La riqueza y competitividad de Australia, Chile, Nueva Zelanda y Uruguay
La explotación de productos primarios ha sido históricamente una fuente crucial de riqueza para muchos países. Sin embargo, esta riqueza no se consigue de manera automática; requiere ser competitivo, y la competitividad, a su vez, demanda la implementación de la mejor tecnología disponible en cualquier sector. Este artículo explorará cómo cuatro países —Australia, Chile, Nueva Zelanda y Uruguay— han logrado prosperar mediante la explotación de sus recursos naturales, y qué lecciones se pueden extraer de sus experiencias.
Un aspecto geográfico interesante une a estos cuatro países: las capitales de Australia y Chile están ubicadas cerca de la línea del trópico de Capricornio, mientras que los territorios de Nueva Zelanda y Uruguay están por debajo de esta línea imaginaria. Más allá de esta curiosidad, estos países comparten otra característica más relevante: todos ellos han logrado destacarse en términos de ingreso per cápita en sus respectivas regiones.
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Según el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, Australia se ubica en el “top 10” y Nueva Zelanda en el “top 25” del ranking mundial de ingreso per cápita. En América Latina, Uruguay y Chile se llevan las medallas de oro y plata, respectivamente, en cuanto a ingreso per cápita.
La pregunta clave es: ¿qué subsectores comprenden la estructura exportadora de estos países? Veamos las exportaciones de Australia y Chile según datos del Atlas de Complejidad Económica de la Universidad de Harvard para 2023.
Australia se destaca por exportar en su mayoría productos del sector primario. Entre el mineral de hierro, las briquetas de carbón, el petróleo crudo o refinado y el gas, Australia acumula el 55% de sus exportaciones. A esto se suman oro y minerales metálicos y no metálicos, refinados o no, que agregan otro 24%. El 15% restante corresponde a productos agrícolas y pecuarios, como carne, lana, algodón, vinos, trigo y cebada. En resumen, un 94% de sus exportaciones proviene de sectores primarios, con diversos niveles de procesamiento industrial.
Chile, por su parte, sigue un patrón similar. Sus principales exportaciones incluyen mineral de cobre (29%), cobre refinado y aleaciones (24%), y otros minerales metálicos y no metálicos concentrados o no (11%). En cuanto a productos agrícolas y pecuarios, Chile exporta filetes de pescado, duraznos, cerezas, uvas, manzanas, peras, nueces, pulpa de papel y carne de cerdo, lo que constituye un 27% de sus exportaciones. En total, un 91% de sus exportaciones proviene de sectores primarios.
La explotación de productos primarios es, sin duda, una fuente significativa de riqueza. Sin embargo, para que esta riqueza sea sostenible, es imprescindible ser competitivo en el mercado global. Y la competitividad no se logra sin la mejor tecnología disponible.
Australia y Chile han sabido capitalizar sus recursos naturales mediante la adopción de tecnologías avanzadas en cada eslabón de la cadena productiva. En Australia, por ejemplo, el puerto con cargue directo a los buques permite un manejo ambiental que se anticipa a la legislación. El primer ferrocarril de trocha ancha del país, los camiones con motores eléctricos en cada eje y las aplicaciones de asignación de camiones a palas y botaderos en línea son ejemplos de cómo la tecnología juega un papel crucial en mantener la competitividad.
Chile no se queda atrás. El país ha adoptado tecnologías avanzadas en la minería y la agricultura, lo que le ha permitido mantenerse como un líder global en la exportación de cobre y productos agrícolas. La competitividad de Chile se sustenta en la eficiencia de sus procesos productivos y en la calidad de sus productos, que son reconocidos a nivel mundial.
La Lección para Uruguay y Nueva Zelanda
Uruguay y Nueva Zelanda, aunque con estructuras económicas diferentes, también han aprendido la importancia de la tecnología y la competitividad. Uruguay ha desarrollado una sólida base agrícola y ganadera, destacándose en la exportación de carne, lácteos y soja. Su éxito radica en la calidad de sus productos y en la implementación de tecnologías que mejoran la eficiencia en la producción.
Nueva Zelanda, por su parte, es reconocida por su fuerte sector agrícola y forestal. Al igual que Uruguay, ha adoptado tecnologías que le permiten mantener su competitividad en el mercado global. Además, Nueva Zelanda ha diversificado su economía, desarrollando un sector tecnológico en crecimiento que complementa su base agrícola.
La experiencia de Australia, Chile, Nueva Zelanda y Uruguay ofrece lecciones valiosas para otros países que dependen de la explotación de productos primarios. La clave del éxito radica en ser competitivos, y la competitividad, en la adopción de tecnología avanzada en cada sector.
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Estos países han demostrado que es posible alcanzar altos niveles de desarrollo económico a través de la explotación de recursos naturales, siempre y cuando se acompañe de innovación tecnológica y buenas prácticas. El desafío para el futuro es continuar avanzando en este camino, asegurando que la riqueza generada sea sostenible y que beneficie a toda la sociedad.
