La hora silenciosa en comercios podría transformar la inclusión en Uruguay
Una nueva propuesta legislativa presentada en Montevideo podría marcar un punto de inflexión en la manera en que los espacios comerciales del país abordan la accesibilidad para personas con condiciones vinculadas al neurodesarrollo. Se trata de la posible implementación obligatoria de una denominada “hora silenciosa” en centros comerciales, supermercados e hipermercados, una iniciativa que apunta a reducir estímulos sensoriales como el ruido y la iluminación durante determinados momentos del día.
La medida surge como respuesta a una problemática que, si bien ha sido históricamente invisibilizada, afecta a una proporción significativa de la población: la dificultad que experimentan muchas personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), estrés postraumático u otras condiciones sensoriales al enfrentarse a entornos comerciales altamente estimulantes. En estos espacios, la combinación de luces intensas, música ambiental, anuncios por altoparlantes y pantallas digitales puede generar desde incomodidad hasta episodios de ansiedad severa, dificultando la realización de actividades cotidianas como hacer compras.
En este contexto, el proyecto plantea la creación de franjas horarias específicas en las que los comercios reduzcan deliberadamente los estímulos auditivos y visuales presentes en sus instalaciones. Esto podría implicar la disminución de la intensidad lumínica, la suspensión de música ambiental, la reducción de anuncios por megafonía y el apagado de pantallas publicitarias, entre otras adaptaciones.
Una adaptación que ya existe de forma voluntaria
Aunque la propuesta busca institucionalizar esta práctica, lo cierto es que algunas superficies comerciales ya han comenzado a aplicar iniciativas similares de manera voluntaria. En ciertos establecimientos de la capital uruguaya se han implementado jornadas puntuales en las que se atenúan luces, se elimina la música de fondo y se desactivan estímulos visuales con el objetivo de generar un entorno más accesible para personas con hipersensibilidad sensorial.
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Estas experiencias piloto han demostrado que la reducción de estímulos no solo facilita el acceso de personas con TEA, sino que también mejora la experiencia de compra para adultos mayores, niños pequeños y personas con trastornos de ansiedad. En este sentido, la hora silenciosa se presenta no como una restricción del servicio, sino como una ampliación de las condiciones de uso efectivo del espacio urbano para colectivos que actualmente enfrentan barreras invisibles en su vida diaria.
Alcance de la medida y frecuencia de aplicación
De aprobarse el proyecto tal como fue presentado, los centros comerciales estarían obligados a implementar esta modalidad al menos dos veces por mes, durante un mínimo de cuatro horas continuas por jornada. En el caso de supermercados e hipermercados, la frecuencia sería semanal, con sesiones de al menos dos horas destinadas a garantizar un entorno sensorialmente adaptado.
Asimismo, la normativa también contempla su aplicación en espacios públicos cerrados o semicerrados, siempre que las características del lugar lo permitan. No obstante, se prevén excepciones para recintos donde la naturaleza de la actividad haga inviable la reducción de estímulos, como estadios deportivos, discotecas o salas de conciertos.
La reglamentación de esta medida quedaría bajo la órbita de la administración departamental, que tendría la responsabilidad de elaborar un protocolo específico para su implementación, supervisión y cumplimiento en los distintos espacios involucrados.
Inclusión como eje del desarrollo urbano
Más allá de su impacto inmediato en el ámbito comercial, la iniciativa abre un debate más amplio sobre el diseño de las ciudades y la necesidad de construir entornos verdaderamente inclusivos. En un contexto donde la accesibilidad suele asociarse exclusivamente a la movilidad física, la hora silenciosa introduce una nueva dimensión vinculada a la accesibilidad sensorial, un aspecto clave para garantizar la participación plena de todas las personas en la vida social y económica.
La propuesta también se alinea con tendencias internacionales que promueven la adaptación de servicios públicos y privados a las necesidades de personas neurodivergentes. En países como Reino Unido, Australia y Canadá, iniciativas similares han sido adoptadas por grandes cadenas de supermercados con resultados positivos tanto en términos de inclusión social como de fidelización de clientes.
Desde una perspectiva empresarial, la implementación de estas franjas horarias podría incluso representar una oportunidad estratégica para el sector retail, al permitir la captación de nuevos segmentos de consumidores que hasta ahora evitaban estos espacios debido a las condiciones sensoriales adversas.
Impacto potencial en el comercio minorista
En caso de ser aprobada, la medida implicaría ajustes operativos por parte de los comercios, aunque estos no necesariamente conllevarían grandes inversiones. La mayoría de las adaptaciones propuestas —como la reducción de volumen en sistemas de sonido o el control de iluminación— pueden ser gestionadas mediante configuraciones ya disponibles en las infraestructuras actuales.
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De este modo, la hora silenciosa se posiciona como una solución de bajo costo y alto impacto, capaz de mejorar la accesibilidad sin alterar significativamente el funcionamiento general de los servicios ni restringir el acceso del resto de la población.
La discusión en torno a esta iniciativa refleja un cambio de paradigma en la concepción de los espacios comerciales, que comienzan a ser entendidos no solo como lugares de consumo, sino también como entornos de convivencia que deben adaptarse a la diversidad de necesidades presentes en la sociedad contemporánea.
Fuente: Infobae


