La economía uruguaya mantiene el crecimiento aunque con señales de desaceleración
La economía de Uruguay sigue mostrando signos de expansión, pero lo hace a un ritmo más pausado en comparación con los primeros meses del año. El Índice Líder de CERES (ILC), que mide la evolución anticipada de la actividad económica, registró en agosto un leve incremento de 0,1%, lo que marca el decimotercer mes consecutivo de crecimiento. Sin embargo, la tendencia refleja que los motores que impulsaron con fuerza a la economía a comienzos de 2025 pierden dinamismo en la segunda mitad del año.
El panorama, por tanto, es dual: por un lado, se confirma que el país mantiene una trayectoria positiva y que algunos sectores continúan en expansión; por otro, comienzan a observarse signos de enfriamiento que invitan a la cautela y obligan a preguntarse si la desaceleración será transitoria o marcará la pauta hacia fin de año.
FACTORES QUE IMPULSARON EL CRECIMIENTO INICIAL
El inicio del 2025 estuvo caracterizado por una serie de factores que favorecieron la actividad:
Turismo: la temporada de verano fue particularmente buena, con cifras cercanas a los récords previos a la pandemia. El flujo de visitantes argentinos y brasileños aportó dinamismo no solo al sector turístico, sino también al comercio, la gastronomía y los servicios vinculados.
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Refinería de ANCAP: la reapertura de la planta significó un impacto relevante en el sector industrial y energético, aumentando la producción y el movimiento económico.
Exportaciones de carne: la demanda externa, en especial desde China y Estados Unidos, fortaleció al agro y consolidó uno de los rubros más importantes para la balanza comercial uruguaya.
Estos elementos generaron un arranque de año robusto, pero en los meses posteriores comenzaron a perder intensidad, y no aparecieron nuevos motores capaces de sostener el mismo ritmo de crecimiento.
A pesar de la ralentización, las proyecciones para el conjunto del año siguen siendo positivas. El Banco Central del Uruguay (BCU) prevé un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2,5%, mientras que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) estima un 2,6%. Ambas cifras reflejan expectativas de expansión moderada, en línea con el desempeño de economías de tamaño similar en la región.
Esto significa que Uruguay mantendrá un nivel de crecimiento aceptable en comparación con otros países sudamericanos, aunque sin el dinamismo excepcional que caracterizó a ciertos trimestres pasados.
SECTORES CON MEJOR PERFORMANCE
En agosto, varios sectores medidos por el ILC mostraron avances significativos:
Agro: el precio del ganado gordo se mantuvo firme, registrando un aumento interanual del 26,5%. Esto generó ingresos importantes para los productores y sostuvo el buen momento del sector cárnico.
Exportaciones: crecieron un 3,5% respecto a 2024, con la soja y la carne bovina como principales protagonistas. La diversificación de mercados ayudó a mitigar los efectos de la volatilidad global.
Mercado laboral: el desempleo descendió al 6,9% en julio, con casi 27.000 personas menos sin trabajo en comparación con el año anterior. Además, la tasa de ocupación se ubicó entre las más altas de la última década, lo que muestra un mercado laboral relativamente estable.
Estos datos aportan un balance positivo, ya que reflejan que algunos de los sectores clave de la economía continúan con dinamismo, incluso en un contexto de menor impulso general.
INDICIOS DE ENFRIAMIENTO
Pese a los avances en ciertas áreas, otros indicadores sugieren que la economía uruguaya enfrenta una fase de menor energía:
Producción industrial: registró una leve caída en junio, aunque el núcleo manufacturero —que excluye la refinería y las zonas francas— mostró un desempeño más sólido.
Consumo interno: se mantiene en niveles aceptables, pero se observan retrocesos en sectores específicos. Las ventas en shoppings cayeron en junio respecto al mes anterior, lo que puede interpretarse como una señal de menor gasto de los hogares.
Transporte urbano: la venta de boletos en Montevideo disminuyó, otro dato que podría estar vinculado a cambios en los patrones de consumo y movilidad.
Si bien estos indicadores no implican necesariamente una contracción económica, sí sugieren que el impulso inicial pierde fuerza y que los consumidores muestran mayor cautela en sus gastos.
El desempeño de la economía uruguaya no puede analizarse de forma aislada. La región atraviesa un escenario de desafíos:
Argentina enfrenta ajustes macroeconómicos profundos, lo que reduce el poder de compra de sus ciudadanos y afecta indirectamente al turismo y al comercio fronterizo en Uruguay.
Brasil, aunque en crecimiento, mantiene volatilidad en sus tasas de interés y demanda externa, lo que impacta en la dinámica de exportaciones regionales.
A nivel global, la desaceleración del comercio y la incertidumbre en torno a la política monetaria de Estados Unidos generan un marco de cautela para las economías emergentes.
En este contexto, el hecho de que Uruguay mantenga crecimiento continuo, incluso moderado, se interpreta como un signo de resiliencia.
EL MERCADO LABORAL COMO FACTOR CLAVE
Uno de los aspectos más destacados del momento económico es la evolución del empleo. La baja del desempleo al 6,9% y la estabilidad en la tasa de ocupación son elementos que aportan confianza a los hogares y permiten sostener el consumo.
Si bien algunos sectores muestran contracción puntual, la generación de empleo en rubros como el agro y los servicios ha compensado estas caídas. El desafío, sin embargo, es mantener esta tendencia si la desaceleración se prolonga en los próximos meses.
¿DESACELERACIÓN PASAJERA O NUEVA TENDENCIA?
El interrogante central es si la actual ralentización es solo un bache temporal o si anticipa un cambio más profundo en la dinámica económica del país. Las cifras de los próximos trimestres serán determinantes.
Un repunte en la demanda externa, junto con políticas que fortalezcan el consumo y la inversión, podrían sostener el crecimiento. Pero si la caída en sectores como la industria y el comercio interno se acentúa, el crecimiento proyectado podría enfrentarse a revisiones a la baja.
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La economía uruguaya se encuentra en una etapa de crecimiento sostenido, pero con menos impulso que a comienzos del año. El agro, las exportaciones y el mercado laboral se mantienen como pilares, mientras que la industria y el consumo interno presentan señales de debilidad.
El desafío para los próximos meses será encontrar nuevos motores de crecimiento que compensen la pérdida de dinamismo inicial. En un contexto global incierto, Uruguay sigue destacándose por su estabilidad y capacidad de mantener una trayectoria positiva, aunque moderada.
El 2025, en consecuencia, se perfila como un año de crecimiento controlado y prudente, donde la clave estará en cómo el país logre equilibrar sectores en expansión con aquellos que muestran signos de enfriamiento.


