Preocupación creciente por la presión fiscal y el consumo en baja en Entre Ríos
El impacto del aumento del Impuesto Inmobiliario Provincial, sumado a la fuerte caída del consumo, genera preocupación entre los comerciantes de Concepción del Uruguay. La situación plantea serios desafíos para la sostenibilidad del comercio local.
Una fuerte alarma se encendió en el Centro Comercial, Industrial y de la Producción de Concepción del Uruguay (Cecom) tras conocerse el incremento proyectado del Impuesto Inmobiliario Provincial para 2025. La suba, que en algunos casos específicos llegaría hasta un 265%, ha sido recibida con gran preocupación por parte de los pequeños y medianos comerciantes locales. La entidad emitió un comunicado donde alerta sobre las “condiciones de desaliento” que esta combinación de factores está generando para la actividad económica regional.
Comerciantes al límite: subas impositivas desproporcionadas
Según lo expresado por el Cecom, numerosos socios han reportado aumentos significativos en el tributo inmobiliario, con incrementos que, en ciertos casos, más que triplican el monto que venían pagando. Este panorama genera un problema estructural para las empresas de menor porte, que ya enfrentan dificultades por la baja en el consumo y el encarecimiento general de sus costos operativos.
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“Más allá de lo oneroso que resulta para los pequeños y medianos comerciantes hacer frente a estos compromisos fiscales, esta situación compromete aún más el nivel de consumo de la población, erosionando el poder de compra”, señaló la entidad en su mensaje.
En efecto, en un contexto donde los consumidores ya están ajustando su gasto por la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y la incertidumbre económica, un mayor peso impositivo podría desencadenar un círculo vicioso: menos consumo, menor rentabilidad para los negocios y, por ende, menos ingresos para el propio Estado.
una caída que no se detiene: el consumo en retroceso
La preocupación del Cecom no se reduce únicamente a los impuestos. Desde comienzos del año, la entidad ha observado una tendencia preocupante: una caída sostenida en el consumo, tanto en bienes como en servicios. Esta reducción en el volumen de ventas ha sido un golpe directo a los comercios de barrio, almacenes, ferreterías y tiendas de ropa, que dependen en gran medida de la circulación cotidiana de personas y de un flujo constante de ventas pequeñas.
La suma de factores como la inflación, la retracción del salario real, el aumento de tarifas y ahora este impuestazo, están generando lo que el Cecom define como “condiciones de desaliento y preocupación”. La situación afecta no solo a los comerciantes, sino también a la comunidad en general, que ve disminuidas sus posibilidades de acceso a productos y servicios básicos.
el peso de las tarifas y la presión tributaria
Uno de los elementos que más incide en la rentabilidad de las pequeñas empresas es el aumento de las tarifas de servicios públicos. La electricidad, el gas y el agua se han encarecido notablemente en los últimos meses, afectando directamente la estructura de costos de los locales comerciales. A esto se suma una presión fiscal que no da tregua, con tributos municipales, provinciales y nacionales que deben cumplirse sin excepción, aun cuando los ingresos están en baja.
Para muchos comerciantes, esta combinación de factores hace inviable la continuidad de sus negocios. Algunos han optado por reducir horarios, despedir empleados o directamente cerrar sus puertas, dejando un vacío en el entramado comercial urbano y afectando el tejido social y económico de Concepción del Uruguay.
una economía regional bajo amenaza
Lo que ocurre en esta ciudad entrerriana no es un caso aislado. En muchas localidades del interior del país, la economía regional atraviesa un momento crítico, con dificultades para mantener el empleo, sostener las inversiones y promover el consumo interno.
Los centros comerciales y empresariales de otras ciudades ya han comenzado a expresar preocupaciones similares. Las cámaras de comercio reclaman una mayor sensibilidad del Estado provincial a la hora de definir políticas tributarias que afectan directamente a quienes sostienen el aparato productivo y comercial de las regiones.
En ese sentido, el Cecom hace un llamado al diálogo y a la revisión de las medidas fiscales, proponiendo alternativas que permitan una recaudación justa pero sostenible, y que no atenten contra la supervivencia de miles de pequeños comercios que, a diario, luchan por mantenerse a flote.
propuestas para un futuro más equitativo
Desde el sector comercial se sugieren distintas líneas de acción para revertir esta tendencia preocupante. Algunas de ellas incluyen:
Segmentación impositiva, para que los pequeños comerciantes no enfrenten el mismo peso fiscal que grandes empresas.
Facilidades de pago, con planes que contemplen la situación económica actual.
Incentivos para el consumo, como programas de descuentos, tarjetas sociales o bonificaciones por parte del Estado.
Alianzas público-privadas, que ayuden a sostener el empleo y la actividad económica en las zonas más vulnerables.
El objetivo es construir un modelo fiscal y económico que incentive la producción y el comercio, y no lo castigue. Esto requiere no solo decisión política, sino también una visión de largo plazo que permita alinear los intereses del Estado con los del sector privado.
la mirada de los consumidores
Desde el lado de los consumidores, también se percibe un fuerte deterioro del poder adquisitivo. Las familias han tenido que recortar gastos, reemplazar productos de calidad por opciones más económicas y priorizar necesidades básicas por sobre el consumo general. Esta conducta, si bien comprensible en tiempos difíciles, tiene un efecto directo en la economía local, que depende de ese flujo constante de compras para mantenerse viva.
El pequeño comercio se alimenta del día a día, y sin circulación de dinero, no hay ventas. Y sin ventas, no hay recaudación ni generación de empleo.
El contexto exige respuestas urgentes, pero también acciones coordinadas entre los diferentes niveles del Estado y el sector privado. Si bien la necesidad de aumentar la recaudación es legítima en tiempos de crisis, debe hacerse con criterios de equidad y sostenibilidad.
Los empresarios no están pidiendo subsidios ni privilegios, sino condiciones razonables para operar y generar valor. La reactivación del consumo y la protección del comercio local deberían ser ejes fundamentales en la estrategia de desarrollo económico regional.
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La situación en Concepción del Uruguay revela una realidad que se extiende más allá de sus límites geográficos: la necesidad de revisar con urgencia el peso que las políticas fiscales ejercen sobre el comercio minorista en un momento donde la economía ya está golpeada por múltiples factores. Sin un cambio de rumbo, las “condiciones de desaliento” podrían transformarse en una crisis aún mayor.

