivo de los hogares cayó un -2,5% en comparación con el primer trimestre, y el salario real promedio de julio fue -0,1% inferior al de febrero.
Crecimiento económico débil y señales de desaceleración
El Banco Central del Uruguay (BCU) informó que el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) creció apenas un 1,8% interanual en el segundo trimestre de 2025. Este dato anticipa un desempeño modesto del Producto Interno Bruto (PIB) en el primer semestre del año. La industria manufacturera mostró un crecimiento similar, del 1,6%, aunque con un consumo de los hogares en retroceso y exportaciones que cayeron un -2,1%.
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Este comportamiento refleja que, si bien algunos sectores mantienen dinamismo, el motor de la demanda interna y externa se encuentra debilitado. El estancamiento del consumo de los hogares es particularmente preocupante, dado que representa un componente clave para el crecimiento sostenible de la economía uruguaya.
El mercado laboral: empleo formal en ascenso
Uno de los aspectos más destacados del período es el aumento del empleo formal. A diferencia de lo ocurrido durante gran parte del gobierno anterior, cuando el 56% de los nuevos puestos creados fueron de baja calidad —empleos informales o subocupados—, en la primera etapa de la administración Orsi el crecimiento laboral se concentró en empleos registrados y sin restricciones.
Este cambio representa un factor positivo en términos de inclusión social y estabilidad para los trabajadores, ya que los empleos formales ofrecen mayores garantías de seguridad social y mejores perspectivas salariales. Sin embargo, este avance aún no logra compensar la caída en los ingresos reales, que afectan directamente la capacidad de consumo de las familias.
Brechas de género y empleo juvenil
El análisis del empleo por sexo muestra un giro llamativo. Entre agosto de 2022 y febrero de 2025, el 60% de los nuevos empleos benefició a hombres. Sin embargo, entre febrero y julio de este año, el 70% de los nuevos puestos fue ocupado por mujeres. Este cambio es relevante para reducir brechas históricas, aunque persisten desafíos relacionados con la desigualdad salarial: en promedio, las mujeres continúan percibiendo ingresos más bajos que los hombres, aun cuando realizan las mismas tareas.
En cuanto a los jóvenes menores de 25 años, la situación sigue siendo preocupante. El nivel de empleo para este grupo etario descendió del 40% en 2012 al 32% en la actualidad, lo que evidencia una dificultad estructural para su inserción en el mercado laboral. Este fenómeno se explica, en parte, por la precarización de los primeros empleos y la falta de oportunidades estables, lo que puede derivar en desmotivación y exclusión social.
Sectores económicos con luces y sombras
El empleo creció principalmente en sectores de servicios como comercio, información y comunicación, administración pública y enseñanza, además de la agropecuaria. Sin embargo, las ramas de actividad con mejores remuneraciones, como la industria manufacturera, la construcción y los servicios de electricidad, gas y agua, registraron pérdidas de puestos de trabajo.
Este contraste evidencia que, aunque el número de empleos aumenta, la calidad de los mismos no necesariamente compensa la pérdida en sectores estratégicos que ofrecen mejores salarios y beneficios. A largo plazo, esto puede afectar la estructura productiva del país y ampliar la brecha en la distribución de ingresos.
Desigualdad territorial en los ingresos
La caída en los ingresos familiares no ha sido homogénea. Según los datos del INE, durante el segundo trimestre de 2025 la baja fue de -2,2% en términos interanuales. Sin embargo, la reducción fue más marcada en el interior del país, con un -4,5%, frente a apenas -0,3% en Montevideo.
Particularmente en las zonas urbanas del interior, donde habitan más de 5.000 personas, la disminución del ingreso llegó al -5,4%. Estas diferencias geográficas muestran que la vulnerabilidad económica golpea con más fuerza a las localidades alejadas de la capital, donde las oportunidades laborales y los servicios suelen ser más limitados.
El retroceso del salario real y la negociación colectiva
El salario real cayó -0,4% en el segundo trimestre de 2025, con un impacto más fuerte en los funcionarios públicos. En el Gobierno Central la reducción fue de -1,1%, mientras que en las empresas públicas alcanzó el -0,4%. En contraste, los empleados de gobiernos departamentales vieron un aumento del 1,1%.
En el sector privado, la situación no es mejor: la pérdida promedio fue de -0,4%, con excepción de la construcción y la enseñanza, que mostraron cierta recuperación. El resto de los sectores exhibe caídas cercanas al 1%.
Este escenario marca un inicio complejo para la 11ª Ronda de Consejos de Salarios, que se desarrolla en paralelo al debate presupuestal. El desafío del gobierno será encontrar un equilibrio entre la sostenibilidad fiscal y la necesidad de recomponer los ingresos de los trabajadores para dinamizar el consumo interno.
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Uruguay enfrenta una coyuntura de claroscuros: por un lado, logra reducir el desempleo y aumentar el empleo formal, lo que constituye un avance importante en términos sociales. Por otro, la debilidad del crecimiento económico y la caída del poder adquisitivo limitan los beneficios de estas mejoras laborales.
El gobierno de Orsi tiene por delante el reto de consolidar estas señales positivas en el empleo, mientras se buscan mecanismos para impulsar la actividad económica y mejorar la distribución del ingreso. La ronda de salarios y las decisiones presupuestales de los próximos meses serán claves para definir si el país logra encaminarse hacia un crecimiento más inclusivo y sostenible.

